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EL Lauquen no pudo frenar la marcha de San Eliseo

El local hizo un partidazo, pero no fue suficiente para contener a un equipo que cada fin de semana juega mejor y que se aleja cómodo en la cima del campeonato, tras vencer por 2 a 1.

EL Lauquen no pudo frenar la marcha de San Eliseo
El Diario Sur

Nadie duda de que uno de los aspectos más atractivo delfútbol – y del deporte en general – es aquel sentimiento romántico, esasensación de imprevisibilidad, la idea siempre latente de que el más débilpuede en cualquier instante vencer al más fuerte. Nos gustan las historias deCenicienta, aunque se terminen a las doce de la noche.

El Lauquén, con el ímpetu que lo caracteriza, recibió a unSan Eliseo que no sólo ha dado sobradas muestras de ser el mejor equipo de lacategoría, sino que además venía en levantada tras golear a Fincas de SanVicente. El local, por el contrario, todavía no puede hacer pie y conformepasan las fechas, más se hunde en el fondo de la tabla.

Sin embargo, el pasado Sábado y durante casi sesentaminutos, los dos se olvidaron de sus roles. Gustavo Camejo soprendió, y de tirolibre puso el 1-0 para El Lauquen, cuando se cumplían los primeros veinteminutos de juego.

Y si bien la ventaja duró poco, por el rápido empate delintratable Javier Pereyra, fue en el 1-1 donde se vieron los tramos más interesantesdel partido. El Lauquén le planteó el desarrollo a una intensidad que SanEliseo no está acostumbrado a manejar, y durante el final del primer tiempo ybuena parte del segundo, se transformó en un dolor de cabeza para un equipo queno suele sufrir. La presión alta de Diego Velasco, parado picante entre loscentrales rivales, forzó a San Eliseo a equivocarse más de la cuenta. Todas laslíneas del Lauquén le marcaron la cancha a la visita, mordiendo en cada pelotay sacando a relucir el ímpetu y el coraje que son su mejor arma.

Pero por algo San Eliseo no sólo es el campeón en vigencia,sino también el principal -¿indiscutido?- candidato a quedare también con elClausura. El juego asociado entre los dos delanteros, Javier Pereyra yAlejandro Samames, es de lo más efectivo y vistoso que tiene la categoría.Sumado a un equipo sólido, que hace de la tenencia del balón un culto y que encada ataque puede acumular cinco o seis jugadores en neta posición ofensiva, setransforma en un combo muy difícil de contrarrestar.

Una vez superado el primer cuarto de hora del complemento,El Lauquén se quedó sin piernas para sostener su espíritu. Volcado a camporival para mantener la presión alta, dejó espacios libres en su mitad para quePereyra y Samames se hagan una fiesta.

El 2-1 llegó de los pies de Pereyra, quedefinió sólo frente a la salida de Nicolás Maffoni, tras haber recibido un paseen el medio del campo y a espaldas de ambos centrales. Una distracción que SanEliseo no perdonó, y que a El Lauquen le costó todo lo bueno que había hechodurante el desarrollo. Pudo haber estirado la diferencia la visita, pero fallóen el último toque ante un rival que había hecho todo para quedarse sin nada.

Sobre el final, la cara más desagradable de El Lauquen.Aquel ímpetu, aquel fuego interno que le permitió pelearle de igual a igual alúltimo campeón, es una marca registrada. Lamentablemente, también escaracterístico que ante la frustración de la derrota, ese ímpetu se transformeen violencia sin sentido, en agresiones al rival y a los árbitros, que jamáspasan del plano verbal pero que son suficiente para quitar la alegría quedebería caracterizar a un evento deportivo amateur. Los árbitros van advertidoscada vez que les toca dirigir en El Lauquen; su reputación empieza a empañar lobueno que tiene para ofrecer futbolísticamente.