El 30 de diciembre es una fecha que quedará por siempre en la memoria de todos los argentinos. Ese día, pero en 2004, un incendio en el boliche República Cromañón generó una de las mayores tragedias del país.
Aquella noche, miles de jóvenes se hicieron presentes para ver el recital de Callejeros, una de las bandas de rock más populares del momento. Pero todo terminó en un incendio que se cobró la vida de 194 personas.
Entre ellas, se encuentran cinco de jóvenes de Almirante Brown, cuya vida se vio truncada por la tragedia: María Sol Urcullu, Gloria y Silvina Cabrera, Marcelo Taborda y Guillermo Rossi.
Las víctimas

María Sol Urcullu tenía 21 años y era oriunda de Adrogué. Era estudiante de la carrera de Trabajo Social en la Universidad de Lomas y ese día fue a ver a Callejeros junto a sus amigos del barrio.
Sus padres, Alberto Urcullu y Susana Carbone, fueron los primeros en recibir una sentencia favorable: en 2009, el Tribunal Oral en lo Criminal N°24 condenó a Omar Chabán, los integrantes de la banda, el ex policía Carlos Díaz, las ex funcionarias Fabiana Fiszbin y Ana María Fernández, al Estado Nacional y al Gobierno de la Ciudad a pagarles una indemnización monetaria.
Otras de las víctimas fueron las hermanas Gloria Cabrera, de 25 años, y Silvia Cabrera, de 19. Días antes, en una reunión familiar, mostraron una bandera que hicieron para el show de una de sus bandas favoritas.
Con mucho entusiasmo, ambas partieron desde Mármol para ir al boliche junto a otros dos primos. Sin embargo, ninguna de las dos se salvaron. Un año después Axel, uno de los chicos que fue con ella, también falleció producto de las secuelas del siniestro.
Marcelo Taborda era de Rafael Calzada y tenía 28 años cuando decidió ir junto a Silvina, su pareja, a ver el recital. Ambos se ubicaron atrás de todo en el público ya que era el primer recital de la joven, pero quedaron atrapados en el humo y el caos. Ella pudo salvarse; él, no.

Las familias realizaron un monumento para recordarlos.
A medida de pasaban los días previos a la tragedia, el número de víctimas fatales iba aumentando. Seis meses después del hecho, en junio de 2005, se sumaría una nueva muerte, la 194: Gerardo Rossi.
El hombre, oriundo de Burzaco, trabajó aquel día como parte de la seguridad del boliche de Once. Fue con su hija Natalia, de 18 años, ya que era su cumpleaños 36 y decidió pasarlo con ella. Tras el incendio, Rossi entró y salió en reiteradas veces para rescatar a los jóvenes, hasta que su cuerpo dijo basta.
Si bien logró sobrevivir, en el hospital donde se encontraba internado le descubrieron que padecía de VIH. Pese a que los médicos determinaron que era portador sano, el humo tóxico que inhaló activó la enfermedad en un cuadro severo que en apenas unos meses se llevó su vida.
Los cinco sobreviven en la memoria de sus parientes y de todo el distrito en el "Hito a la memoria", un monumento ubicado en la Plaza Bynnon de Adrogué en el que se encuentran sus nombres.
Matías, una muerte silenciada
Si bien todos los archivos oficiales dicen que la tragedia de Cromañon dejó un saldo de 194 víctimas, esto sólo corresponde al número de personas que fallecieron como consecuencia directa del incendio ocurrido el 30 de diciembre.
Sin embargo, esa noche dejó secuelas en los miles de jóvenes que estuvieron presentes. Alguno de ellos lograron superarlas de la mejor manera, pero a otros les generó un daño irreparable. Este fue el caso de Matías Pascal.
El julio de 2005, el joven de 21 años se quitó la vida en su vivienda ubicada en el Barrio El Gaucho de Burzaco. Tenía un disparo en la cabeza.
Allegados al joven contaron que se encontraba con tratamiento psiquiátrico tras el hecho. Además no tenía trabajo, lo que acrecentó su situación, y finalmente decidió suicidarse. Curiosamente, estaba vestido con una remera y un buzo de Callejeros.






