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Fernando Palacios, el vecino de Brown que sobrevivió al hundimiento del ARA Belgrano

Tenía 19 años cuando fue parte de uno de los hechos más dolorosos de la Guerra de Malvinas. "Pasaron 38 años y lo siento a flor de piel", contó a El Diario Sur.

Fernando Palacios, el vecino de Brown que sobrevivió al hundimiento del ARA Belgrano
El Diario Sur

El 2 de mayo de 1982 se escribió uno de los capítulos más oscuros de la historia argentina. El ARA General Belgrano, una de las naves insignias la Armada que participaba de la Guerra de Malvinas, sufrió un ataque por parte de los ingleses y se hundió en las profundidades del mar.

La nave zarpó con 1093 tripulantes a bordo, entre los que se encontraba Fernando Palacios, un vecino de Almirante Brown que afortunadamente es uno de los 720 sobrevivientes.

Palacios tenía apenas 19 años cuando partió hacia las Islas Malvinas, pero tenía una buena preparación: en 1979, a los 16 años, ingresó a la Escuela de Suboficiales de la Marina y a fines de 1980 se convirtió en parte de la dotación fija del crucero ARA General Belgrano.

Aunque la flota argentina partió el 2 de abril para el enfrentamiento armado, el buque se encontraba en reparación por lo que recién lo hizo el 16 de abril. “La función del crucero era controlar el tránsito marítimo en el Atlántico Sur, que ningún barco británico pase del pacifico al atlántico”, contó el browniano a El Diario Sur.

Fernando Palacios, el vecino de Brown que sobrevivió al hundimiento del ARA Belgrano — foto 1
El Diario Sur

El 1 de mayo los tripulantes recibieron una orden del comandante: al día siguiente a las 5 de la mañana debían movilizarse hacia el sureste, donde se encontraba la flota británica, para presentar batalla. Todos estaban en sus puestos con los cañones listos. “El tiempo estaba muy feo y había olas de 6 metros”, relató.

Sin embargo luego la orden se tiró atrás y en horas del mediodía partieron hacia la Isla de los Estados, donde funcionaba la base de operaciones del crucero, pero todo cambió cuando a las 15:55 el submarino inglés HSM Conqueror lanzó dos torpedos.

“Uno impactó en proa borrando casi 15 metros y el otro en la máquina de popa. Este segundo generó más pérdidas humanas porque justo fue en el recambio de guardias, agarró a la entrante y la saliente. Aparte al reventar hizo una flor de fuego hacia arriba y destruyó los camarotes de cabos principales y suboficiales. Se cortó la luz y el crucero se inclinó. Ahí salimos todos a cubierta con los chalecos salvavidas esperando la orden de abandono del comandante”, contó Palacios.

Pese a que él salió ileso del ataque, muchos de sus compañeros sufrieron heridas y otros ya habían perdido su vida. Los tripulantes que lograron salvarse se tiraron a las balsas y, en medio de un clima desolador, vieron como poco a poco el ARA Belgrano desaparecía en el agua.

Fernando Palacios, el vecino de Brown que sobrevivió al hundimiento del ARA Belgrano — foto 2
El Diario Sur

“En ese momento en lo único que pensábamos era en salvar nuestra vida. Estuvimos a la deriva con olas de 6 metros de altura, éramos cascaras de nueces en la inmensidad del mar. Estábamos mojados y teníamos frío. Después de un tiempo caímos en lo que pasó”, relató el ex combatiente.

Tras pasar 27 horas en una balsa, el buque destructor Bouchard de la Armada Argentina rescató a todos los sobrevivientes y los trasladó hasta Ushuaia. Allí les dieron ropa y les brindaron atención médica. Ese fue el fin de la guerra para ellos.

Los integrantes del ARA Belgrano tuvieron una semana de licencia y todos volvieron a sus casas. La llegada del browniano a la localidad de Loma Verde –hoy conocida como Malvinas Argentinas, vaya casualidad- fue muy emotivo para él y todos sus allegados: “Todos vinieron a mi casa a saludarme y abrazarme, ese momento no me lo voy a olvidar más. Era una romería mi casa”.

El pasado sábado se cumplieron 38 años del trágico suceso que culminó con 323 víctimas, y pese al largo tiempo que pasó, Fernando y los demás veteranos aún lo sienten a flor de piel. “Esta fecha para todos los que estuvimos en el crucero es un momento de sensaciones extrañas: tristeza y alegría de reencontrarnos. Además recordamos a los 323 héroes que se hundieron con el crucero”.