EDITORIAL

“Fuenteovejuna Señor, todos a una”

“Fuenteovejuna Señor, todos a una”, así responde el pueblo en la colosal obra ideada por el dramaturgo español Lope de Vega donde la ciudadanía se alza contra la tiranía del gobernador y termina con él.
sábado, 05 de abril de 2014 · 00:00

De ese modo tituló el diario español ABC la crónica donde describieron los "linchamientos” de estos últimos días en nuestro país. Me da vergüenza. No sé cómo explicarles a mis hijos que la gente es buena, que el asunto no es el mismo y que en Fuenteovejuna se describe el terrorismo de estado con la realidad del siglo XV. Ni estamos en el siglo XV ni esto es consecuencia del terrorismo de estado.

Tal vez sea mucho más adecuado pensar que deriva del miedo que pretende infundir cierto sector de la clase política. A las hordas de gente desenfrenada, deshumanizada, que intenta cobrarse con la vida de un ser humano el robo de una cartera, cuesta identificarla como ciudadanos comunes que pagan sus impuestos y van todos los días a trabajar.

La irresponsabilidad de apelar a cualquier cosa por un ratito de fama, por un minuto más en los medios, es un juego peligroso donde no se evalúan las secuelas de lo que se pronuncia ni su alcance. Hay que matarlos a todos…son ellos o nosotros…

Pretender la dominación de la sociedad a través del miedo genera terrorismo de estado. Eso, ya sabemos cómo funciona. Si le agregamos clandestinidad y oscuridad, el resultado es una ciudad repleta de tribulaciones. Hay una amenaza permanente de la que escapar que nos remite a lo más ancestral y primitivo que tenemos: el temor. Miedo a lo desconocido, a lo que nos podría pasar. Miedo a lo conocido, a lo que pasa. Una sociedad atormentada pierde lo que de civilizada tenía y brega en la pulsión de sus padecimientos.

A cualquiera le puede pasar, pero no sabemos qué. Hay que matarlos a todos… si no los matas, te matan... El terror es el arma más poderosa de dominación de un pueblo porque desmorona los pilares de su ser como sociedad. Hombres y mujeres, seres sociales unidos por valores éticos y morales que habitan un espacio donde el desprecio a la vida es la rara excepción, se convierten en pandillas capaces de cualquier atrocidad en pos de defenderse sin tener en cuenta, siquiera, de qué.

Esto no es fruto de la casualidad. "Los hechos extraordinarios no son más que la suma de muchos otros hechos ordinarios” (Zigmund Bauman).

¿Qué es lo que convierte a hombres y mujeres, personas comunes y corrientes, en una estampida asesina sin control, sin valores ni moral? ¿Qué lleva a una sociedad del siglo XXI con valores éticos, religiosos, moderna, integrada y globalizada a pretender linchar a alguien por robarse una cartera?

El miedo. Si no los matas, te matan. Es la psicosis ideada desde algún lugar de poder, como el que tienen algunos dirigentes políticos que hablan desde medios de comunicación masivos, la que incentiva a cometer actos vandálicos.

La responsabilidad de los dirigentes, en cualquier orden, es la de convocar a lo más humano de cada uno, a lo más noble y altruista, a los valores más altos de la sociedad. ¿Cómo? Comenzando a llamar las cosas por su nombre. No fue Fuenteovejuna, fueron asesinos. No es justicia por mano propia, es homicidio. Toda persona es inocente hasta que se demuestra lo contrario y no al revés. No es hartazgo social, es una horda asesina.

Cuando se derrumba la civilización, la humanidad entera es la primera víctima.

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