Opinion

Que no nos tape el agua

Cuando todos empezaban a analizar la elección del domingo pasado, su proyección, ganadores y perdedores, nos tapó el agua. Producto del cambio climático, de las intensas lluvias, de la deforestación, de la falta de inversión sostenida en obras hídricas, de las estrategias de impermeabilzación de los campos o como castigo divino: nos tapó el agua. Más de 40 municipio de la provincia de Buenos Aires y varias ciudades santafesinas se vieron afectadas de distinta manera.
domingo, 16 de agosto de 2015 · 12:30

Como si siguieran en campaña, muchos políticos intentaron, y seguirán intentado, llevar ese agua para su propio molino. Situación que puede darles rédito a corto plazo pero que solo los empequeñece como personas y dirigentes.

Tanto oficialistas por políticamente incorrecto dar explicaciones que parecen excusas o salpican a algún funcionario colega en la gestión u opositores porque ponerse botas y sacarse una foto en medio de un charco con cara de circunstancia "garpa”, dan una explicación acabada de porque la foto de la esquina inundada en Lujan es igual en el año 1930 y en el 2015. "Nunca es triste la verdad lo que no tiene es remedio” recita Serrat. Es hora que los dirigentes que quieren gobernar enfrenten esa verdad.

Hace muchos años que escucho que ningún político hace las obras necesarias porque no las pueden capitalizar en sus gestiones de cuatro años. Discurso que se repite hace varios "cuatro años". Un ejemplo emblemático puede encontrarse en la ciudad de Buenos Aires, con su obra hídrica en la cuenca del arroyo Maldonado. Una obra que terminó con 70 años de inundaciones que afectaban a 15 barrios porteños, que construyó un túnel aliviador de casi 10 kilómetros de largo a un costo superior a los 200 millones de dólares. Esa obra que inauguró en 2012 el actual jefe de gobierno, Mauricio Macri, se proyectó 10 años antes cuando gobernaba Aníbal Ibarra. De hecho, Macri tuvo un gesto inusual cuando invitó al propio Ibarra y a Télerman (su antecesor) a acompañarlo el día de la inauguración. En resumen: un ejemplo de política de estado que benefició a 350.000 porteños.

Ese Macri que reconocía la gestión de sus antecesores en 2012 se equivocó este 2015. Subido a buscar una posición políticamente correcta ofreció "...los equipos técnicos de la ciudad para asistir a los inundados". Él sabe que en realidad hacen falta 1500 millones de dólares, y que el voluntarismo de su gente bajando al barro del conurbano no sirve para nada. O tal vez sí. Tal vez sirva para que conozcan de primera mano a los beneficiarios de los planes sociales que muchas veces cuestionan porque los reciben "vagos que no ofrecen contraprestación alguna".

Por otra parte, las obras que se realizan en los municipios solo sirven para contener lluvias, como la realizada en Canning/El Jaguel en el año 2010. Producto de esa obra hoy dichas localidad no se inundan a pesar de los desarrollos inmobiliarios realizados hace más de 20 años sin ninguna planificación hídrica. Estas obras solo contienen arroyos de desague pluvial, nunca ríos alimentados durante cientos de kilómetros por toda la provincia.

La cuenca Matanza-Riachuelo tiene un curso de agua de 64 kilómetros, 2200 km2 de extensión, recorre 12 municipios bonaerenses y la Ciudad de Buenos Aires, y afecta directamente a más de 3.500.000 de habitantes. Para empezar a resolver definitivamente su escurrimiento hacia el Rio de la Plata hace falta una mega obra que llevará más de 20 años y más de 1.500.000.000 de dólares. No se dejen confundir con los "vivos" de turno que proponen utilizar los fondos de fútbol para todos para terminar con las inundaciones. Con "estos vivos" siempre nos va a tapar el agua...

 

 

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