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Editorial

Los límites de la impericia a la hora de gobernar

Simplificar puede complicar. Y la realidad real no es simple. Ni siquiera a favor o en contra. Solo es. Y necesita de muchas voluntades individuales.

De repente a algún funcionario bonaerense se le ocurrió la brillante idea de generar un acuerdo comercial con supermercadistas que redundara en un 50% de descuento para "la gente”. 
El resultado fue por conocido por todos: filas de hasta ocho cuadras, desabastecimiento, y caos con supermercados que cerraban sus puertas llenos de clientes adentro. 
Lo que debió ser una acción positiva, con beneficios concretos para los consumidores terminó volviéndose en contra, con clientes insatisfechos por diversos motivos y generando imágenes parecidas a la de la crisis del racionamiento venezolano. 

Imágenes que desataron toda la creatividad posible de la oposición que se justifica en una especie de "nos la dejaron picando”. Cuando la pelota queda picando, el que está al acecho, el más vivo, sale gritando gol. Casi siempre.

Hace un tiempo ponderé en esta misma página una declaración de la gobernadora bonaerense. Separándose del discurso de otros funcionarios nacionales, María Eugenia Vidal había dicho que "todo lo que pasa en la provincia es mi responsabilidad y dar respuestas y soluciones son tareas que asumo como propias o como parte de las responsabilidades de mi equipo”. Así, se había desmarcado de una corriente PRO/CAMBIEMOS que seguía (y sigue) amparándose en la pesada herencia recibida.

Armar equipos de gestión es una tarea compleja. Son muchos los cargos a cubrir, muchas las especificidades. Tan importantes son los cargos como las responsabilidades y la trascendencia de las tareas y consecuencias de las mismas. Es impensado creer que el máximo responsable de un ejecutivo, en este caso Vidal, supervise cada nombramiento de las terceras líneas de sus ministros o directores provinciales. En el armado de cada área tiene principal incidencia cada funcionario político nombrado en camino y recorrido descendente. Descendente en cargo y en responsabilidad. Todo esto no exculpa a la gobernadora, pero sí hace justicia con la realidad real. 
La realidad real es que la movida del 50% de descuento a través del Banco Provincia puede ser una buena idea, pero estuvo pésimamente mal implementada.

Otro capítulo indeseado de la semana se vivió en Pepsico. La imágenes en vivo de cómo se produjo el desalojo, los responsables, de quienes agredieron y quiénes aparecieron solo para la foto nos evita profundizar algunos temas. Sin embargo, hay otros que sí quiero invitar a la reflexión.

Desde el gobierno difundieron una y otra vez los datos duros de cómo se había producido el cierre y el paralelo acuerdo con la gran mayoría de los empleaos de la empresa. Hacían hincapié en que más del 90% de los trabajadores habían recibido entre 300.000 y 5.000.000 de pesos en concepto de indemnización, más la extensión de la cobertura médica hasta abril de 2018. 

Argumentaban que el acampe y toma eran minoritarios, y que solo estaban fogoneados por las comisiones internas sindicales de izquierda.  La ministra de seguridad, Patricia Bullrich, se explayó y minimizó la situación "…no acepto que se hable de represión donde los 15 heridos son policías y los cinco detenidos no eran trabajadores de Pepsico”. Más de una vez escribí en ésta página una de mis premisas y principios: "lo que se mide, no se discute”. Sin embargo, Bullrich fue más allá de lo que podía medir y amplió con una declaración peligrosa: "estos grupos de la izquierda sindical, en vez de ayudar a los laburantes, cierran las empresas”. Esta frase tiene algunas generalizaciones que no parecen propias de un ministro de la Nación. Descalificar una ideología, cual sea, no va de la mano con la democracia, ni de la participación. Pensar que alguien, haciendo eje en su ideología, es potencialmente capaz de cerrar una empresa es asignarle más poder del que realmente tiene…

Simplificar puede complicar. Y la realidad real no es simple. Ni siquiera a favor o en contra. Solo es. Y necesita de muchas voluntades individuales que hagan realidad que los preceptos de aquel discurso de Vidal sean su bandera. Que asuman responsabilidades y se hagan cargo de los riesgos y alcances de sus decisiones. Y se banquen las consecuencias.

Hay quienes pueden hacerlo y quienes no. Hay quienes deben evaluarlos y actuar en consecuencia. No da lo mismo hacer las cosas bien, que mal.

Buena semana.

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