El fútbol ha sido siempre cosa de hombres, sin embargo ya desde hace un tiempo, las mujeres fueron involucrándose tanto desde las tribunas como adentro de la cancha. Y no solamente en el fútbol femenino que ha venido creciendo sostenidamente en nuestro país- sino también en los partidos de varones, calzándose la casaca negra del siempre complicado rol arbitral. Desde aquel traumático primer antecedente, cuando a finales de los 90 Florencia Romano protagonizó una huelga de hambre reclamando que se la tenga en igual consideración que a los hombres para dirigir en la AFA, al día de hoy, se ha avanzado mucho.
En la ADCC, la escuela de la Asociación Argentina de Árbitros presta su servicio en todas las categorías de mayores, y más de una mujer se ha puesto los cortos para dirigir en Canning. Una de ellas es Esperanza Sánchez, quien oficia como jueza de línea.
"Yo juego a la pelota desde chiquita, desde los 11 años. Primero en futsal y después en cancha de once. Una compañera que jugaba conmigo me contó que había una prueba en la Asociación Argentina de Árbitros, que estaban interesados en que más chicas se sumen a la escuela. Y decidí probar, cuenta Esperanza, quien como jugadora vistió la camiseta aurinegra de El Porvenir.
Su pasión por el fútbol fue la que la llevó a probar suerte en el arbitraje. "A mí me encanta estar adentro de una cancha. Por más de que no esté jugando; ya el solo hecho de estar en una cancha, atenta a la jugada, mirando, siguiendo de cerca el partido, ya es algo que me genera mucha adrenalina. Me encanta el fútbol en todos los aspectos.
Sin embargo, su decisión no estuvo exenta de dudas, aunque finalmente, le encontró el gusto. "Al principio no sabía si me iba a enganchar, siendo jugadora, me costaba verme a mí misma en el rol de árbitro. Pero descubrí que lo disfruto muchísimo también, que si bien no estoy de manera directa jugando, una al dirigir tiene una influencia muy grande en el juego y puede contribuir a que salga un buen partido. Me gusta dirigir el juego por el fútbol mismo, y también me gusta ese lugar dominante que te da el arbitraje.
Desde hace un año, disfruta de su "lugar dominante desempeñandose como asistente en los torneos de mayores de la Asociación Deportiva Country Canning.
Desde una perspectiva arbitral, ¿Cómo te resulta dirigir en Canning?
- Esperanza Sánchez: Es una linda experiencia, pero tiene sus cosas. Se habla mucho, se gritan mucho. Creo que un poco por la edad, un poco también porque es fútbol amateur, pero salen partidos muy hablados. Creo que pasa también porque a veces no pueden llegar a concretar con los pies la jugada que tienen en la cabeza, entonces a veces empiezan a aparecer otras cosas que son un poco frustración y un poco también un recurso. Se fingen infracciones, se tiran, tratan de confundirte para manejar el juego desde otro lado. Con los offside o los laterales pasa también, que hay partidos que te las discuten todas, y así trasladan la presión al árbitro. A veces te das cuenta que terminamos siendo un chivo expiatorio. Pero es algo completamente normal. Pasa en partidos de profesionales, con más razón va a pasar en una liga amateur y de gente de más edad.
¿El reglamento se cumple a rajatabla, o se tiene en cuenta el marco a la hora de sancionar?
- Esperanza Sánchez: El reglamento está, lo conocemos y se cumple. Lo que tratamos es de manejar la situación de la manera más amable posible: les hablamos, les pedimos que traten de jugar limpio, que no simulen faltas. Nosotros tenemos muy en claro que son partidos recreativos, pero eso no significa que vayamos a hacer cualquier cosa. Los jugadores se lo toman con mucha seriedad y nosotros también, es nuestro trabajo. Entonces hay veces que con hablar no es suficiente, y ahí nos tenemos que apoyar en el reglamento. Se aplican las sanciones que consideremos necesarias para que el juego pueda desarrollarse de la mejor manera posible y no salga nadie perjudicado.
El árbitro tiene un rol privilegiado dentro de una cancha. Es el único al que nadie le festeja sus aciertos, y todos le marcan sus errores. ¿Sentís que al ser mujer, puede ser aún más complicado?
- Esperanza Sánchez: La gente, sobre todo al principio, te hace sentir mucho el hecho de ser mujer. A veces me pasa que en un partido picante, tengo al técnico atrás y por ser mujer, tengo que aguantar cosas que mis compañeros varones no tienen que aguantar. Que me digan que como soy mujer no entiendo nada, que soy impresentable; a veces te subestiman, tratan de jugar con tu confianza, de confundirte. Me acuerdo una vez que un director técnico se pasó todo el partido diciéndome que tenía los cordones desatados, para que me distraiga o para tratar de que pase vergüenza. Que me manden a lavar los platos es típico, ya estoy acostumbrada a escucharlo.
Ojo, también muchas veces pasa lo contrario. Yo también puedo equivocarme, y hay veces que cobro algo y veo que el jugador viene con cara de querer matarme, pero me habla bien, con respeto. Y le noto en la mirada que está pensando que en realidad si fuese hombre, me agarraría a trompadas.
Igual, en los partidos que son definitorios, seas hombre o seas mujer sabes que te van a volver loca. Que te van a discutir todas las jugadas, por más de que una este dirigiendo bien. Y ahí no hacen diferencia si es un hombre o una mujer la que dirige.
¿Cuál fue la situación más difícil que hayas tenido que resolver?
- Esperanza Sánchez: Me pasó en mi primer partido, que había cobrado un penal y se me vinieron encima los once jugadores, seis suplentes, el técnico todos se metieron a la cancha, pensando que por ser hombres y por ser muchos me podían asustar. Ahora ya no me pasa, ahora ya muchos me conocen y ya saben como me manejo.
¿Te pasó de ponerte a pensar, cuando decidiste ser árbitro de fútbol, en si tendrías que enfrentar mayores dificultades por ser mujer en un deporte que todavía es predominantemente masculino?
Si, seguro, me pasó. Un poco ya estaba acostumbrada por ser jugadora, a todos esos prejuicios de género que tiene el fútbol, pero igual cuando empecé tenía miedo de lo que los jugadores pudieran llegar a decirme, por ser mujer. Y me pasó los primeros partidos, que me veían llegar con mis dos compañeros y venían a preguntar porque había un solo juez de línea. Cuando les decíamos que iba a dirigir yo, me miraban con desconfianza.
Pero esa sensación de los primeros partidos la pude superar rápido. Una va sumando experiencia y aprende a manejarse distinto. Yo voy por todo; me paro bien en la cancha, cobro lo que tengo que cobrar y cuando me vienen a exigir algo, se cómo manejarme. Y muchos jugadores también ya me conocen y saben que soy amigable para dirigir, pero que no me van a poder pasar por encima, y menos por ser mujer. Saben que si se desubican, los mando a lavar los platos. Muchos ya ven cómo se van dando vuelta las cosas.






