EDITORIAL

M'hijo el dotor

Hasta no hace muchos años la educación era por excelencia el vehículo social ascendente. En pueblos y ciudades los que accedían al nivel universitario tenían garantizado futuro laboral y salarial, al tiempo que alcanzaban un estatus social superior. Así, ser maestro era un valor, marcaba la línea entre el que sabía y los que aprendían, y nadie lo discutía. Lo mismo pasaba con el doctor, ingeniero o abogado. Fueron las profesiones fundantes de la sociedad del siglo pasado.
lunes, 15 de junio de 2015 · 12:29

Claro que no siempre, ni todas, eran rosas. Sobre todo en términos salariales. Hubieron muchos años en los que los docentes y los propios médicos estuvieron mal pagos. Todos coincidían sin embargo en la importancia de la salud y la educación y en lo fundamental que significaban buenos profesionales en esas áreas. Sin embargo, no siempre tenían una remuneración acorde a su valía y/o aporte a la sociedad.

Toda esta descripción dejó de lado, ex profeso, un concepto clave en esa elección profesional: la vocación. Somos lo que hacemos. También, cómo lo hacemos. No todos estamos a la altura de algunas profesiones absolutamente necesarias para una sociedad. Y, a veces, no todos valoramos que esas elecciones no tienen necesariamente que ver con expectativas salariales y sí con valores, vocación de servicio, amor al prójimo, en dar sin esperar.

Camilo Etchevarren es el actual intendente del municipio de Dolores. Esta semana me contaba que uno de los mayores problemas problemas que no pudo resolver en su gestión fue el del hospital local. Etchevarren decidió impulsar cambios que no fueron del agrado de la "corporación médica" y eso marcó un derrotero de conflictos que aún no pudo atravesar. Algo similar contaba el jueves 11 Daniel Di Sabatino, intendente de San Vicente, cuando agasajó a los periodistas en su día: "...cada vez resulta más difícil cubrir las guardias por falta de médicos". Esta edición refleja un nuevo capítulo del conflicto entre la CICOP de Esteban Echeverría y el municipio. Se trata de una pelea histórica que pasó por distintos capítulos. Los primeros eran salariales que fueron luego saldados con la equiparación de los sueldos municipales con los provinciales. Le siguieron denuncias por falta de insumos y medicamentos, que el municipio respondió publicando en su web el vademécum de todos los medicamentos a disposición en la farmacia municipal. Finalmente, los médicos sindicalizados, denuncian precariedad edilicia a lo que el estado municipal responde con un cronograma de las obras ya realizadas y las por realizar en el marco de un proyecto integral, "que supere los parches permanentes que sufrió el Policlínico en gestiones anteriores", afirman.

Esta edición refleja una denuncia que me dejó perplejo. Autoridades del Policlínico Sofía T. de Santamarina denunciaron penalmente a un médico, jefe de sección, por obstruir intencionalmente con sábanas y sachet de suero los ductos de la calefacción de la terapia intensiva. La denuncia es formal y cuenta con la declaración de numerosos testigos. Leerla da escalofrío.

La recordada obra "M'hijo el dotor" narra un caso de doble moral entre un padre campesino y pobre y su hijo que volvía luego de graduarse como médico en la ciudad. El acceso a una mejor educación le había corrido el vara de los valores familiares y lejos de hacerlo "ascender socialmente" lo había vulgarizado. Florencio Sánchez, su autor, hablaba entonces (1903) de la llegada de una nueva moral...

En 2015, los estudiantes de medicina estudian alrededor de 10 años antes de graduarse. Significa un gran esfuerzo y dedicación personal. Los últimos años se "cursan" en hospitales, y allí los aspirantes residentes se topan con la "realidad real": pacientes y médicos profesionales. Que no pierdan su vocación y la búsqueda del bien común depende en muchos casos de los jefes de servicio con los que se encuentren. Ojalá haya pocos que atenten contra su propio lugar de trabajo, que no demuestran la doble moral que anunciaba el uruguayo Florencio Sánchez, si no con la inmoralidad de un delincuente común.

Comentarios