Francisco es un vecino histórico de Esteban Echeverría, porque fue uno de los primeros canillitas que hubo en la ciudad de Canning y hoy en día, a sus 86 años, sigue ejerciendo su oficio en un puesto de diarios en Monte Grande, ubicado en la intersección de las avenidas Colón y Pedro Dreyer.
Su abuelo fue el primero de su familia que llegó al país desde Francia y adquirió más de 200 hectáreas de campo, centradas entre el cementerio público del distrito y las zonas de countries sobre Sargento Cabral.
Cuando Pancho terminó sus estudios en el colegio Euskal Echea, tomó la decisión de empezar a trabajar en los tambos ubicados en el mismo predio hasta que cumplió los 20 años y se lanzó a un nuevo emprendimiento.
Durante las primeras instalaciones de cables de alta tensión, fue necesario adquirir pequeños sectores de diferentes propiedades para montar las columnas que sostienen el tendido y uno de estos fue solicitado dentro del campo familiar.
Con el dinero obtenido por ceder la porción de tierra, Francisco compró una estación de servicio ubicada en pleno centro de Banfield. Si bien pensó que iba a ser una gran fuente de dinero, se despojó al poco tiempo porque no le dio resultado y se animó a dar su primeros pasos en un negocio que siempre fue su pasión: la venta de diarios.
A mediados de 1982 adquirió su primer local centrado en el corazón de Canning y se mantuvo en el lugar durante dos décadas. Como abastecía a todos los vecinos de la zona, no tardó en volverse muy conocido entre los primeros residentes de Venado, El Sosiego, Circulo Social Hebreo Argentino y Los Rosales.
Su historia en el mismo barrio se extendió hasta 2010, cuando dio un giro a su vida y vendió su puesto. Sin embargo, su decisión no fue para ponerle un punto a su trabajo, sino para continuarlo a pocos pasos de su casa, en uno de los lugares más transitados de Monte Grande.
Panchotiene una evidente experiencia como canillita, por eso, planea seguir por el mismo camino durante mucho tiempo más.






