El empate en uno ante La Magdalena la fecha pasada pareció,quizás, empolvar un poco la campaña del Campeón. De alguna manera, rompió lailusión del equipo perfecto.
Tras haber ganado trece de trece, con variasgoleadas incluidas, todo el mundo esperaba un cierre de campaña limpio,aséptico, frente a un rival neutral y al menos en los papeles-,futbolísticamente inferior.
El acto de rebeldía de La Magdalena le puso un poquito depicante a un torneo con un ganador cantado, y la fortuna hizo que en laanteúltima instancia se cruzasen los dos mejores equipos del torneo para darleforma de final a esta fecha catorce. San Eliseo y Lagos fueron los responsablesde que esa final fuese un espectáculo digno de aquello que estaba en juego.
La visita sabía que iba a San Vicente con una única opción:ganar. Sabían también que inclusive con un triunfo, todavía dependían delresultado de San Eliseo en la última fecha frente a Mirasoles, máxime su propiaobligación de ganar. Pero el tropezón de la semana pasada había abierto unabrecha tentadora, la posibilidad de robarse aquel título que el local yaconsideraba suyo, pero que ellos habían perseguido como una obsesión. Y a laspuertas de conseguirlo, Lagos no se guardó nada.
Ni siquiera el gol temprano de Alejandro Samames consiguiómermar el espíritu de la versión local de La Academia. Es que el uno a ceroconseguido casi desde el vestuario no alcanzó para que San Eliseo supere aquelmismo pánico escénico, ese síndrome de piernas congeladas que ya frente a LaMagdalena le había impedido imponer su juego.
Haciéndose eco de las imprecisiones que afectaban a surival, Lagos empezó a animarse, a ver como cierta la posibilidad de llevarselos tres puntos que había ido a buscar. Si bien en la cancha se respiraba unaintensidad acorde al marco, a los dos equipos les había costado trasladarlo aljuego.
San Eliseo, obligado por su orgullo más que por la necesidad, asumió elpapel protagónico, aunque con poca eficacia. Y entre las grietas que dejaba, laAcademia empezó a crecer.
Faltando cinco minutos para que termine la primera mitad,Andrés Gaitan despejó un centro con la mano y el árbitro no dudó en sancionarpenal para la visita, que Gabriel Sacaba cambió por gol.
Irse al descanso en igualdad dejaba el campeonato abierto.Si bien con el empate aún era campeón San Eliseo, no había conseguido arrollara su rival en los primeros cuarenta y cinco; ahora, Lagos había conseguido elempate e iba por todo.
Y lo consiguió, en los peores diez minutos que haya tenidoSan Eliseo en todo el 2015. Apenas iban dos minutos cuando Diego Nuño seencontró con un despeje, a espaldas de toda la defensa local y con camino librepara enfrentar al arquero Juan Cruz Erregue, que salió desesperado a robarle lapelota fuera del área, llevándose la humanidad entera de Nuño por el camino.
Roja directa para Erregue, el volante Fernando Tortello se calza los guantes ySan Eliseo queda con diez.
Seis minutos después de la expulsión del arquero Erregue,Sacaba encontró un rebote tras un córner y no dudo en reventarla contra el arcoque ahora defendía Tortello, quien poco pudo hacer para detener el remate.Segundo en la cuenta personal para Sacaba, dos a uno para Lagos, y la sorpresatotal.
Dos vecinos del country Mirasoles, que estaban deespectadores neutrales del partido, ya se relamían con la posibilidad de queSan Eliseo tenga que definir en la última fecha frente a ellos. Todo el bancode Lagos se esperanzó tras el remate de Sacaba; quizás el golpe psicológico dela derrota los hiciese perder puntos en la quince, quizás el envión les dé aellos el título.
En el momento más oscuro, sin embargo, apareció OrlandoRomero para ponerse el equipo al hombro y encarar la remontada que le dio esadosis de épica al título del Clausura.
Apenas un minuto después del gol de Sacaba, Orlando reventóun tiro al travesaño, advirtiendo que no estaban rendidos.
A los 17, él mismo forjó la jugada delempate, con un gol digno de la situación. Gaitán recibió en mitad de cancha,descargó con Orlando quien de taco le devolvió la pared para luego picar haciaadelante. Gaitán lo buscó nuevamente, y con la pelota en los pies elude a tresjugadores para quedar solo frente al portero Sali, al que quiso superar con unautopase que se fue un tanto largo. Sin embargo, ahí aparecería - con suoportunismo y olfato de siempre-, Javier Pereyra, para convertir el tanto ydesatar el festejo en todo el banco de San Eliseo.
Como para revalidar el empate conseguido apenas un minutoatrás, Gaitán conectó un excelente centro desde la derecha enviado por Claudio"el Turco Ismail, y cabeceó abajo con violencia, inatajable para Sali.Victoria 3-2, partido y campeonato terminado.
El final fue casi anecdótico. Quedaban veinte minutos en losque San Eliseo convirtió el cuarto, frente a un rival entregado en ataque;quedó también el descuento de Gabriel Fecit para Lagos de Canning. También, laexpulsión de Ismail para San Eliseo por doble amarilla, en un partido que yase venía jugando al límite-; y de Cogorno, Felizole y Usue en Lagos de Canning,dos de ellos por protestarle al árbitro el resultado de un partido en el quehabían tenido un hombre de más durante casi todo el desarrollo, y un penal afavor.
Independientemente de los gritos finales que derivaron enexpusiones, Lagos fue más que un digno rival, y verdaderamente puso contra lascuerdas a San Eliseo, que necesito de esa levantada épica de la mitad delsegundo tiempo, encabezada por Orlando, y que le permitió volver a poner lascosas en su lugar. Y también, agregarle una dosis de misterio, de lucha, alsegundo título que conquistan los de San Vicente en este 2015. No solamenteganó el mejor, sino que también ganó el espectáculo. El campeón debe ganarle alos mejores, y San Eliseo lo demostró ganándole a Lagos.
No hubiese sido lomismo si se hubiese coronado sin ganar este partido.






