Editorial

Los intendentes no lloran

En nuestra radio decidimos realizar una ronda de entrevistas a los distintos candidatos a intendente. Creemos que resulta mejor un encuentro individual con cada uno, en el que no hay temarios ni tiempos preestablecidos y sí la posibilidad de abrir las puertas al diálogo.
domingo, 18 de octubre de 2015 · 11:05

Para evitar suspicacias voy a obviar los nombres propios para compartir algunas reflexiones que me dejaron alguno de los candidatos que ya pasaron por la mesa de la radio.

Si bien es esperable que todos los candidatos opositores suelan criticar al oficialismo en busca de diferenciarse, se dio hasta ahora una situación poco común: ninguno sostuvo posiciones encontradas ni irreconciliables con el oficialismo local. Todos coincidieron en propuestas que podrían considerarse esperables para un político en campaña, desde que las campañas existen: "más seguridad, mejor educación, mejor atención de la salud". Alfonsín ya resumía en 1983: "...con la democracia se come, se cura y se educa".

En las entrevistas, sin embargo, hubo un denominador común: la preocupación por el conflicto gremial en el policlínico local. Algunos le atribuían más responsabilidad al estado local que a los médicos y otros a la inversa. La fragilidad y vulnerabilidad de quién necesita atención médica y no la recibe, o la recibe de mal modo, no deja lugar a segundas lecturas. Así como las familias reconocían los reclamos de los maestros de sus hijos pero no avalaron los paros docentes, hoy los médicos son cuestionados por los mismos pacientes, aún frágiles y vulnerables.

Quiero compartir lo que me produjo un segmento de la entrevista que José Luis Barrio, nuestro director periodístico, le hiciera a uno de los invitados. El candidato contaba que en el encuentro con una familia que había perdido a su hija en el hospital, se había conmovido y puesto a llorar. Sensibilizado por el dolor ajeno y proyectando en su propia familia no pudo evitar el llanto. Cuando lo despedía del aire, José Luis, batallador de mil batallas, le dijo: "me voy a permitir un consejo: si sos elegido intendente no podés llorar. Los intendentes no lloran". La frase me invitó a pensar los porqués. ¿Por qué no debiera llorar un intendente? Seguramente por el mismo motivo por el que no debiera llorar un médico, aún cuando le comunica esa pérdida a la familia.

Creo que a la vocación y a las buenas intenciones hay que sumarle un plus para hacerse cargo de determinadas tareas. Creo también que no todos estamos preparados para afrontarlas, a pesar de que tengamos buenas ideas o posiciones y objetivos loables.

Los límites de la cancha los marca la realidad con la que enfrentamos cada partido. Es una realidad que no siempre nos deja margen de acción. A mí, por ejemplo, me hubiera encantado ser el 6 de la primera de Independiente, aunque nunca estuve ni cerca de serlo.

Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Buena semana.

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