ENTREVISTA

Walter Sipag: “Tenemos un espacio de oportunidad muy promisorio”

Es uno de los cuatro fundadores de Megaflex, la empresa líder en producción, venta nacional y exportación en su región de membranas asfálticas, que cuenta con una planta en el Parque Industrial de Almirante Brown. Su visión del mercado, el empresariado argentino y la necesidad de inversiones.
lunes, 29 de agosto de 2016 · 12:06
Walter Sipag es el gerente general de la firma Megaflex, el principal exportador de membranas asfálticas en la región, que en la Argentina cuenta con cinco sucursales propias y una planta de tres instancias asentada en el parque industrial del distrito.

Recientemente, Megaflex completó una inversión en el desarrollo de una nueva línea de membranas. Sucede que cuenta  con 240 empleados y, además de liderar la producción y la exportación en lo que impermeabilizantes para la construcción se refiere, la empresa también se posiciona como referente en materia de innovación a partir del desarrollo de un producto multifuncional, específicamente recomendado para superficies expuestas a la intemperie. Se trata de su línea Megafácil, de la cual aseguran que es un antes y un después en el mercado, porque debido a su aplicación en frío y adaptabilidad, cualquier persona puede colocarla sin conocimiento técnico, según detallan. 

Con un permanente desarrollo de tecnología propia en su planta de Brown, esta empresa de capital argentino produce 70.000 metros de laminado asfáltico por día, el equivalente a asfaltar una cancha de futbol profesional. En la Argentina cuenta con cinco sucursales en los principales centros urbanos del país: Córdoba, Mendoza, Rosario, Tucumán y Mar del Plata, extendiendo su red de distribuidores por todo el territorio nacional.

Sipag, quien también se desempeñó como presidente de la Unión Industrial de Almirante Brown y es el gerente general de la firma, conversó con El Diario de Almirante Brown sobre el panorama económico, productivo y  empresarial y sus expectativas de cara al futuro. 

-¿Cómo ve el panorama económico desde su visión de empresario?

-Estamos en un momento de cambio, todo cambio de paradigma obliga a un reacomodamiento. Tratar de tomarle la temperatura real a la situación en un momento en el que está cambiando todo llevaría a una lectura equivocada. Ahora, me parece que con respecto cómo se ve el futuro a mediano plazo, entiendo que va a ser promisorio. 

-¿Por qué considera que el futuro es promisorio?

-Porque la Argentina tiene una cantidad de recursos, de cosas por hacer, que hace que haya un espacio de oportunidad muy grande para realizarlas. Las medidas tienden a ir en el camino correcto con las situaciones del caso. La actividad económica va a crecer, más allá de la situación puntual que estamos viviendo en este año. Siempre que hay un cambio se vive una situación muy traumática, que después se libera. La pregunta sería si este crecimiento va a ser definitivo o si va a ser transitorio. Para eso hay que ver cómo se resuelven los temas de fondo en la Argentina, y  me parece que estamos en un muy buen espacio de oportunidad para resolverlas, si establecemos un diálogo y acuerdos con los sectores del trabajo y si nos presentamos ante la comunidad internacional como un país que quiere crecer. La necesidad de infraestructura que tiene la Argentina es muy grande y esa necesidad, en un mundo que viene de una crisis muy grande y que tiene dinero disponible, es a todos luces promisorio. 

-¿Es normal que sigamos esperando inversiones?

-La gente tiene que entender que las inversiones de capital no vienen en quince minutos. Hay cuatro tipos de inversiones, contando la del Estado, que en este momento está muy castigado. Pero desde el punto de vista privado hay tres: las reinversiones de capital que pueden llegar a hacer desde las industrias establecidas, tanto de capital nacional como extranjero; las inversiones financieras, que digamos que son de muy rápida concreción pero no tienen arraigo, lo que genera una tranquilidad crediticia pero así como vienen se van, y eso en Argentina ha pasado muchas veces. Es un dinero que llega rápido, se va fácil y es caro. Por último, está la inversión genuina, que se debe a la radicación de una empresa importante o la radicación de polos industriales o de proyectos que no se desarman en cinco minutos, así como tampoco se arman en cinco minutos. Esas inversiones llevan su tiempo porque Argentina, en términos de país, acaba de dilucidad el tema político.  Estas medidas de la baja de las retenciones, de la liberación del derecho de la exportación de una regulación de un tipo de cambio libre, esas cosas necesarias en término de tiempo, lo acabamos de hacer.

-¿Qué otras medidas considera necesarias?

-Se tienen que tomar decisiones, se tienen que construir planes de negocios que llevan su tiempo. Yo creo que a nosotros lo que nos conviene es trabajar para esto, que es más difícil, así como es más difícil comprar una casa que alquilar un departamento. Es una construcción lo que tenemos que hacer, porque los países que alcanzan un nivel de bienestar como el que queremos tener los argentinos trabajan en esa dirección, pero eso conlleva un sacrificio, un sinceramiento de tarifas, conlleva una cuestión de trabajar en una economía estable y una administración pública eficiente; un montón de cosas que a los argentinos a través de la historia nos costó mucho. Como sociedad, en esa materia todavía no nos recibimos.

-¿Cómo ve al sector de la construcción?

Tengo una buena expectativa con la construcción para el año que viene. Creo que será un buen año en la medida en que las cosas se tranquilicen, que se estabilicen y que la inflación vaya bajando.  Yo entiendo que está pasando eso  teniendo en cuenta de dónde venimos porque, cuando vos tenés treinta kilos y querés adelgazar, hasta que te sientas flaco vas a tener que hacer bastante dieta. En la medida que la inflación vaya bajando va a haber un crecimiento importante en la construcción porque va a haber demanda. El aparato de construcción argentino sigue estando.

-¿Qué conversa con sus pares?

-Vengo de una reunión en una refinería de primera línea a nivel mundial  junto a empresas constructoras y empresas viales sobre todo, y el debate era cómo íbamos a subir la producción para canalizar toda la demanda que vamos a tener en materia vial, ya que el estado de la red vial en argentina en argentina está retrasadísimo. La preocupación no era cómo vamos a hacer para vender más, sino cómo hacemos para producir todo lo que vamos a vender.  Poco menos que al CEO de la destilería los empresarios le mostraron su preocupación sobre cómo hacer para tener más productos, un mejor servicio, para poder canalizar  toda la demanda. Me parece que es muy promisorio que eso suceda, pero esto no se hace de la noche a la mañana, no se trata de subir la tasa de interés y que los bancos se llenen de plata y nada más. 

-¿Cuál es la importancia de un empresariado local que vaya en sintonía con esa búsqueda?

-La Argentina tiene una estructura industrial muy importante, pero viene de una situación histórica, que se produjo en los últimos años pero que no deja de ser histórica, y es la de un país muy protegido. Eso hace que a lo mejor no sea del todo competitivo en el mundo. Yo creo que los industriales y los empresarios argentinos tenemos que aprovechar este momento, este cambio, para establecer  nosotros nuestra propia autocrítica e instalar el debate de cambiar el pedir protección a pedir competitividad. Las condiciones de competitividad te las da el país. Si se tiene una estructura tributaria no competitiva, donde, por ejemplo, para exportar  hace falta competir con el mundo cuyo común de sus países promueven y alientan las exportaciones mientras nosotros pagábamos derecho de exportación, nos da algo parecido al querer ir  correr una carrera de bicicletas con una bolsa de cemento arriba de los hombros. Como esta situación era de hecho, el empresario argentino pedía protección para que  no le entren cosas del exterior. Hoy en día, para el intercambio de la industria, es necesario traer insumos importados, porque está globalizado así el mundo, y el hecho de que tengamos una industria que fabrique en Argentina, con mano de obra propia, no quiere decir que tenga que tener la compra del cien por ciento de sus insumos en la Argentina. Lo importante es la transformación, eso es lo que da mano de obra y calidad de vida. 

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