EDITORIAL

Sobre el miedo escénico

Jorge Valdano es un nombre propio para los amantes del futbol. Nació en Las Parejas, Santa Fe, debutó en Newells Old Boys y luego brilló en tres equipos españoles donde sobresale el Real Madrid. Es uno de los últimos campeones mundiales de 1986, tiempo en el que reinventó un concepto en dos palabras: miedo escénico.
domingo, 28 de junio de 2015 · 15:51

Valdano cuenta que de chico dormía abrazado a una pelota de fútbol y que fue por culpa de una complicada hepatitis que estuvo un año y medio en cama, leyendo sin parar. También dice que "su miedo escénico" estuvo inspirado en un texto que Gabriel García Márquez había publicado en agosto de 1983 en el diario El País, de Madrid. Claro que el miedo escénico futbolero fue su modo de explicar lo que le sucedía a importantes equipos europeos cuando entraban al Santiago Bernabéu, mítico estadio de la capital española. En sucesivas ocasiones el Madrid dio vuelta de local resultados muy desfavorables sufridos en los partidos de ida (1-5 en Alemania, 0-3 en Italia y 1-4 en Suiza). Un Valdano aún jugador, luego sería entrenador y director deportivo, había encontrado el motivo por el cual las performances de sus compañeros crecían al mismo tiempo que la de los rivales bajaban: estos sufrían miedo escénico.  

Se trata de algo más profundo que un simple miedo. Se puede temer desde la muerte y la enfermedad hasta un simple viaje en avión. Sin embargo aquél miedo escénico simbolizaba el miedo a defraudar, a no estar a la altura, a sentirse sobrepasado por el contexto y las circunstancias. Son situaciones y sensaciones donde entran en juego variables inesperadas, difíciles de predecir. Simplemente sucede. Y le sucede a "los más pintados". Hay quienes se preparan durante mucho tiempo para intentar un logro u ocupar un espacio y después, una vez allí, se dan cuenta que no están a la altura, que no pueden, que en realidad se quieren ir... 

Hay, incluso, quienes invierten tiempo y dinero tratando de inventarse y/o reinventarse en algo que no son y que difícilmente puedan ser. Algunos se dan cuenta a tiempo y otros lo sufren cuando les toca salir al verde césped del Santiago Bernabéu.  

Lo que natura non da, Salamanca non presta. 

Esta reflexión viene a cuento de una convicción. Estamos a "minutos" de definir el futuro próximo de la Argentina mediante el voto y veo, escucho y leo demasiados librepensadores. Gente que hace propuestas irrealizables, que solo confunden a quienes tienen que elegir. Siempre es más fácil cuestionar que proponer, y también proponer que realizar. Cuando el partido está difícil, los mejores están siempre en el banco de suplentes. ¿Qué?, ¿cómo? y ¿cuándo? sería el antídoto a propuestas irresponsables. Preguntemos ante cada propuesta. Todos queremos vivir mejor, con todos los servicios, seguridades, sin baches ni miedos. El tema es cómo se hace, como se logra cada cosa. Cada vez que escucho: "tengo la única solución para este tema" (y se trata de temas centrales) tiemblo. Pienso: ¿a nadie se lo ocurrió antes? ¿Teníamos de vecino al nuevo Einstein y nunca lo vimos?  

Seamos responsables. Porque después del miedo escénico, esos nuevos Einstein van a usar de excusa "a la pesada herencia recibida". 

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