Si de historia viva de Canning queremos hablar, es imposibleque La Lusitana no sea mencionado en la conversación. El comercio que abrióallá por el 1960, cuando los primeros habitantes del lugar comenzaban aconstruir sus casas, la calle era de tierra y transitada por carros decaballos, sigue vigente hasta el día de hoy. Ubicado en la calle SargentoCabral al 2076 -junto al bar que lleva el mismo nombre-, el local es abiertocada mañana por su dueña, Gloria De Amaro, quien continúa al frente delmostrador.
"Cuando decidimos venirnos para acá con mi esposo, lo únicoque había era un horno de ladrillos al lado de este terreno, con el cualcomenzaron a construir el primer country de la zona. A partir de ahí comenzó avenir más gente, asfaltaron la calle y entonces yo, como mi marido trabajaba,pensé en abrirme algo en el jardín de mi casa, para no aburrirme. Empecé conuna especie de kiosquito, fui trayendo cosas que veía que las personas de acánecesitaban pero se tenían que ir hasta Monte Grande o más lejos paraconseguirla, y así fuimos creciendo, relata la mujer nacida en Portugal, con suacento aún a flor de piel.
Gracias a ser uno de los comercios que fue creciendo codo acodo con la zona, Gloria conoce a todos y cada uno de los clientes que asistenal local, con quienes ya posee una relación desde hace varios años: "La genteque viene habitualmente es la del barrio, con quienes ya nos conocemos de todala vida. Yo atendía a nenes que iban al colegio, que hoy en día son abuelos ysiguen viniendo acá. Sin embargo, no solo las personas de las casas aledañasson quienes compran en el antiguo local, ya que "A pesar de que no tengo muchascosas de marca, los vecinos de los countries también se acercan, porque sabenque acá encuentran los productos más chiquitos que no consiguen en otro lado, yademás también nos conocen por el tiempo que llevamos abiertos.
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Con el correr de los años, la urbanización y el desarrolloque ha sufrido Canning, el ambiente de barrio que inundaba el lugar y el airecampestre que se respiraba, ya no es el mismo, y sobre eso reflexiona la señoraDe Amaro: "La tranquilidad y la paz que había cuando nos mudamos para acá eradistinta, éramos pocos y nos conocíamos todos. Hoy en día el barrio ha crecido,se ha venido mucha gente para acá y la actividad en la calle es otra. Ya no esmás el fin del mundo, como cuando llegamos nosotros, se convirtió en algo muylindo.
Si bien en el último tiempo la venta y las ganancias delnegocio han ido mermando, Gloria sigue firme al frente del mismo, más activaque nunca y con las convicciones siempre firmes: "Con los aumentos que hubodurante estos meses y la llegada de grandes marcas a la zona, se hace cada vezmás difícil competir con ellos. Sin embargo no tengo pensado cerrar en ningúnmomento, porque mi intención no es estar todo el tiempo echada en un sillón, o hacermemillonaria, sino que lo que a mí me reconforta, me hace sentir útil y viva esabrir el local todos los días.






