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Canning

Los hombres se animan cada vez más al baile

Mauro Ramells, coordinador en Canning Dance y profesor de la cárcel de Ezeiza, habló con El Diario Sur sobre el aumento de varones en los diferentes ritmos

Si bien la danza y el sexo masculino siempre han ido de la mano, esta rama del arte fue históricamente predominada por las mujeres. Hoy la balanza comienza a inclinarse. Ya no solo son los hombres que quieren conseguir un objetivo profesional los que se acercan a la danza, sino que últimamente también acuden a las academias los que lo hacen por diversión, y de las más variadas edades. Así lo constata Mauro Ramells, quien coordina Canning Dance Studio y además da clases a los presos de la cárcel de Ezeiza: "En los catorce años que llevo en la danza se nota los hombres se fueron soltando, antes daba vergüenza porque se veía al bailarín como un hombre gay. Hoy sabemos que no es así”. 


El mundo artístico del baile sigue siendo acérrimo a las mujeres, pero Mauro no descarta que esto se modifique en algún momento: "Ojala cambie acá. Por ejemplo, las clases que se dan en New York son con partes obligatoriamente iguales de varones y mujeres. Por cada chica hay un chico”, cuenta. Y agrega: "Acá hay muchos que se van de viaje a países como Cuba y cuando ven que tienen que seguir el ritmo de la salsa y la bachata no saben qué hacer”, explica haciendo referencia a que también los hombre pueden bailar por diversión.  


Se ha descubierto que tomar clases de danza, en cualquier ritmo, no solo es beneficioso para las habilidades artísticas, sino que (en cualquier edad) mejora la postura del cuerpo, sube el autoestima, ayuda a hacer ejercicio, mejora la comunicación, entre otros réditos que se le pueden sacar al baile.   

 

Por último, Mauro nos cuenta cómo es ser profesor de los prisioneros en Ezeiza: "Hacemos estiramiento, relajación y baile junto a los veinte detenidos que participan. A lo largo de los años cambiaron mucho, se trataban muy mal, se mataban entre ellos, y con el correr de las clases mejoraron en todo. La primera vez que entré me imaginaba que iban a haber trescientos policías apuntándolos para que no me toquen, pero estamos en una sala cerrada y está todo bien, nunca hubo problemas”

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