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Ricardo Varela
Editorial

La educación empieza por casa

Si bien siempre es periodísticamente tentador titular: “tres rubgiers  golpearon...”, creo que se trata de una simplificación. No ensuciamos, ni protegemos. Informamos. Que cada uno se haga cargo de sus actos.

La educación empieza por casa

El sábado pasado, tres hombres chocaron con su camioneta dos motos que estaban estacionadas de Las Toscas. Cuando un empleado de seguridad que vio la maniobra les pidió los documentos del auto, los hombres reaccionaron a los golpes. Le pegaron tanto que terminó internado en terapia intensiva con conmoción y derrame cerebral y una clavícula fracturada.

Los acusados fueron detenidos: Jorge Luis Avendaño (26), Tomás Alfonso Oliva (18), y un hermano menor (16 años) que quedó rápidamente en libertad.

Todo lo sucedido tomó dimensión de noticia a partir de que Jorge Luis Avendaño publicó en su cuenta de Instagram un mensaje en el que celebró la agresión: "Si no te peleaste con los de seguridad de las toscas y no terminaste en la comisaría no tuviste infancia". Avendaño tiene 26 años...

Dimos cuenta de esa noticia en nuestros medios electrónicos y en nuestros envíos diarios de televisión on line, y fuimos citados y replicados por casi todos los medios gráficos y televisivos nacionales, hecho que confirmó la relevancia de lo sucedido como noticia periodística.

Sin embargo, recibí una curiosa amenaza de una familiar directa de los protagonistas. Elijo no nombrarla, aunque luego de la pericia telefónica realizada, la justicia ya la tendría identificada: “Me parece que lo que estás haciendo con el tema de lo que pasó en Las Toscas es totalmente fuera de lugar, y le estás dando una relevancia acorde a la mediocridad”, empezó tranquila para luego levantar la voz progresivamente hasta llegar a los gritos: “...estás mintiendo, porque yo fui testigo de lo que pasó, y vos estás haciendo un falso testimonio. Por tu culpa y por tu periodismo barato estás ensuciando al club como institución y a menores... Vos sos un mediocre. Sos un pelotudo y un mediocre de mierda, y como sos un mentiroso te voy a hacer acciones legales porque estás haciendo falso testimonio... y te voy a escrachar en el diario ese del orto que tenés. Infeliz. Si vas a hacer periodismo, hacelo como corresponde. Yo ví todo, vos sos un mentiroso y hacés periodismo barato. Te voy a dar una sóla oportunidad: retráctate o te inicio acciones legales por falso testimonio, idiota... Periodista del orto. Estamos como estamos por vos y por todos los periodistas de mierda que quieren ganarse una moneda a costa de los demás, tarado...”. Luego de su monólogo, la señora cortó la (in)comunicación.

Los tres protagonistas de la golpiza son socios del Monte Grande Rugby Club, y dos de ellos son jugadores de las divisiones juveniles. Si bien siempre es periodísticamente tentador titular: “tres rubgiers  golpearon...”, creo que se trata de una simplificación que puede tapar lo sucedido: tres hombres chocaron dos motos estacionadas y luego golpearon a los dos empleados de la empresa de seguridad del shopping que les pidieron los datos del seguro del vehículo. ¿Es realmente importante que sean rugbiers? ¿Si fueran voleibolistas sería peor o menor delito? La justicia debiera juzgar los hechos, sin importarle filiaciones, ni asociaciones coyunturales, aunque entiendo la preocupación del MGRC. Alrededor del rugby creció una mística de compañerismo y camaradería que ante algunas actitudes individuales de algunos “hombres del rugby”, parece jugarle en contra. Pareciera que a eso se refería la señora que hacía catarsis de su problema familiar insultándome: “estás ensuciando al club como institución”. Nada más lejos de eso. Parece ocioso pero lo voy a dejar asentado: no creo que el Monte Grande Rugby Club tenga ninguna responsabilidad (como institución) por la irresponsabilidad y violencia de alguno de sus miembros. Sin embargo, el club emitió dos comunicados de prensa. En el primero señalaban que “...el Club no tiene opinión alguna de tinte institucional sobre acciones de sus socios fuera del ámbito deportivo, o fuera de la institución misma. De todas formas, en este tema privado, dejaremos que primero se expida la justicia y recién allí la Comisión Directiva del club tratará el tema y analizará la situación en detalle”. En el segundo repararon lo que hubiera sido más prudente y deseable de entrada: “el club repudia el hecho de violencia y adhiere a los votos para una pronta y total recuperación del trabajador lesionado”. Luego se remiten nuevamente a la justicia y dejan abierta la posibilidad de una “eventual sanción disciplinaria”.

Ahora resta esperar que la justicia haga su tarea.

Mientras tanto, nosotros seguiremos haciendo periodismo. No ensuciamos, ni protegemos. Informamos. Y a veces la información es incómoda, avergüenza o duele...

Para mis hijos quiero una sociedad justa, donde cada uno conozca sus derechos y obligaciones, pero también se haga cargo de sus actos.

Buena semana.

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