Editorial

Lo que se mide no se discute

Domingo de elecciones. En algunas provincias del país es el segundo, en otras el tercero o cuarto y en otras el quinto domingo de elecciones. Especiales éstas porque podrían definir el próximo presidente de los argentinos.
domingo, 25 de octubre de 2015 · 11:31

La campaña alternó momentos de tensión y enfrentamientos, de definiciones e indefiniciones, de denuncias cruzadas y chicanas, y también de algunas bajezas que dan vergüenza ajena. En el medio de tantos mensajes encontrados y ruido, está la gente, y su soberano derecho y obligación de elegir. De eso se trata la democracia, ni más ni menos. Este domingo se terminan las especulaciones y los protagonismos de los encuestadores. Es hora de votar, contar los votos y someterse al resultado de la voluntad popular.

Para que todo esto suceda, y para que podamos empezar una nueva etapa en donde se pueda debatir sin discutir, y disentir sin temor a "romper lanzas", debemos empezar de arriba hacia abajo. Para lograrlo, los que conduzcan tendrán que estar a la altura de lo que pide la época. La democracia es aceptar la decisión de las mayorías en un "juego" donde las reglas son iguales, y son para todos. Si elegimos "jugar es juego", y aceptamos esas reglas, no nos victimicemos si perdemos, ni hagamos trampas para ganar. En el juego de la democracia todos tenemos un rol. Asumirlo desde donde nos toque, es un síntoma de madurez y bohonomia. Sembrar miedos, descréditos y dudas solo mina el futuro. Un futuro que será para todos. No aceptemos sin más a los inmorales, ni a los mal nacidos, que se alegran cuando al otro le va mal porque de algún modo lo beneficia.

El gobierno saliente, de Cristina Fernández, abandona el poder con un índice de popularidad y aceptación superior a todos los gobernantes que lo hicieron desde la reconquista democrática de 1983. Basta con recordar los últimos días de gestión de Alfonsín y Menem. De eso no caben dudas.

Sin embargo, también deja una suerte de brecha, que otros llamaron grieta, y que entre todos tenemos la obligación histórica de saldar. No tienen sentido el insulto, ni el descrédito por pensar distinto. Hay quienes se permiten ser peores que quienes critican, en una peligrosa estrategia donde el fin justificaría las formas y los medios. Las sociedades se construyen a partir de superar las crisis y en eso, nosotros, los argentinos, podemos dar cátedra.

Brindo porque este domingo por la noche no existan denuncias de fraude, ni fraudes; y porque los ganadores no ninguneén a los perdedores porque la construcción nacional depende de todos: trabajando juntos para el bien común, en armonía, organizados y en paz. Brindó porque el futuro le depare menos protagonismo a los "Lanatas" y a los "Brancatelis".

Brindo también porque los gobernates den el ejemplo y porque estén a la altura.

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