EDITORIAL

Volver a jugar, por jugar

Vergüenza: la palabra más publicada y repetida en las últimas 48 horas en relación a un partido de fútbol.
domingo, 17 de mayo de 2015 · 09:47
Horas de radio y tv, columnas y centímetros de medios gráficos, análisis y catarsis en las redes sociales. 
Hay quienes se indignan, otros que buscan la verdad, otros que especulan deportivamente, y también los que justifican lo injustificable con silencio. Increible. Tal vez por intereses mezquinos, o por miedo, hay quienes hacen silencio, y no condenan la violencia.
Parece naíf preguntarse cómo sucedieron los hechos. Los que decidimos ver fútbol en la cancha debemos soportar hasta tres cacheos policiales antes de entrar, aceptamos que el "folklore" de las hinchadas se había tornado peligroso y solo vamos cuando nuestro equipo juega de local. También vemos que el número de efectivos policiales no bajó, a pesar que los riesgos debieran haber disminuido. Y sin embargo...
Mientras una mujer policía vacía la cartera de una señorita y la despoja de su maquillaje, alguien a su lado entra a la cancha bengalas, bombas de humo y gas pimienta. En otra esquina un señor se queja porque le sacaron el encendedor con el que no podrá fumar sus nervios, mientras que a 6 metros "un vivo" entra un equipo de dron. Imágenes de la realidad. En paralelo, los más violentos no tienen que lidiar con estos menesteres. Todos sus "petates" están prolijamente guardados dentro del propio estadio, en una muestra más de la connivencia dirigentes/barras.
El día después parece más de lo mismo. Dirigentes que dicen: "yo señor, no señor". Funcionarios que sostienen que el operativo fue impecable, pero se olvidan que 1300 policías no pudieron garantizar que un equipo de fútbol deje la cancha sin recibir mil botellas plásticas de despedida, después de estar casi dos horas esperando una decisión que garantizara seguridad. 
Hoy nos encontramos todos buscando responsables, como sin saber que los responsables somos todos.El último fin de semana más de la mitad de los partidos de la liga intercountries de Canning terminó con expulsiones múltiples en el medio de peleas y empujones. Otros "adultos" que negocian con la organización para que les levanten suspensiones previas, generan  denuncia, impugnaciones y reclamos.  Son los mismos "adultos" que ensucian una liga infantil modelo, como la que lleva adelante la FEFIJEE, presionando y gritándole a sus hijos que lo único que importa es ganar. El contrario es un rival, un enemigo al que hay que vencer a cualquier precio. Claro que fuera de la cancha somos todos amigos, "lo que pasa en la cancha queda, queda en la cancha". Mito futbolero que no hace mas que justificar lo injustificable. El violento en la cancha es violento fuera de ella. La cancha es su excusa, la violencia es suya: lo que pasa en la cancha, pasa en la vida. 
Así, estamos fritos. La liga de fútbol infantil, la de intercountries y la Asociación del Fútbol Argentino. Para algunos el fútbol puede ser diversión, para otros un juego y para otros un negocio. Para ninguno debiera ser sinónimo de violencia. Si no, la violencia terminará con el juego, la diversión y el negocio. Inexorablemente. 
"Todos los problemas son de educación" (Domingo Faustino Sarmiento). Empecemos a educar con el ejemplo.
Si cada uno asume su responsabilidad y es consecuente en sus actos podremos generar las condiciones para volver a  jugar.

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