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Una pareja de Burzaco estuvo varada en Lisboa y fue repatriada: cómo fue su experiencia

Estuvieron 55 días en la ciudad portuguesa y el 11 de mayo regresaron al país en uno de los vuelos de Aerolíneas Argentinas. Cómo fueron sus días allá, el vuelo y el regreso a su casa.

Una pareja de Burzaco estuvo varada en Lisboa y fue repatriada: cómo fue su experiencia
El Diario Sur

Desde que el coronavirus llegó a Argentina, el Gobierno Nacional decidió tomar la drástica medida de cerrar las fronteras para evitar un aumento en los contagios, ya que en un primer momento los pacientes que tenían el virus eran en su mayoría personas que regresaban del exterior.

Esto hizo que miles de argentinos que se encontraban recorriendo el mundo por diversos motivos quedaran varados sin poder volver a casa en medio de una pandemia global. Entre ellos se encontraba una pareja de Burzaco, quienes habían realizado un viaje a Europa.

La pareja partió el 9 de febrero, cuando el virus sólo afectaba a China. El plan era recorrer varios países y regresar al país el 27 de marzo. Sin embargo en el medio todo cambió y quedaron 55 días a la deriva en Lisboa, Portugal.

"Lo que tuvo de bueno fue que si bien hubo muchos infectados y muertos, los ciudadanos se mantuvieron en sus casas. No había restricciones pero ellos cumplieron el pedido de quedarse en su casa", contó C.,  quien prefirió no dar su nombre, a El Diario Sur.

El tiempo fue pasando y cada vez se hizo más difícil para ellos, ya que debían gastar dinero para tener techo y comida: "Fueron 55 días duros, no había ninguna información de cómo y cuándo podíamos volver. Le planteamos al Consulado por mensajes que tramitaran un vuelo y nos metieran a todos en el vuelo".

La estadía se hizo tan larga que ella terminó festejando su cumpleaños número 60 en plena cuarentena: "Siempre decía que para los 60 quería un cumple diferente, pero no para tanto", dijo en tono de broma.

Tras un largo tiempo sin obtener respuestas concretas, finalmente les llegó el día: se comunicaron con ellos para ofrecerles volver en el vuelo de repatriación de Aerolíneas Argentinas que se realizaba el 11 de mayo desde Madrid. El motivo era que ambos eran considerados personas de riesgo ya que C. tiene hipertensión, epoc severo y asma crónica, y su marido tiene hipertensión y problemas cardíacos.

"Cuando recibimos la información la felicidad fue inmensa", dijo la mujer. Sin embargo la alegría sólo fue pasajera, ya que el regreso a su casa de Burzaco fue tortuoso. Primero porque debían pagar sus pasajes, los cuales tenían un costo de 600 euros cada uno, y además del micro que los llevaría desde Lisboa hasta la capital española que valía 200 euros.

"Teníamos que decidir rápido si lo íbamos a pagar porque nos dijeron que si no confirmábamos le daban los lugares a otro. Pudimos conseguir que un allegado nos preste algo de plata y pudimos reservarlos", relató C.

El motivo del alto costo era que, debido al distanciamiento social, tenían que abonar sus pasajes y dos más, ya que esos irían vacíos. Además antes de abordar tenían que pasar por un control sanitario que incluiría estudios para saber si tienen o no coronavirus.

Sin embargo según contó la realidad fue muy distinta: "Hicimos el check in y en el control sanitario sólo nos tomaron la temperatura. Cuando subimos al avión en lugar de abrir las dos puertas subíamos todos por la puerta trasera, no hubo distanciamiento. Y arriba el avión despegó con todos los asientos cubiertos, no hubo distanciamiento social.

Tras varias horas de vuelo, arribaron al Aeropuerto de Ezeiza. Allí el protocolo fue que primero bajen quienes viven en Provincia de Buenos Aires o en el interior del país, y por último quienes residían en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La pareja pudo volver a su casa en Burzaco, en donde hoy realizan el aislamiento obligatorio.

"Nunca pensé que íbamos a estar tantos días varados. Hoy por hoy estamos orgullosos de poder estar en nuestra casa en Burzaco, mas allá de todo el dinero perdido", dijo.

Sin embargo aún se encuentran preocupados por los cientos de argentinos que aún continúan en Portugal y en otras partes del mundo, a la espera de regresar a su casa.