Editorial

Gobernar es decidir y decidir es arriesgar

Algunos dicen que se terminó la luna de miel entre 'la gente' y el gobierno nacional. Otros más creativos sostienen que en realidad el problema es que llegó el resumen de la tarjeta de crédito, y que ahora empieza el inexorable desgaste de la convivencia.
domingo, 17 de julio de 2016 · 11:51


Independientemente de las anécdotas de la semana, estamos frente a un nuevo escenario que los funcionarios de todos los gobiernos (nacional, provincial y municipal) deben atender.

Por anécdotas entiendo: la frase del presidente sobre las remeras, las patas, el frío y la energía; también el frío y el pseudocansancio de Marcelo Tinelli y su posterior denuncia a los "trolls del gobierno" que lo ciberatacaron. En pocos días será una anécdota que un tal Fabián Guiñazú (jefe de la policía comunal de Pinamar) confesara "me cansé de robar", y también lo será la triste eliminación de Boca, de local, y ante un ignoto Independiente con nombre de sidra.

Lo que no creo se deba pasar por alto es que la misma "gente" que está esperanzada en mejorar, que coincide en repudiar la corrupción, a los López y a las aparentes monjas, salió a la calle a quejarse por la impericia amateur e ingenua de cambiar de la noche a la mañana el régimen de tarifas de los servicios públicos, multiplicando por 4, 5 o 35 lo que venían pagando. Hay aventureros que quieren igualar este tarifazo de hoy con la lapidaria Resolución 125 de Losteau.

Se trata de gente que muy probablemente sabe que venía pagando un valor que no refleja lo que consume, pero que no acepta que el sinceramiento tarifario sea un sincericidio colectivo.

Lo que pocos discuten es lo que yo evalúo como tema de fondo. A la hora de administrar los estados deben reconocer su misión y función para garantizarla. Y allí es donde empieza el problema. Porque el hambre 0, la vivienda universal, la salud y la educación inclusiva y de calidad, suelen ser una utopía aún para los países más ricos y desarrollados del mundo.

Hay varios grupos de preguntas. El primero podría ser: ¿cuánto? ¿Cuánto vale la energía que consumimos? ¿Cuánto cuesta cada alumno, según nivel educativo, por día, mes y año? ¿Cuánto, sostener los servicios de salud? ¿Y la infraestructura básica de agua, cloacas o tendidos eléctricos? ¿Y los miles de km de rutas y caminos? Después cabría preguntarse si es el Estado el responsable de sostener y dar respuestas a cada uno de esos temas. Y finalmente aparecen los incómodos: ¿cómo? ¿Asumiendo todo el gasto? ¿Subsidiando? ¿Cogestinando con otros? ¿Privatizando?

Las respuestas de los gobernantes a cada grupo de preguntas terminan por definir sus políticas. Entonces aparecerán los estatistas, los privatistas, los que dejan todo librado al mercado o los que intervienen el mercado.

Todos saben que el recurso económico no es infinito y que deben elegir. Y elegir es arriesgar. Arriesga el macrismo cuando se quiere alejar del populismo K, pero cierra 2500 millones de pesos para el nuevo Futbol para Todos en el peor momento institucional de la AFA. Arriesga tanto como cuando expone las prioridades de "la gente" que lo voto: "pagan más de celular o servicios de televisión por cable que de luz o gas y no dicen nada".

La situación está planteada y se presenta súper interesante. Ahora es cuando deben demostrar que no sólo son más honestos y capaces que los señalados populistas y/o corruptos, sino que también son capaces de gobernar.

Buena semana.

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