En la entrada del barrio Malibú, sobre la Ruta 58, esperabaal visitante un cartel con la leyenda "El Domingo, cueste lo que cueste . Alborde de la cancha, más de una decena de familias esperaban ansiosas conreposeras y sillas formando una pequeña tribuna, y un bombo con la leyenda "Malibú2015 reposaba contra un árbol aguardando su momento de sonar.
Esa es la magnitud que tenía esta final para los locales,que en un campeonato sumamente comeptitivo, supieron mantenerse en la senda dela regularidad para llegar a la última fecha en la cima de la tabla. A partir de las 9.30, empezó a ingresar el rival, el poderoso Campos deEcheverría. El equipo de camiseta naranja llegó a esa final invicto, a un puntode distancia del líder, y con la ambición y la garra necesarias para dar elgran golpe y arrebatarle a Malibú la ilusión.
Y de hecho, durante al menos 45 minutos, lo logró. En unpartido con inconfundibles aires de final, con poco juego y mucha disputa en lamitad de cancha, el visitante supo aprovechar las grietas en momentos claves deljuego. Si bien no había sido claro dominador, la ventaja dos a uno con la quese fue al entretiempo estaba más que justificada dada la entrega con la que losnaranjas disputaron cada pelota, su buen control del mediocampo, y su perfectotiming para lastimar en dos ocasiones puntuales. La primera, tras un despeje delarquero Juan Manuel Falvo, llegó de los pies de Tomás Paladino. El delanteromató la pelota con el pecho en tres cuartos de cancha, se dio vuelta, y apenasvió que el guardametas Raul Aquino esperaba unos metros adelante del arco,definió con una volea certera que superó al guardavallas.
Menos de un minuto después, con cierta complicidad delarquero visitante, Malibú consiguió el empate con un tiro libre al primer palo.Pero rápidamente, Campos de Echeverría volvió a meterse en el juego y ratificósus intenciones de dar el batacazo. El tanto que le devolvió la ventaja fueobra de Hernán Águila, también de tiro libre.
Hasta el entretiempo, Campos era el campeón. Sin embargo,comenzada la segunda mitad, Malibú sacó a relucir su temple y los naranjasperdieron las riendas. Una infracción dudosa dejó un penal, que el local cambiópor gol, y a partir de allí fue todo de Malibú. Campos de Echeverría no pudovolver a remontar el resultado como lo había hecho en la primera mitad. Salvouna jugada aislada, con un cabezazo que se fue apenas desviado, prácticamenteno inquietó a Raul Aquino. El celeste, por otra parte, hizo su mejor juego. Reafirmó los méritosfutbolísticos que lo llevaron a campeonar, e incluso estiró la diferencia conun contragolpe implacable.Quedando diez minutos para el final, la diferencia de dos goles que Malibúhabía conseguido era irrecuperable, además de futbolísticamente incuestionable.Campos no había sido superior, aunque si había tenido mejor timing paralastimar en la primera mitad. Todo lo bueno que había construido durante todoun campeonato y durante la primera mitad de esa final, quedó sepultado en esamedia hora fatídica en la que Malibú mostró su mejor cara, y Campos la peor. Laagresión al árbitro y al rival se volvió constante, Echeverría no volvió ajugar, al punto de que faltando cinco minutos para el tiempo cumplido, elreferee sancionó un segundo penal para Malibú que no se pudo ejecutar. La ternaarbitraldebió, literalmente, escapar corriendo ante la horda descontrolada dejugadores y amigos que protagonizaron un escándalo. Los de Malibú, en correctaactitud, descomprimieron la situación al olvidarse del partido y decidirse afestejar sin insultos ni chicanas junto a sus familias, que habían colmadoel lateral de la cancha.Malibú cerró una segunda mitad de 2015 casi inmejorable, y el triunfo finalrefleja la regularidad y el alto nivel futbolístico que demostraron durantetodo el año. Campos de Echeverría, por el contrario, dilapidó todo loconstruido.






