Todas las mañanas, viaja desde Lomas de Zamora hasta Adrogué sólo paracompartir con la gente diferentes melodías en su querido acordeón. "Comencé a venir por una cuenta que tenía que pagar en el banco y a la gente le empezó a gustar que viniera a tocar. Así que los días que puedo vengo acá y hago un par de canciones, confiesa el músico, que suele instalarse en la esquina de Somellera y Mitre, en frente al Banco Provincia.
"La gente me pide desde vals, paso doble, cumbia o chamamé.Yo hago de todo y cumplo con los pedidos que me hacen. Desde la polleraamarilla de la Bomba tucumana hasta un tango, confiesa "Juanchi quienaprendió sólo a tocar el instrumento ya que desde pequeño comenzó a fascinarsepor la música.
"Yo vivía en el campo y aprendí memorizando las canciones deuna radio. Cuando tuve el instrumento a los 16 años, empecé a sacar lasmelodías de oído, afirma. De hecho, muchos profesores de música se sorprendenante este relato y no pueden creer que su talento sea autodidacta. "La músicaes mi vida, alegra el corazón de la gente que me felicita y me dice que le traemuchos recuerdos. Cuando la gente está de mal humor, les logro sacar unasonrisa y para mí, eso lo es todo.
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