Marciano Martínez tiene98 años y vive en Canning hace más de 30.Se instaló en la localidad cuando recibió la oportunidad de trabajar comocasero en una quinta de cuatro hectáreas ubicada en la calle Mariano Castex al400.Cuando los dueños decidieron vender la quinta, considerando la edad de Marcianoy que no tenía donde ir a vivir, le ofrecieron como compensación del pago de laindemnización, comprar una casa en la que pudiera vivir lo que le quedara devida y constituir así un usufructo vitalicio.
La casa en cuestión, ubicada allado de Plaza Canning, terminó por quedar entre este edificio y los localescomerciales aledaños. Marciano vivió allí hasta que los dueños fallecieron y setramitó la sucesión."La heredera vendióla casa al hermano del abogado que tramitó la sucesión, aprovechando que elusufructo no había sido inscripto e importándole muy poco el destino quetuviera, le contó Romina Lieby, la sobrina del anciano, a El Diario.
Y agregó:"Desde el año 2013 estamos en negociación con el nuevo dueño para que nodesaloje a nuestro tío, no solo porque es un derecho que él tenía y abusando desu confianza y falta de instrucción ya que no se perfeccionó tal como debíahaber sido, sino también porque dada la edad avanzada de Marciano, si tiene queenfrentar un disgusto tan grande como abandonar su casa, se muere de tristeza.
Según la mujer, el nuevodueño "desoyó todas las propuestas y, decidido a demoler la casa y construirlocales, el 1 de julio inició el juicio de desalojo.
Desde el punto de vista legal, Marcianoenfrenta un juicio de desalojo "complicado. "Esto nos lleva a pedir ayuda a los vecinosque lo conocen, a los que saben que ése es su lugar, a los que lo conocen desdeque se instaló allí, a los que lo conocen de menos tiempo y a cualquiera quedesee solidarizarse con él, para que juntos logremos que quien o quienescompraron la propiedad con el corazón de piedra, se apiaden de nuestro viejo yno lo desalojen de su casa para demolerla y construir más locales, porque larenta que pudieran obtener no compensa que Marciano se muera triste, con lacerteza de que la palabra ya no tiene valor, explicó Romina.
"Haciendo pública suhistoria, tenemos la esperanza de que se sume gente que pueda ayudar para queMarciano no sea desalojado, concluyó.






