Editorial

Sobre la sana envidia

A los que nos interesa la relación de los medios y el reflejo de los hechos políticos nos resulta atractivo "espiar" cómo difunden los medios internacionales la realidad de nuestro país.
domingo, 20 de septiembre de 2015 · 10:34

 A menudo nos sorprendemos de lo poco que se conoce la Argentina a la hora de publicar o, peor aún, al momento de fijar posiciones en medios extranjeros. También nos gusta "mirar" cómo eligen presentar sus noticias, cómo se disponen a ejercer la profesión periodística y cuál puede ser la influencia política o económica ante lo que se difunde (en la jerga: "lo que da o lo que no se da").

Esta semana comenzaron los debates de las internas presidenciales para las elecciones 2016 en los Estados Unidos. Allí se presentan, en cuidadas y estudiadas performances, los precandidatos y se mueven a su alrededor un sinfín de colaboradores, analistas, encuestadores, asesores de imagen, esteticistas, etc., que buscan como optimizar y maximizar las fortalezas de los candidatos y cómo eclipsar sus flaquezas y dificultades.

Resulta un "espectáculo" pensado en el espectador/votante en una sociedad que hace de la libertad y la democracia su bandera y que paralelamente no está obligada a participar mediante el voto. El cine y distintas series de consumo en nuestro país reflejan ese "submundo" que sin embargo "pasa de largo" para la gran mayoría de los ciudadanos, pero que se convierte en clave para los que eligen el servicio público. Así aparecen colores amigables, distantes y agresivos; poses dominantes, defensivas y ofensivas; ropas y peinados que comunican cercanía y humildad y otras que juegan con la pretención aspiracional de quienes están mirando.

Esta semana me detuve en una información que tuvo poca repercusión mediática y mucha política. Parece que una de las claves que explica el descenso en la intención de voto la histórica Hillary Clinton fue un hecho que cualquiera de nosotros consideraría menor: usó su mail personal cuando era secretaria de estado. Ésto estaría hundiendo su campaña al punto de obligarla a un pedido de perdón público.

Así de simple y sencillo. La esposa del ex presidente Clinton, y funcionaria del presidente Obama, está seriamente cuestionada en el ejercicio de su tarea, por haber enviado mails oficiales desde su cuenta personal y no la oficial. "Fue un error. Siento que ocurriese. Admito toda la responsabilidad. Aunque lo que hice estaba permitido debía haber usado dos cuentas, una para lo personal y otra para lo laboral", se defendió Hillary. Ante esta situación la oposición le cayó a la pobre esposa de Bill, exigiéndole la difusión de todos sus mails de los últimos tres años (los de su cuenta privada y también los de la oficial). Ella accedió solo luego de seleccionar unos estrictamente personales que no salieron a la luz pública. ¿Cuál es el eje del cuestionamiento? ¿Se trata de una exageración? ¿Es una confabulación opositora para terminar con su carrera política? Nada de eso. La respuesta es simple: los mails privados no tienen las medidas de seguridad de los oficiales y en consecuencia son posibles de ser hackeados, y por allí circuló información clasificada...

Este pequeño "descuido" puede acabar con la carrera presidencial de una dirigente histórica, que hasta hace pocos meses encabezaba la intensión de voto de su partido. No se habla de corrupción, ni de tráfico de influencias, ni de estafa, ni de malversación de fondos, ni de nepotismo, ni de connivencia, ni de empresas truchas o facturas correlativas. ¡Qué envidia!

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