Editorial

Al gran maestro argentino, ¡salud!

'Música maestro', nos predispone a escuchar, a disfrutar del arte de quien sabe más que el que lo exclama.
domingo, 13 de septiembre de 2015 · 12:36

"Dibuje maestro" es bien futbolero. El que "dibuja" suele pintarle la cara a los rivales. No se le dice a cualquiera porque en cada equipo son menos los que están en condiciones de "dibujar".

"¡Qué maestro!", es un halago con mayúsculas. Solemos reconocerle la condición de maestros a aquellos que hacen cosas que nosotros no podríamos. Aún cuando su objetivo no sea "enseñar" será un maestro el talentoso, el que tenga un don, el que sepa cómo y cuándo resolver situaciones que desbordan a otros.

En nuestro país, "maestro" es sinónimo de Domingo Faustino Sarmiento. Tal vez la estatura de prócer y el bronce alcanzados le agreguen carácter mítico a un simple ser humano, sanjuanino, inquieto, que desde el desierto llegó a presidir el país. Ya compartí en este espacio alguna de las anécdotas más emblemáticas del hombre que marcó las coordenadas del país en el siglo XIX: el fomento de la inmigración, la libre navegación de los ríos, la nacionalización de la aduana (en manos de Buenos Aires), la libertad de prensa, la educación pública gratuita obligatoria y laica, el gobierno representativo, la religión como agente moralizador, la seguridad individual y la institucionalización de la propiedad privada. En los seis años de mandato presidencial (1868-1874), se crearon 800 escuelas (de 30.000 a casi 100.000 alumnos), se votó la ley de Educación 1420, se inauguraron las primeras Escuelas Normales formadoras de docentes (para las que "importó" maestras de los Estados Unidos), se creó el observatorio astronómico nacional, se realizó el primer censo nacional (que impulsó la llegada de 280.000 inmigrantes), se multiplicó la instalación de telégrafos, se trazó la red del ferrocarril, se crearon los servicios postales. Sarmiento había viajado por África, Europa y Estados Unidos y su obsesión era modernizar el país. Su gestión fue épica , sin embargo pocos saben que luego de ser presidente aceptó ejercer la posición política supuestamente inferior: Superintendente de Escuelas durante la presidencia de Julio A. Roca. No se trató solo de un signo de humildad, fue una prueba de su vocación por servir, fue donde lo necesitaban

También hay maestros que excenden los limites de las aulas ( donde encontramos los "maestros formales"). La vida nos hace encontrar a veces a otros maestros, que enseñan sin proponérselo, que son faro y ejemplo y no buscan el bronce ni la foto que los inmortalice sonrientes ni hermosos.

Es difícil ser maestro, tanto para los formales (los del sistema educativo) como para los "informales". Estos últimos no estudian en ningún profesorado ni universidad, ni siquiera se asumen como tales en la inmensa mayoría de las ocasiones. Sin embargo en casi todas las relaciones asimétricas siempre hay uno que espera el rol "maestro" del otro. Así se da entre padres e hijos, jefes y empleados, entre deportistas y directores técnicos, etc. Nuestros abuelos solían simplificar toda esta pretendida teoría con dos palabritas: "el ejemplo". El ejemplo enseña aún cuando las partes no se lo proponen. No se constituyen alumnos y profesores o jefes y empleados, sin embargo hay uno de los dos que está aprendiendo del otro.

Claro que también hay maestros "del mal", aunque esos no saben aún que nunca superarán su rol de alumnos.

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