Editorial

Que mal momento Don Niembraaaa !!!!

Estamos probablemente ante uno de los peores momentos históricos del periodismo argentino. Basta con definirse como periodista que el diálogo es inequívoco.
domingo, 06 de septiembre de 2015 · 10:46

- "¿y qué sos, oficialista u opositor?

- "periodista".

- "si, si, entendí pero le pregunta es: ¿estás con el gobierno o en contra del gobierno?"

A esto quedó reducida la tarea de informar y opinar. Y es mucho más que un debate dialéctico. Todos los que hacemos periodismo padecemos el pecado original, y debemos definir rápidamente si estamos a favor o en contra, porque si no serán otros los que nos encasillen. A veces resulta bastante infructuoso explicar la realidad:

- "desde esa mirada simplona (a favor o en contra) a veces me vas a encontrar a favor y otras veces en contra".

Ahí te miran con incredulidad. No solo no te entienden, no te quieren entender. Y creen que es una respuesta (y posición) que forma para del "engaño" que nos tiene a todos a favor o en contra.

Desde los manuales no escritos del periodismo, viejos tiempos en los que hacían periodismo aquellos que escribían bien, o leían mucho, o se habían formado en ciencias o artes y tenían la "facilidad" de escribir o narrar, o simplemente daban bien en cámara o tenían buena voz; periodista era el que informaba y opinaba. El mensaje debía ser tan claro, riguroso, serio y responsable que el destinatario (lector, escucha o televidente) sabia con exactitud cuando el emisor informaba y cuando opinaba. En consecuencia no eran muchos los que opinaban. La opinión estaba reservada para aquellos que "sabían de verdad", que habían "vivido", que tenían un trayectoria y/o prestigio que no necesitaba presentaciones. El que informaba ponía en juego la mejor herramienta de su trabajo : la credibilidad.

Con la revolución tecnológica aplicada a las comunicaciones todo esto cambió. El acceso a la información se masificó, se hizo "barato". Donde había un "cable coaxil" que permitía transmisiones "en vivo", hay hoy mil satélites. Aquello que era caro hoy es económico. Donde había pocos capaces de tomar la palabra para acceder a un medio de comunicación, hay hoy millones de personas que "suben información" con sus propios teléfonos celulares, y no solo a las redes sociales sino también a los propios medios que los invitan a ser "sus cronistas" ad honorem.

Aunque se profesionalizaron las carreras periodísticas y afines (productores, editores, reporteros gráficos, etc.), nadie se ocupó de "formar" nuevos televidentes, lectores, radioescuchas ni cibernautas. Cada uno hace lo que puede con lo que recibe. Y entiende que puede ser motivo de manipulaciones o engaños, pero trata de formar opinión y fijar posición en el medio de ese caos y se ampara en el "a favor o en contra" según le convenga.

La noticia siempre será noticia, y su valor se potencia, o no, en el que la recibe, nunca en el que le emite.

La verdad y la realidad también.

Un buen ejercicio sería tomar cada página impresa, escuchar a conductores y locutores radiales, mirar televisión, leer sitios web o las mismas redes sociales e intentar separar opinión de información y ambas de publicidad. Así descubriríamos menciones ociosas pero repetidas, podríamos individualizar productos y marcas que siempre están y también veríamos personajes y discursos y "noticias" que se repiten. Mientras tanto siempre habrá noticias, marcas, personajes y discursos que pasan de largo de los medios...

Recuerdo un día pegado a la radio, escuchando la previa de una final de Argentina cuando el comentarista me dedicó la formación: "para Ricardo, fana del rojo de Avellaneda que nos escucha siempre: Pumpido, Brown, Ruggieri y Cuchiffo, Giusti, Batista, Enrique, Olarticoechea y Burruchaga, Valdano y Maradona". Recuerdo que aquello no tenía precio.

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