"Siempre hay mucha gente corriendo, y cada vez somos más,cuenta Gabriela, vecina de Echeverría del Lago, sin perder por un segundo elaliento ni detener el ritmo de su marcha mientras conversa con nuestromedio. Como ella, cientos de personaspor semana toman el camino de tierra que corre a la vera de la ampliación de laRuta 52 - entre Boulevard Duppuy y la Rotonda de la Mujer como lugarpredilecto para mantenerse en forma, atravesando por su columna vertebral a laciudad.
Como bien comenta Gabriela, el running se ha transformado enuna tendencia cada vez más fuerte a nivel global, y Canning no es la excepción.En una ciudad que lleva la vida al aire libre como insignia, era cuestión detiempo hasta que las calles se transformasen en circuitos, cada vez máspoblados de gente de todas las edad que no se restringe a los límites de subarrio para entrenar y disfrutar de su ciudad.
"Vengo siempre que puedo, casi todas las mañanas estoy acárelata Gabriela-, y cada vez encuentro más gente. Hay muchos que ya nosconocemos de cruzarnos todas las mañanas, pero siempre hay gente nueva también.En este último tiempo nos fue quedando cada vez más chico por la obra de laRuta, pero sigue siendo uno de los circuitos más lindos para entrenar en laciudad, porque es una distancia importante aunque no demasiada. Espero quecuando terminen la ampliación, se agregue también una bicisenda o una veredapara la gente que venimos a correr o a andar en bicicleta por acá, agregamientras dobla por Boulevard Duppuy, de vuelta hacia Echeverría del Lago.
Justamente, la distancia de poco más de un kilómetro y medioque separa la calle Lacarra de Boulevard Duppuy, por la Ruta 52, es uno de lostramos predilectos por los atletas locales. Existe desde hace años un camino detierra, lindero al alambrado del Country El Sosiego, que corre paralelo a laruta y alejado del asfalto, por lo que es un área segura para los corredores.Sin embargo, desde que comenzó la obra de ampliación, hay partes del caminoocupadas por escombros, y las presencia constante de las máquinas y obrerosquizás haya sumado algunas incomodidades.
Sin embargo, el progreso de la ciudad también abrió nuevosespacios, como la calle que se desprende desde Boulevard Dupuy, corriendo entre elfondo de Saint Thomas y el lateral de Echeverría del Lago, hasta la entrada delbarrio La Horqueta. El asfalto nuevo la convirtió en un paraíso para ciclistasy rollers, además de los runners que todas las mañanas también toman su traza.
"Es un poco más largo correr por ahí, pero también es mástranquilo, hay menos ruido de autos y no están las máquinas. Además, tienemejor sombra, comenta Manuel, vecino de El Rocío que también corre por elcircuito de la Ruta 52, en sentido opuesto al de Gabriela. Metros atrás, se había cruzado con otra corredora, y ambos sesaludaron con un gesto sobrio, pero cómplice.
"No la conozco más que de acá, nosé cómo se llama pero nos cruzamos todas las mañanas corriendo. Llega un puntoen el que ya nos conocemos todos los que entrenamos, aunque nunca hayamoshablado, explica Manuel, sin tampoco detener su marcha, mientras se aleja endirección a la calle Lacarra, quizás de vuelta a su casa en El Rocío. Sonapenas las ocho de la mañana, justo a tiempo para regresar a desayunar, trasesa cita secreta con el asfalto que los corredores matutinos escabullen en suagenda, mientras los demás duermen. "La mañana es la mejor hora para hacercualquier cosa, explica Manuel cuando se le consulta sobre el horario, paraalgunos insólito.
Como Manuel y Gabriela, otros cientos de vecinos de Canningeligen correr sus calles, como una forma distinta no sólo de ejercitarse, sinotambién de relacionarse con su ciudad y su comunidad.






