José Cardozo tenía 18 años y estaba próximo a ser dado de baja del Ejército Argentino cuando el Teniente Primero de su regimiento le dijo que debía prepararse para ir a combatir a Malvinas.
Desde ese momento, estuvo 15 días junto con sus compañeros del Regimiento 5 de Infantería de Paso de los Libres, en su Corrientes natal, preparándose para ser parte de uno de los sucesos más honrosos y tristes de la historia argentina.
Nosotros fuimos en tren hasta Paraná y de ahí un avión a Malvinas. Cuando llegamos estábamos contentos y con calor, pero cuando bajamos del avión comenzó a nevar. A las horas comenzamos a tener frío y hambre, y nos desesperamos, relató a El Diario Sur.
Al llegar a las islas, José fue enviado a la Isla Soledad, en uno de los puntos donde comenzó el enfrentamiento: Los ingleses nos atacaron una madrugada. Nos retrocedieron hasta Bahía San Carlos y ahí comenzamos el combate. Fue un desastre, nosotros no sabíamos para donde arrancar, nos perdimos, no nos podíamos encontrar, estábamos todos divididos.

Durante todo lo que duró la guerra, los soldados sufrieron el hambre y el frío, pero también el abandono del Estado. Esto causó estragos en los jóvenes, quienes debían cuidarse entre ellos y acompañarse ya que muchos intentaron suicidarse por no poder soportar todo lo que estaban viviendo.
Tuve compañeros que me cuidaron y así volví. Yo también defendí a otros para que no se maten. Les dije vas a ver que cuando volvamos vamos a tener mucha plata, nos vamos a sentar arriba de oro.
Sin embargo, al volver el panorama fue completamente distinto: Nosotros volvimos en un barco inglés, y ellos nos dijeron que nuestro Presidente no nos quería recibir, que había mandado 17 aviones Pucará para hundirnos. Los ingleses nos escondieron, nos llevaron a Puerto Madryn y ahí nos fueron a buscar nuestras familias.

Cuando volvimos nos olvidaron y escondieron. A los heridos los curó su familia, nadie se acordó de nosotros, nadie fue el veterano, relató con dolor José, quien valora cada 2 de abril porque al menos ese día nos recuerdan.
Pese a todo lo que vivió, para José haber sido parte de la guerra fue una buena experiencia, porque aprendió a valorizar muchas cosas. Hoy en día estoy orgulloso de ser veterano de Malvinas. Me da miedo ir de visitas a las islas, pero si es a pelear si iría, dijo con orgullo.






