El origen de la inmobiliaria nace de lo que era un estudio contable. Oscar Aracama empezó en la actividad liquidando impuestos y asesorando impositivamente a los pocos comercios que había en Monte Grande, hace de esto sesenta y pico de años. La relación con el comercio y con el público fue abriendo posibilidades de venta. La parte inmobiliaria se hizo más atractiva y entonces prescindimos de la parte contable y nos dedicamos de lleno a la parte inmobiliaria. Hoy es manejada por su hijo y sus nietos que hablan de él con admiración, y él de ellos con ciega confianza.
¿Tenías ganas o te imaginabas en este rubro cuando empezaste?
No porque yo empecé a los quince años a trabajar. Fue todo producto del trabajo en la circunstancia en la que estábamos. Venía a Canning en bicicleta cuando no había nada más que pasto, pajarito y vacas. Venía al horno de los Vedobato. Yo venía en bicicleta a liquidar las quincenas de los cortadores de ladrillos.
¿Y tantos años después, qué te parece Canning?
Esto no es más Canning, es otra cosa. Es otra ciudad. Era una zona de campo y de quintas. Ahora es una zona con un progreso que nadie podía avizorar. Nosotros abrimos una oficina en Canning en 2001 o 2002. Lamentablemente era en plena crisis y no había ningún movimiento, entonces tuvimos que cerrar. Ahora en la medida que se dediquen intensamente y atiendan a la gente como ellos saben atender van a triunfar sin ninguna duda.
¿Qué consejos les das?
Trabajo, cumplimiento, honestidad y responsabilidad. La plata después viene sola. No hay que pensar primero en la plata, hay que pensar primero en cumplir. Me lo enseñaron mis padres y lo fui aprendiendo durante la vida. Sin ninguna duda mi hijo y mis nietos lo han aprendido también.
Ya hablamos de Canning, ¿y del viejo Monte Grande?
Era un pueblito del Gran Buenos Aires como eran todos los demás. En cada cuadra había cuatro casas y el resto estaba baldío, y la ciudad eran seis o siete cuadras alrededor de la estación. Nunca imaginamos que se iba a convertir en esto. La cultura de aquel entonces no era la riqueza, era el trabajo. No era la filosofía actual que no digo que sea incorrecta. En aquel entonces era la vida más apacible, se soñaba con trabajar y con progresar de a poco y lentamente.
Imagino que te quedaron muchos afectos en Monte Grande.
Yo creo que sí, salgo a la calle y siempre encuentro alguien que me saluda. Gente que me dice "vos me hiciste comprar tal casa. Lo que pasa es que ahora ya no se puede medir tanto porque ha crecido tanto.
¿Qué valor personal tiene la función de entregar una casa, o un hogar?
Siempre lo vi desde un perfil humano y progresista. Entendí que cuando un individuo adquiere una casa, o un lote nomás, ya adquiere otra visión filosófica de la vida. Empieza a hacer más esfuerzos para hacer ladrillo sobre ladrillo para que sea su futura casa. La propiedad es la base del sistema democrático del ser humano y uno de los mayores pilares de las personas.
Hoy toda esta historia la sigue tu hijo con tus nietos, ¿creés que van a cuidar el nombre que pusiste donde pusiste?
Toda la vida trabajé para que el nombre fuera respetado y valorado, y entiendo que ahora los que me siguen están en la misma línea. Que lo van a llevar adelante al apellido, el nombre y el comercio en sí.






