El deporte está ligado a algunas familias de generación en generación, no importa cuál sea la disciplina que se practique. Y en la zona sur del conurbano bonaerense hay casos emblemáticos que hoy atraviesan un instante de alegría. Es que recientemente se subieron al podio del Nacional de gimnasia artística, representando a Country de Banfield, Sol Enrique y Maía Gsponer, que brillaron en el certamen desarrollado en Aguas Verdes, con una labor superlativa, e hicieron disfrutar, entre otros, a sus abuelos, Héctor Enrique y Carmelo Villalba, dos glorias del fútbol argentino.
Ambas integrantes del equipo de esa especialidad en la entidad de Lomas de Zamora, aparecieron en escena y recalaron en los puestos de vanguardia en lo que son sus primeros pasos en el mundo del deporte. Y lo hacen con la templanza en el escenario como sus familiares en una cancha.
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Sol, con apenas 11 años, tuvo una performance superlativa en el aparato de paralelas, donde recaló en el segundo puesto para calzarse la medalla de plata, y sorprendió a todos con una actuación que la invita a soñar con grandes objetivos en el corto plazo. Maia, con 15 años, participó en varias finales, y en dos de ellas accedió a la presea plateada: salto y suelo, evidenciando una notable versatilidad.

En diálogo con El Diario Sur, sus madres expusieron su felicidad por lo realizado. Sandra, mamá de Sol, destacó que las expectativas estaban en alza porque acumulaba un derrotero positivo, siendo tricampeona a nivel metropolitano, pero ahora lo certificó en el Nacional. “Fueron unos resultados espectaculares”, sentenció, en referencia, en primera instancia, al cuarto puesto en el All around, y especialmente el subcampeonato en paralelas.

Llegada al deporte
“Al principio no estaba tan contenta ya que unos días antes estuvo enferma y no pudo llegar al 100 por ciento, pero son cosas impredecibles, y gracias al apoyo de los profesores se dieron los resultados, especialmente en su aparato favorito”, comentó.
Yésica, la madre de Maia, también evidenció su satisfacción. “Verla subirse al podio nacional es una recompensa enorme a todo su esfuerzo”, recalcó, en relación al cuarto puesto en el All around y las preseas obtenidas en las dos disciplinas específicas.
Las familias, ante todo eso, disfrutan y lo viven de forma especial. “Como familia lo estamos viviendo con orgullo y una emoción inmensa; ver que el sacrificio de tantas horas de entrenamiento da estos frutos nos llena el corazón. Y esto es gracias al trabajo de sus entrenadores”, afirmó Yésica. Y Sandra replica: “La apoyamos en todo. Es un deporte bastante exigente, es una disciplina, y le encanta. Y amamos acompañarla en cada torneo, viaje, amistosos, programas en los que participan, es realmente interesante este deporte y sabemos que es muy sacrificado, pero si ella esta dispuesta, ahí vamos”.
Abuelos campeones con el fútbol
Ambas están ligadas al deporte desde que nacieron. Sol es nieta de Héctor Enrique, campeón del Mundo en 1986 -hija de Fernando, actual referente de Talleres de Remedios de Escalada-, mientras que Maia es nieta de Carmelo Villalba, un histórico del fútbol argentino, surgido en El Porvenir y que brillara en Argentinos Juniors. Los dos, entre sus glorias, comparten el hecho de haber levantado la Copa Libertadores, primero este último con el Bicho, en 1985, mientras que un año más tarde lo iba a hacer el Negro, con la camiseta de River. 40 años después, ambos retirados, disfrutan de las hazañas que, a su turno, construyen sus nietas.

Si bien es un deporte amateur la gimnasia artística, y ellas aún son chicas, el sentido de la profesionalidad en el deporte se manifiesta, algo que se fue consolidando con el tiempo. “Como familia nos resulta importante el deporte, y sobre todo la vida de club es interesante para los chicos. Por caso, ella arrancó con natación, siguió con patín y un día dijo que quería dar vueltas, saltar, y le propuse ir a gimnasia y ahí arrancó. Y volvía feliz de cada entrenamiento y esperaba entusiasmada por el siguiente. La verdad que encontró lo que quería”, afirmó Sandra sobre ese itinerario que se fue armando.
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Sueños en el futuro
Por el lado de Maia, según Yésica, el panorama fue así: “Su camino empezó a los 5 años en el Country. Había ido dos clases a patín, y en un costado había chicas haciendo gimnasia y entonces me dijo ‘no quiero hacer esto, yo quiero hacer lo que hacen esas chicas’. Y ahí empezó. Siempre fue una nena con mucha energía y la gimnasia artística apareció como ese lugar ideal para canalizarla. Desde el primer día se enganchó por completo, y luego la fueron pasando de grupo, sus ganas de entrenar y su energía a tan corta edad se combinaron y fueron dando frutos. Se convirtió así en su verdadera pasión y desde entonces no paró de crecer y superarse junto a sus entrenadores”.

Y completó: “En casa el deporte se respira de una manera muy especial gracias a la trayectoria de su abuelo. Más allá de la exigencia lógica de la alta competencia, el mensaje principal de la familia siempre es que disfrute del camino y del proceso. Todos nosotros confiamos plenamente en el trabajo de sus entrenadores, que la acompañan en su crecimiento dando lo mejor día a día, por lo que el consejo principal es siempre escuchar a los que saben y, sobre todo, ser feliz haciendo lo que ama”. En esto coincide Sandra sobre lo que le dicen a su hija tanto el abuelo como el padre: “Los dos son deportistas de alto rendimiento, siempre le aconsejan que lo que haga, lo haga a conciencia y que lo disfrute. Que va a haber momentos buenos, otros malos pero que hay que dar lo máximo de uno siempre”.







