Canning

Del carrito de lomos al Super Changuito

Viajaron de Canning a Entre Ríos por un negocio gastronómico que no terminó bien. Recuperaron un “changuito” que empezó a vender ambulante, y se terminó instalando como un clásico.

Del carrito de lomos al Super Changuito
El Diario Sur

"Empezamos hace dos años ya, estábamos enfrente de Las Toscas, en el estacionamiento.  Después vinimos acá y por eso lo pusimos acá”, relata Andrés que va poniendo, mientras tanto, los primeros bifes del día a la parrilla, preparándose para una nueva jornada al frente del Super Changuito. Un gazebo naranja de chapa bien ambientado a un costado de Mariano Castex, justo frente a la Escuela n°9 de Canning. "Todo lo hicimos juntos con mi tío, Maximiliano”, es la frase que cierra cada uno de los conceptos, atento a no llevarse el crédito de un trabajo echo hombro a hombro. "Reconozco que frente a Las Toscas molestábamos mucho, en realidad. Antes de irnos pudimos llegar a un arreglo que no molestamos a nadie. Por suerte acá son buena gente los vecinos que nos tocaron en este nuevo lugar y ya no molestamos”, reconoció. En ese trajín de mudarse del estacionamiento del shopping en el que estaban dando vueltas hace casi dos años estuvieron un mes parado, y Andrés cuenta que costó volver a empezar. "Estuvimos parados más o menos un mes, y estuvimos dos meses soldando. Esto lo hicimos nosotros todo a pulmón. Acá estamos hace dos meses”, relata. Pasó de ser sólo un changuito, a ser ahora un comercio digno de llamarse SuperChanguito. El chango tiene una historia. "Estábamos haciendo un carro de licuados para la costanera”, cuenta Andrés cuando recuerda que la "locura” de este pequeño emprendimiento gastronómico empezó hace varios años. "Cuando nosotros nos agarró la locura fue hace ya como cuatro años. Vendimos unos terrenos que teníamos acá y nos fuimos a vivir a Entre Ríos. Allá, nosotros vimos un lugar y pusimos un local de Lomitos por Metro. Estuvimos dos años viviendo allá y el producto rendía bien, pero hubo un invierno en el que no pasaba la carne, tuvimos que llevar el sándwich a precio muy caro y por eso terminamos fundiendo. Ahí tuvimos que vender todo, y entre eso estábamos haciendo un carro de licuados para la costanera. Ese carrito fue el que trajimos y con el que empezamos a vender frente a Las Toscas”. Una historia de nunca aflojar. Siempre en positivo Andrés cuenta que entre Canning y Entre Ríos es mucha la diferencia. "Allá es todo un pueblo, solamente hay comercio en primavera, gente por el bingo, y principalmente turismo. Acá estamos minados, hay gente todo el día y todos los días”. Además, recuerda que "por suerte” hay mucha gente de los countries, pero también se suman en abundancia aquellos trabajadores de Canning, principalmente del rubro de la construcción. "La mayoría ya nos conocen. Porque siempre fuimos los mismos y nunca tuvimos empleados, somos siempre los mismos atendiendo. Con la gente siempre nos llevamos bien porque eso es lo mejor que tenemos: la atención”, insiste con alegría mientras anticipa que buscarán tener más para ofrecer en el verano con productos propios de la estación como licuados, helados y otras variedades.