La cantidad de puestos callejeros que venden frutas y verduras sobre la Ruta 58 aumenta de manera considerable todos los meses debido a los precios económicos que ofrecen, pero además de no contar con una habilitación correspondiente, todos los productos se encuentran expuestos a diferentes factores que pueden perjudicar la salud de quienes lo consuman.
Los dos kilos de melones, tomates, piñas, bananas, mandarinas y sandías pueden ser adquiridos por un monto que oscila entre los 50 y los 150 pesos, lo cual llama la atención de los conductores que circulan a diario por la zona. Estos valores son negativos para las verdulerías de la zona porque, a pesar de ofrecer alimentos de mayor calidad, el precio también es superior, por lo tanto, pierden clientes que optan por los precios más accesibles.

"Sus productos son baratos pero no tienen de buena calidad. Nosotros le brindamos el cuidado necesario a cada uno, tenemos un techo para protegerlos de las condiciones climáticas y utilizamos heladeras para refrigerarlos. Ellos tienen su mercadería expuesta al sol y a la lluvia, los colocan muy cerca de la ruta y por eso también reciben el impacto de los diferentes gases emitidos por el tránsito", aseguró un vendedor de la zona.
Además de no pagar los impuestos correspondientes, estos puestos callejeros tampoco tienen una libreta sanitaria correspondiente y elementos de seguridad básicos como un matafuego.

"A mi se me venció por 11 días la autorización que tengo para vender bebidas y tuve que pagar una multa de 28 mil pesos, en cambio, ellos no tienen habilitación y sin embargo no se toma ninguna medida", mencionó Natalio, que trabaja en una verdulería de Canning desde 1998.






