Historia local

La Lusitana cumple 50 años pero el festejo fue opacado por la crisis

En el día de su aniversario no hay fiesta ni celebración. Con mucho esfuerzo y sin bajar los brazos siguen abriendo las puertas del bar contra todo pronóstico económico.

La Lusitana cumple 50 años pero el festejo fue opacado por la crisis
El Diario Sur

No es fácil mantener un comercio y menos por medio siglo. La familia Amaro es un claro ejemplo de ello. Con mucho esfuerzo y dedicación fundaban un 28 de noviembre de 1968 La Lusitana, uno de los primeros bares y comercios de Canning, un espacio que se convirtió con el pasar de los años en un ícono de la ciudad.

Hoy la crisis opaca el evento y no los deja festejar. Al borde de la quiebra pero sin bajar los brazos, todos los días a las 5 de la mañana concurren nuevamente a su local de Sargento Cabral al 2000 para abrir al público. Este día, que debería ser un momento único e inigualable, es una jornada de trabajo más.

“Este año no hay festejo, es un día más de lucha. No dan los ánimos y económicamente tampoco. Para los 40 años habíamos hecho una hermosa fiestita con los clientes de hace años, videos, fotos, una cosa muy linda, 100 invitados. Fue una cosa única pero hoy no podemos soñar con esa fiesta”, lamentó Jorge Amato, uno de los dueños y lamenta: “Hoy no encuentro justificación para seguir trabajando porque perdés. Nos levantamos a las 5, nos vamos a las 22 pero el esfuerzo es en vano”.

Jorge, junto a su hermano Marcelo, hoy se hace cargo del negocio que mantuvo a sus familias a lo largo de años. A pesar de tener problemas visuales que dificultan las tareas, no conocen la vida fuera del bar.

“Yo tenía ocho años cuando empezó todo. Mi viejo con mi mamá empezaron con esto. Un día decidió dejar el horno que tenía y largarse a esto, como también era peluquero atendía el barcito y cortaba el pelo. Con el tiempo fue mejorando porque venía más gente acá, se fue agrandando con el tiempo y se fue forjando como lo que es”, añadió. “Después se fue haciendo bien familiar: mi viejo y mi vieja se encargaban de la tiendita y con Marcelo nos poníamos en el bar, con nuestras mujeres que también se sumaron a ayudar”.

Con tan sólo 14 años, por sus problemas de vista, debió dejar el colegio y comenzó a trabajar en La Lusitana. Hoy no conoce la vida fuera del local. “Es el quiosco, el bar, mi sánguche y el café, otra cosa no podemos hacer, estamos muy limitados y después de hacer 44 años lo mismo te acostumbras, por eso seguimos como podemos pero si la situación no mejora no hay que hacer”, culmina.