Cuenta la leyenda que los antiguos reyes de Tailanda, cuandoestaban poco satisfechos con un súbdito, le regalaban un elefante blanco. En laantigua cultura Siam, el elefante blanco era un animal sagrado, venerado por surareza y de una fragilidad tal que debía ser criado bajo las mejores condiciones, protegido constantemente y alimentadocon una costosísima dieta sin la cual el elefante moría, trayendo desgracia asu dueño. Entonces, regalar un elefante blanco era una forma sútil de imponerun castigo. El costo del mantenimiento del sagrado animal hacía que el súbdito"honrado con tan exquisito regalo terminase en quiebra.
"Pararse frente a lasalida del hoyo 1 y dejar que la vista se pierda en el verde que parece nuncaacabar es un privilegio que los que vivimos en Altos de la Cascada a veces novaloramos lo suficiente. Hasta que lo perdemos. Uno se acostumbra a lo que tiene,más cuando lo que tiene es maravilloso. Muchos de nosotros pasamos meses sindar una vuelta por alguno de sus dieciocho hoyos como si no nos importara queestuvieran ahí, a metros de nuestra casa y a nuestra entera disposición. Nohace falta ser golfista para disfrutar de semejante belleza natural. Naturalporque es pasto, y árboles, y lagunas. Pero no natural porque el paisaje hayaestado allí antes que nosotros. Antes eso era un pantano ( ).
" Hoy es imposibleimaginarse que nuestros fairways hayan sido alguna vez un pantano. Hay especiesarbóreas que fueron especialmente traídas de distintos viveros del país.Arbustos puestos por paisajistas, renovados todas las temporadas y mantenidostodas las semanas. Riego automático que se enciende todas las noches.Fertilizantes, insecticidas, abonos. ( )
" Nuestra cancha seresiembra todos los años. No en todos los clubes lo hacen, la mayoría sóloresiembran la salida de cada hoyo. Pencross en los greens y Bermuda en los fareways. La resiembra, sumada al costo de las máquinas, al personal involucrado, alos sistemas de riego y desagote, etcétera, hacen que el costo de mantenimientode la cancha de golf sea uno de los renglones más abultados de nuestropresupuesto. Los tenistas se quejan. Hay pica entre quienes practican uno yotro deporte. Dicen que el club invierte mucho más dinero en golf que entenis, y que todo sale de los mismosbolsillos.
"Pero invertir en lacancha de golf no es sólo una cuestión deportiva. Los socios pueden caminar porla cancha, tomar algo en la terraza del hoyo 9 frente a un paisaje envidiable,escuchar música mirando una puesta de sol sobre el hoyo 15, hacer safarisfotográficos para retratar distintos tipos de aves. ( ) Pero más allá delplacer que cada uno pueda sacarle a nuestra cancha, hay un importante factoreconómico, y eso lo sabemos todos. El valor de nuestras casas está relacionadodirectamente, en un porcentaje indeterminado pero sin duda significativo, consu cercanía a un buen link de golf. La misma casa, en un barrio sin cancha degolf, no valdría lo que vale.
El pasaje corresponde a "Las Viudas de los Jueves, novelapolicial escrita por Claudia Piñeiro en el 2007 y llevada al cine en el 2009por Marcelo Piñeyro, con papeles protagónicos de Pablo Echarri, Leonardo Sbaraglia,Gloria Carrá y Juana Viale entre otros. Si bien el imaginario country de "Altosde la Cascada no cita una locación real, la descripción que hace la narradoraacerca del significado social de la cancha de golf es perfectamente aplicable ala Canning de hace algunos años atrás. Desde la histórica cancha de Mi Refugio un circuito de 9 hoyos, proyectada por el reconodido diseñador Emilio Serra einaugurado en 1984 pasando por los links de Venado I y II, El Sosiego en los90, a las 5 canchas del complejo Saint Thomas y la cancha premium apadrinadapor Roberto de Vicenzo en San Eliseo, durante buena parte del desarrollo de laciudad, el golf significó para Canning lo que magistralmente describe Piñeiroen su novela: "Invertir en la cancha de golf no es sólo una cuestióndeportiva.
Sin embargo, hoy en día, proyectar un nuevo country quecuente entre sus ammenities con una cancha de golf es prácticamente impensable.Y la discusión que plantea Piñeiro entre "los de tenis y los de golf, parecehaberse inclinado definitivamente para el lado de "los de tenis. Sobre todocuando "los de tenis no son ya sólo los jugadores de tenis en un sentidoestricto, sino un número que tranquilamente se acerca al noventa y nueve porciento de la población o de la potencial población de una urbanización; esdecir, todo aquel que no juega al golf. E inclusive, algunos de los golfistas,que ya no ven como una condición imprescindible la posibilidad de practicar eldeporte en el mismo lugar en el que viven.
"Estrictamente hablando, nosotros en Malibú tenemos losmetros cuadrados necesarios como para construir una cancha de golf. Pero jamásni siquiera se nos pasó por la cabeza esa posibilidad. Construir un circuito degolf es una inversión enorme, y poder mantenerlo implica unas expensascarísimas que hacen que un barrio, hoy en día, sea imposible de mantener enfuncionamento. Hoy tener una cancha de golf repele a mucha más gente de la queatrae, y si ya para una urbanización establecida es difícil, para un countrynuevo es totalmente inviable, explica Tony Botana, desarrollador de Malibú.
"Canning no es la zona norte continúa Botana -, y por másque en algún momento se pensó que íbamos a seguir por ese mismo camino, larealidad demuestra que nuestra ciudad es muy distinta en ese aspecto. La zonanorte está más planteada para el golfista, y si bien los primeros countries quese instalaron incluyeron una cancha de golf, el desarrollo posterior de nuestrapoblación demostró que era otra nuestra identidad. Los primeros countries, comoMi Refugio, vinieron como parte de la colectividad judía y del mismo grupo degente que ya se instalaba en zona norte. Highland, en Pilar, y acá Mi Refugio,por ejemplo, fueron obra del mismo diseñador y forman parte del mismo periodo.Pero el desarrollo orgánico que tuvo Canning posteriormente nos alejó de eso. Yse ve en El Sosiego, en Saint Thomas, en San Eliseo que hizo una apuesta muyfuerte y tiene una cancha de golf de primerísimo nivel pero todavía no terminade afianzarse, a pesar de que ya lleva casi quince años. No somos una zona degolf, concluye.
Para tener en cuenta, un campo de golf de 18 hoyos debesumar en la distancia de su recorrido no menos de 5200 yardas 4755 metros-lineales para cumplir con los requisitos de homologación de la AsociaciónArgentina de Golf. Cada porción defairway requiere un mínimo de 50 yardas, que si se suman al espacio requeridopara separar cada hoy del otro, hace que una cancha necesite por lo menos unas20 hectáreas para hacer caber los 18 hoyos. Más aún, si ese circuito seencuentra entrelazado dentro del diseño de un barrio como es el caso de SaintThomas , la superficie mínima necesaria alcanza con facilidad las 40hectáreas, el tamaño de un barrio cerrado pequeño. Esas 40 hectáreas requierende un césped especial generalmente de la variedad Bermuda- para el fairway yotro para el Green. El Green, la zona de la cancha donde se encuentra el hoyo,requiere de un mantenimiento especializado de manera constante. Y aún hay quesumar el costo de mantenimiento de las trampas de arena, de las lagunas y de sufauna instalada, de las salidas, las señalizaciones, puentes y senderos; unacabina de starter donde se concertan los turnos de salida para evitar lacongestión de jugadores -, en algunos casos un pro shop o tienda especializada,y como un ammenitie agregado, el driving range donde practicar tiros largos yun putting green. Y, más importante aún, el personal necesario para mantener enestado operativo semejante infraestructura. El poseer una cancha de golf, no espara nada una cuestión menor. Junto con el costo de la seguridad privada, esuno de los dos factores que más influyen sobre el valor final de las expensasde un country.
"En algún momento, se vio como un símbolo de status, perohoy en día con los precios de la tierra y el costo de los salarios, escompletamente impensable opina Cesar Giuggoloni, CEO del Grupo Giu, que tienea cargo el desarrollo de Don Joaquín y Laguna del Sauce. "Una cancha de golfagrega más valor como paisaje que como infraestructura deportiva, pero esdemasiado caro de mantener y más caro aún de construir. Nosotros nunca nos loplanteamos, y tampoco vemos que haya suficiente gente que juegue como paraconsiderar que existe un mercado.
"Pero no solamente es un problema de costos o de espaciofísico, sino que creo que viene acompañado de un cambio social, explicaGiuggoloni.
"El country ya no esun lugar de esparcimiento, sino que es un lugar de vivienda permanente, y lagente viene buscando seguridad y buscando un estilo de vida que ya no es el quese planteaba hace 20 años. La gente joven que viene ahora a Canning no piensaen una cancha de golf, porque tampoco juega. Y el que si juega, prefiere pagaruna membresía de un club o que el country al que se va a mudar le ofrezca lamembresía para usar alguna de las canchas que ya existen, más que buscarmudarse a un barrio con cancha propia. Depende del status al que se quieraacceder, por supuesto, porque una cancha de golf no es solamente una canchasino que de alguna manera es un símbolo, pero que creo que se aleja del perfilal que apuntan los nuevos desarrollos. Y agrega, que "inclusive estamos máscerca de pasar a una etapa de barrios privados, sin ningún tipo de ammenities ni un Club House, ni una pileta comunitaria, ni canchas de tenis que a pensaren construir una obra faraónica de este tipo, que vaya implicar semejantegasto. Construir una cancha nueva en Canning es impensable, no hay mercado, yya es suficiente desafío el tratar de mantener las que ya existen.
Al margen de este fenómeno, sin embargo, quedan loscountries pioneros, miembros de la comunidad judía, en quienes el golf es parteintegral de la actividad deportiva y la competencia en FACCMA y en laAsociación Argentina de Golf, se muestra vital y atractiva.
En Saint Thomas, por el contrario, algunos sectores yaproponen el desmantelar la cancha del Sur para aprovechar el espacio comolotes, o para generar nuevas áreas de esparcimiento. De facto, muchas zonas delcircuito se transformaron en recorridos de caminata y es cada vez más difícilevitar que los jóvenes en moto o en cuatriciclo entren al terreno. De algunamanera, el estilo de vida propio e idiosincrático del mismo vecino es el quedetermina en los hechos el destino del link. Las lagunas que antes eranobstáculos se transforman en paisajes, y los greens donde estaba prohibidopisar se vuelven zona de picnic. Quienes viven hoy en Saint Thomas, aseguranque los golfistas no superan la veintena, entre las casi 600 familias queforman el complejo. Y que muchos de los que juegan, tampoco usan el circuitocompleto, sino que apenas van a tirar un par de golpes, o a jugar cada tantolos dos o tres hoyos que quedan más cerca de su casa. Ya no hay torneos de golfdentro del country, y el Club House de Saint Thomas Norte, originalmenteconcebido como Club House de Golf, ya no ostenta ese título. Quizás un poco seexplique por un frío análisis de costos, por el aumento desmedido de lasexpensas, por el precio de la tierra y el costo de mantener algo que paramuchos es bonito, pero caro e inútil. Quizás sea parte de un cambio social másamplio, en el que el country como institución va perdiendo rol social, y lapoblación se amalgama en una entidad más grande, que toma forma como ciudad ydeja atrás una etapa en la que el propio barrio era el eje de la actividadsocial del countrista. ¿Son entonces las canchas de golf, con sus lagunas, susarboledas, su flora y su fauna, un elefante blanco?






