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Ricardo Varela
Editorial

No pongamos el carro delante del caballo

Es necesario adaptar nuestras leyes para darle lugar a la innovación que garantice inclusión laboral, pero sin la viveza criolla.

La reforma laboral impulsada por el gobierno nacional se empantanó en el Senado, y el objetivo del oficialismo de que saliera sí o sí antes del 31/12 está ahora en duda.

El senador Pichetto pretende el aval y compromiso de la CGT en pleno, sin fisuras, tal como sucedió con los gobernadores en el debate de las leyes fiscales. No quiere asumir los costos de votar la reforma laboral bajo la sombra de la recordada “Ley Banelco”, un costo que ningún legislador parece dispuesto a pagar. Pichetto se queja porque los sindicalistas que habían cerrado con el gobierno se fueron al Vaticano en una visita agridulce ya que no contó con la esperada recepción del Papa Francisco.

Así las cosas, la chance de que el debate pase a 2018 crece a pasos agigantados.

Independientemente de los qué y los cómo, casi todos (políticos, empresarios, trabajadores, sindicatos) están de acuerdo en que la reforma laboral es necesaria. Pasa, lo que suele pasar. A la hora de abrir la discusión unos no quieren perder derechos adquiridos ni beneficios, y otros quieren bajar al máximo posible sus costos o minimizar los riesgos empresarios (económicos y legales). Lo cierto es que la “cosa laboral” cambió. En los próximos 20 años desaparecerán entre el 70 y el 80% de los trabajos actuales. También habrá nuevos trabajos, pero todavía no está claro si esos mismos no serán sustituidos por computadoras y robots más eficientes que los humanos.

El científico alemán Udo Gollub se obsesionó por los cambios laborales en el mundo, los avances de la nueva tecnología y la transformación de los pensamientos sociales. Esos fueron los terrenos que decidió investigar desde hace dos décadas. Entre todas sus conclusiones recordó: "...En 1998, la empresa fotográfica Kodak tenía 170.000 empleados y vendía el 85% de las fotos en papel a todo el mundo. En el lapso de unos pocos años, su modelo de negocio desapareció y llegó a la quiebra. Lo que le pasó a Kodak les pasará a muchas industrias en los próximos 10 años. La mayoría de la gente de Kodak no lo vio venir, a pesar que la cámara digital había sido inventada con 1975".

Todos coincidimos, más o menos, en que el software cambiará a la mayoría de las industrias tradicionales en los próximos años. Y en esta línea ejemplos sobran. UBER es solo una herramienta de software, que no posee ni un sólo auto propio pero es la compañía de taxis más grande del mundo. AIRBNB es la compañía de hoteles más grande del planeta a pesar de no tener ni una sola propiedad. La misma investigación de Gollub sugiere a los que estudian derecho que piensen en dejarlo o que sepan que deberán dedicarse a otra cosa. “Habrá 90% menos abogados en el futuro y solo los especialistas que formulen las leyes son los que quedarán ocupados. En 2030 las computadoras serán más inteligentes que los humanos”. El científico advirtió que alrededor de 2020 la industria automovilística comenzaría a tener serios problemas. “Se podrá llamar al auto con un teléfono inteligente y el mismo aparecerá a la puerta donde esté la persona y lo llevará a su destino guiado por GPS. Podrá trabajar mientras viaja, no tendrá que estacionarlo y solo pagará por la distancia recorrida". Esta situación cambiará varios negocios y estadísticas. En el mundo mueren 1,2 millones de personas cada año por accidentes de auto. Ahora tenemos un accidente cada 100.000 kilómetros, con los autos autónomos eso cambiará a 1 accidente en 10 millones de kilómetros, con lo cuál se salvarán un millón de vidas al año y desaparecerán las compañías de seguro.

El último ejemplo de Gollub está relacionado a la salud. "Habrá compañías que construirán un artefacto médico (el llamado Tricorder de Star Trek) que trabaja con el teléfono inteligente, y puede hacer un escaneo de la retina, extraer sangre o realizar un análisis a partir del aliento respiratorio. Entonces se analizarán 54 marcadores biológicos que identificarán casi cualquier enfermedad, sea dónde sea que esté el paciente y absolutamente gratis”.

Lo que parece ciencia ficción no lo es. Ni siquiera es futuro. 2020 es pasado mañana y adaptar nuestras leyes para darle lugar a la innovación que garantice inclusión laboral, se hace necesario. Claro que nuestra viveza criolla a veces nos traiciona y termina poniendo el carro delante del caballo, y así no avanzamos, ni avanzaremos.

Buena semana.

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