EDITORIAL

Dura lex sed lex (ley es dura pero es ley)

El comienzo de la semana nos sorprendió con una polémica futbolera que más que fútbol trasciende a los actos cotidianos de cada uno de nosotros. El árbitro de primera división Luis Delfino decidió dar marcha atrás con su fallo de penal y expulsión del defensor Valencia del equipo de Sarandí, ante el aviso de su asistente que “la mano” no había sido del jugador de Arsenal, sino de Mariano Pavone, de Vélez Sarfield.
domingo, 12 de abril de 2015 · 13:23

El comienzo de la  semana nos sorprendió con una polémica futbolera que más que fútbol trasciende a los actos cotidianos de cada uno de nosotros. El árbitro de primera división Luis Delfino decidió dar marcha atrás con su fallo de penal y expulsión del defensor Valencia del equipo de Sarandí, ante el aviso de su asistente que "la mano” no había sido del jugador de Arsenal, sino de Mariano Pavone, de Vélez Sarfield. Claro que este asistente, fue avisado por "alguien” que vio la repetición por televisión, en una clara violación del reglamento. Debo reconocer que me enteré varias horas después, y una catarata de verdades que por años repetí hasta el cansancio se derrumbaban con la simple decisión de un "juez” que no pasará a la historia  por su gran arbitraje, sino por  "revolucionario?”.

Quienes corremos detrás de una pelota desde siempre, tenemos la debilidad de emparentar el fútbol con la vida misma, tal cual lo dice (y yo repito hasta el cansancio) el gran Cesar Luis Menotti que "se juega como se vive”. Es por eso, que parte del legado que intento  dejarle a mis hijos, ya casi hombres, es el respeto a la autoridad más allá de sus decisiones que a su juicio puedan parecer injustas. Si el docente dio la indicación NO ES DISCUTIBLE y si el árbitro cobró penal, ES PENAL. Y para argumentar este axioma, digo que "jamás vi un árbitro que diera marcha atrás en su decisión, por lo cual es inútil el reclamo”. Y para que no queden dudas, cito el reglamento del juego que claramente dice que "el error del árbitro forma parte del juego”. Capítulo cerrado, fin de la discusión, a dejar de llorar y esperar el próximo fin de semana que el fútbol siempre da revancha. O a estudiar y esforzarse más para obtener la aprobación del docente.

Pero el Sr. Delfino cambió las reglas del juego. A su solo criterio, y como un justiciero, decidió cometer una injusticia para subsanar otra injusticia. ¿Era justo que cobrara penal y expulsión si él vio y juzgo de esa manera? SI, contundente, porque la regla dice que solo él juzga, apoyado en sus colaboradores, y que si su fallo es desacertado es otra circunstancia del juego como si un pozo en la cancha hiciera picar mal la pelota y se desviara del gol. ¿Era justo que sabiendo la verdad de los hechos diera marcha atrás? NO, la regla dicta con claridad que no puede apoyarse en ninguna otra condición que su interpretación y la de sus colaboradores.

Ud. puede pensar que estoy hablando de futbol, pero no. Estoy hablando de la vida misma. A diario escuchamos el reclamo de  personas  enardecidas por situaciones que consideran injustas (y a veces claramente lo son)  pide que se actúe más allá de lo que  la ley indica. El principio romano que titula la editorial dice traducido "la ley es dura, pero es la ley”.  Y ningún ciudadano debe arrogarse para si el derecho de interpretarla a su arbitrio, ya que en nombre de la justicia seguramente cometerá una injusticia.

Todas las leyes son revisables, y hasta adaptables por el cambio de condiciones o de las costumbres. Pero estas modificaciones deben ser realizadas por las personas que "la ley” indica. En este caso, será la International Board que estudiará y decidirá si es necesaria la utilización de la tecnología para apoyar los fallos arbitrales. En la sociedad, es el Congreso  quien revisa las leyes y normas que los funcionarios ejecutan. Pero de ninguna manera debemos permitir que cualquier persona se arrogue para sí la potestad de cambiar "las reglas”, condición necesaria para que sigamos siendo una Republica con leyes que los legisladores dictan, el gobierno ejecuta y los jueces juzgan.

Ud. podrá seguir pensando que soy un soñador, yo le aseguro que no soy el único.

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