Hace ya casi un año a Guillermo Spotorno le llegó una inusual pero desafiante propuesta de trabajo: Hacerse cargo del seleccionado femenino U-16 de softball de República Checa, una de las potencias europeas en este deporte. A pesar de la distancia, la ausencia de la familia, el cambio de culturas y el hecho de dejar atrás la ciudad de la que se siente parte, aceptó. El reconocido entrenador local se embarcó en un nuevo sueño que tiene meta olímpica y, hasta ahora, viene bien encaminado para lograr este y varios objetivos más.
Spotorno fue vecino de Canning hasta junio del año pasado. Trabajó como coordinador deportivo en Centro Deportivo Canning y en el gimnasio Tuluka, donde se ganó una gran reputación por su dinamismo y pasión en cada entrenamiento. También fue uno de los formadores en el profesorado de educación física del Instituto Grilli, de donde se llevó grandes amistades que aún mantiene.
La situación en Argentina no estaba muy bien, entonces al ofrecerme esto y teniendo la posibilidad de sacar a Visa de trabajo, decidí venirme, dice Guillermo desde el otro lado del teléfono, a casi 12000 kilómetros de distancia de Canning.
El entrenador cuenta que si bien ha logrado avanzar profesionalmente atraviesa un proceso complicado, y que no todo es color de rosa en Praga, donde vive y trabaja: El gran dilema que tengo desde que vine es la familia. La idea es que puedan venir acá en un tiempo mi mujer y mis dos hijas. No sé si podría aguantar más de un año acá sin estar con ellas, admite, esperanzado con que los trámites no lleven más de lo esperado y así lograr instalarse por completo en la capital checa.
La mitad de sus preocupaciones pasan por ahí; la otra mitad están puestas en lo deportivo. Y es que Spotorno no sólo está al frente del seleccionado juvenil, también es el entrenador de Sabat Praha, uno de los grandes equipos de liga del país, y coach de la European Softball Federation, donde da clínicas para el desarrollo del deporte.
Para conseguir la clasificación del seleccionado sub 16, deberá imponerse en dos instancias previas. Primero en un grupo de seis selecciones europeas y luego ante los mejores cuatro de este grupo, y los mejores cuatro del grupo africano. La disputa está entre Holanda, Italia y nosotros. La primera instancia tiene que haber una clasificación asegurada, después la segunda va a estar más difícil, pero no imposible, asegura.
Para los checos el deporte no es poca cosa. Es una de las políticas públicas predilectas del gobierno, que adoptó un modelo similar al estadounidense. Acá el deporte es una prioridad. Los gimnasios están realmente colapsados. Tenés que registrarte casi con un año de anticipación. Cuando me lo dijeron no lo podía creer, hasta que lo vi yo mismo con el equipo de liga. Nosotros para ir al gimnasio hacemos todos los días más de 50 kilómetros, cuenta Guillermo con entusiasmo. De aquí se desprende otro de sus objetivos. Piensa abrir su propio gimnasio en Praga una vez que tenga validado su título de profesor de educación física.
¿Lo que más extraño de Canning? Hay dos cosas que extraño mucho. El hecho de que allá me sentía en un lugar que se mantiene como un pueblo. Ibas a tomar algo a la heladería y te cruzabas con alguien conocido al que saludar. Y también a mis alumnos y a mis compañeros de laburo, eso también extraño mucho. Seguimos en contacto mensajeándonos. Las dos veces que fui para Argentina fui a visitarlos. La amistad es algo que se extraña, concluye desde Praga el entrenador y vecino de Canning, Guillermo Spotorno.
Cuando yo empecé en la Selección Argentina teníamos un presupuesto de 300 pesos
Guillermo Spotorno trabajó durante 10 años con el softball argentino. Marcó un precedente en este deporte, consiguió resultados históricos y formó jugadores y jugadoras que se destacaron a nivel internacional. Cuando yo empecé en la selección teníamos un presupuesto de 300 pesos (año 2005). Esa plata era todo lo que teníamos para dividir entre el cuerpo técnico, rememora.
Por los campeonatos que fue logrando a nivel sudamericano, panamericano e incluso mundial, su equipo tuvo cada vez más presupuesto y se pudo desenvolver con mayor profesionalismo en el campo, proceso que intensificó después del 2010 con la fundación del ENARD.






