Opinión

Lo dificil de ser y parecer

Martín Palermo fue un goleador implacable en los 90 y 2000. Sin mucha destreza ni ductilidad se las arregló para quedar en la historia de Boca a pesar de haber surgido, y ser hincha confeso, de Estudiantes de La Plata.
domingo, 23 de agosto de 2015 · 20:05

 Así como Alberto Olmedo fue el precursor de los actuales PNTs televisivos (publicidad no tradicional) cuando gritaba "savoy, savoy" parafraseando a la licorería de la Av. Callao; Martín Palermo incursionó en la publicidad subliminal: cada vez que hacía un gol, lo festejaba arrojándose frente a un cartel de la empresa Puma, su principal sponsor. Lo que parecía una casualidad fue al tiempo descubierto como una movida comercial, y Palermo recibió un llamado de atención de su club. Claro que después encontró otra manera de seguir "festejando": pateaba (y a veces rompía) el propio cartel de Puma en su carrera de grito de gol. Nadie podrá nunca demostrar a ciencia cierta si esa estrategia permitió generar más ventas de zapatillas o botines Puma, pero sin embargo hubo allí una intencionalidad (comercial de la marca y económica del jugador) que el espectador común desconocía.

Esta semana reflexioné acerca de la realidad real (de la que ya escribí en otros editoriales) y la realidad virtual, por eso quería compartir la anécdota de "los festejos interesados" de Palermo. La realidad real de la imnensa mayoría de los asistentes o televidentes de sus goles era justamente eso: un festejo de gol. La virtual entraba por algún vericueto de la mente: el mensaje de la marca, un logo, un dibujo, un color asociado al momento de mayor felicidad de un partido de fútbol.

La realidad virtual de las redes sociales fue noticia esta semana. El gobernador Scioli acusó al macrismo de utilizar perfiles e identidades truchas para denunciar con falsas imágenes las consecuencias de la última inundación en la provincia de Buenos Aires. Scioli ofreció pruebas de cuentas apócrifas que reflejaban imágenes de inundaciones de otros países y hasta de su propia esposa en situaciones sociales de varios años atrás, con el objetivo de mostrarle lejos e insensible al padecer de la gente. Nada desgarrador, simplemente una truchada. Un intento de avivada criolla sin escrúpulos. Por otra parte, las inundaciones ya entegaban imágenes por demás elocuentes para no hacer necesaria tal maliciosa creatividad cibernética

El anonimato y la impersonalidad de las redes sociales se puede retroalimentar en cobardías y agachadas. Yo prefiero firmar lo que escribo, hacerme cargo, disentir y discutir si es necesario, pero de frente y decente. A veces leo comentarios en nuestra web, o Facebook o incluso en twiter con niveles de agresión, mentira e insulto que resultan absolutamente inconducentes. Se desacreditan solos. Se empequeñecen. Hay que estar bien parado para defender una postura y discutir posiciones encontradas y ser muy mediocre para esconderse en un perfil apócrifo.

El diario La Nación publicó un informe acerca de cuánto cobran ciberempresas por mantener 20 perfiles truchos por mes: 50.000 pesos cada 30 días. Parece caro, aunque siempre habrá quien esté bien dispuesto a pagar en el caso que la movida pueda desacreditar al rival de turno...

En todos los casos elijo quedarme con la realidad real. Estos ciber chusmas de hoy le darían vergüenza a las viejas chusmas de los conventillos de la Boca. Esas que nunca se desvivieron por las zapatillas Puma.

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