Marcelo Valdi era un vecino de la localidad de Adrogué de 50 años. Su lucha contra el narcotráfico, las drogas y la corrupción policial lo llevó a realizar varias investigaciones y aportar datos a varias causas judiciales.
Pero todo terminó el 12 de septiembre de 2004. Marcelo salió de su casa para comprar cigarrillos y, a menos de dos cuadras en Cordero y Seguí, fue atacado por dos hombres que lo prendieron fuego. Tras siete días de agonía, el hombre murió.
Hoy se cumplen 14 años de su asesinato, y el caso sigue impune. No hay detenidos ni sospechosos identificados y la familia denuncia que en todo este tiempo no hubo avances en la investigación.
"La causa la seguí yo porque nunca tuve posibilidad de poner un abogado. Este año no tuve posibilidad de ir, pero hasta lo último que se había hecho fue hace nos años cuando yo pedí que citaran a declarar al amigo de uno de los probables autores. Hoy no se si sigue abierta o cerraron la causa" contó Patricia Valdi, hermana de la víctima, a El Diario Sur.
Si bien en un principio se creía que todo se debió por un robo, sospechan que en realidad fue relacionado a sus aportes judiciales. "Lo que sé es por boca de él. Me contó que cuando volvía del kiosco dos encapuchados le dijeron 'metiste la nariz en lo más profundo, ahora vas a saber lo que es el olor a carne quemada' y lo rociaron con nafta y lo prendieron fuego".
"El lo único que dijo es que una voz le sonó conocida pero que no identificó a quien pertenecía. Además los días que estuvo internado, una noche se presentó un comisario que pertenecía a una de las bandas que mi hermano denunció" expresó Patricia.
Para la familia, el poco avance en la causa se debe a que la justicia no actuó como correspondía: "Mi hermano declaró en varias causas contra policías, y pusieron a investigar la causa de su ataque al personal de las comisarías que él denunció".
Aunque pase el tiempo, Patricia no baja los brazos y continúa con la lucha para que se haga justicia por el asesinato de su hermano.
"Admiro que él haya luchado por sus ideales, y estoy cansada de vivir en una Argentina donde nos callemos por miedo. Yo no me quiero callar, me siento mal porque me doy cuenta que no puedo confiar en la justicia. Tengo mucha impotencia, a toda la familia le duele", concluyó.






