EDITORIAL

Del éxtasis a la ruina

La canción de la Bersuit refleja como pocas de que va eso de la "cultura argenta". La argentinidad al palo es probablemente un resumen cargado de ironía y cinismo de cómo nos vemos y actuamos como sociedad.
domingo, 12 de julio de 2015 · 00:00

Hace solo una semana estuvimos a dos penales de la gloria en Chile. Hoy buscamos a los mufas, denostamos al mejor jugador del mundo, asistimos a mil interpretaciones (futbolísticas, sociológicas, físicas, políticas, psicológicas, etc.) de los porqués. ¡Si somos los mejores! ¡Tenemos a los mejores! ¿Por qué "fracasamos”? La indignación crece de la mano de la confusión. Porque en la Argentina ser segundo es fracaso, como fracasó Holanda del 74 o aquel memorable Argentinos Juniors del 84. ¿Quién se acuerda de cómo jugaban? Si perdieron...

A la historia de unitarios y federales, Rosas y Sarmiento, conservadores y socialistas, radicales y peronistas, River y Boca, Menotti y Bilardo se le suma ahora Maradona y Messi. Y ahí acomodamos el discurso según más nos convenga. Los resultadistas sostienen que Messi será menos hasta que gane un Mundial, vale aclarar que el rosarino ya ganó mucho más que Maradona es toda su carrera. Los que describe "la argentinidad" no aceptan comparaciones. "Diego era pasión, trasgresión, potrero. Messi es un pecho frío...". Así somos.

Claro que si el resultado del sábado pasado en Santiago hubiese sido otro, nadie discutiría al mejor jugador del mundo. Porque es el mejor. Pero no juega solo. Sufre la misma "enfermedad nacional" de la que no logramos curarnos: la veneración del "mesías". En nuestro país lo colectivo siempre queda eclipsado por la "gran jugada" personal. Y los que nos salvan, o nos hunden, son personas, individuos. Ellos tienen la facultad de llevarnos al cielo o al infierno. Como si el resto "no jugara".

Así las cosas, el menemismo fue culpa de Menem, el grondonismo de Grondona y el proceso militar de Videla. La verdad es que todos sabemos la verdad, pero resulta más cómodo y sencillo cargarle éxitos y fracasos a las personas porque es más duro asumirlos como sociedad. En este análisis el fútbol es una anécdota, pero resulta un fiel reflejo de cómo somos. Los nombres propios antes que las ideas y los proyectos, cuando las ideas y los proyectos debieran "elegir" a los hombres capaces de llevarlos a cabo. Entonces siempre vamos a esperar la jugada genial, la creatividad que solo tenemos nosotros, los argentinos. Ya sea para hacer un gol o para definir política social o económica. Somos los mejores, los más talentosos y además tenemos la viveza del potrero y la suerte del campeón...

Amigos: ¡la suerte es mufa! Si nos apoyamos exclusivamente en la suerte estamos fritos. Seamos rigurosos, estudiemos, proyectemos a largo plazo, dejemos de lado el individualismo para construir colectivamente. Solo así podremos proyectar un futuro mejor.

Mientras escribo esto leo un graph de un canal de noticias que promociona una encuesta: ¿Messi debe seguir en la selección? El día que crezcamos como sociedad, tal vez nos avergüence haber convivido con tanta mediocridad.

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