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Ricardo Varela

EL AÑO 3000 NOS ENCONTRARÁ UNIDOS O ENREDADOS

La opción no es redes sí o redes no. Ni demonizar a Facebook, Twiter o Instagram. La opción es usarlas y ser usados por ellas.

EL AÑO 3000 NOS ENCONTRARÁ UNIDOS O ENREDADOS

Esta semana sucedió lo que gran parte del mundo de la comunicación esperaba. Mark Zuckerberg escuchó en el Capitolio cientas de preguntas de diputados y senadores estadounidenses acerca de la privacidad en la red y el papel de Facebook sobre el destino de la información personal de sus usuarios.

En un intento por controlar el daño, el fundador de Facebook hizo mea culpa y empezó su declaración (que se extendería por dos días) reconociendo el error en su sistema de seguridad. “Pido perdón”, se atajó. Durante esos dos días repitió ambas palabras juntas en 14 oportunidades. Sin embargo, los legisladores que tenían muchas dudas que aclarar se enfocaron en intentar dilucidar cómo la plataforma podría haber definido votos y condicionado las elecciones presidenciales, no sólo la que consagró a Trump sino también las dos anteriores a Barack Obama.

Ninguna pregunta pareció sorprenderlo más que la del senador Dick Durbin: "¿Te sentirías cómodo compartiendo con nosotros el nombre del hotel en el que te hospedaste anoche?", le preguntó. Zuckerberg hizo un pausa de ocho segundos, sonrió entre dientes, hizo una mueca y no contestó: "Um, uh, no...". El clima se enrareció y el senador volvió a la carga: "...si te has enviado mensajes con alguien esta semana ¿compartirías con nosotros el nombre de tus interlocutores?". La cara del fundador de Facebook se asemejó a la del ex ministro Hernán Lorenzino que luego de 23 segundos de agonía ante la Tv griega soltó un inolvidable: “Me quiero ir”.

Zuckerberg también se quería ir pero se bancó estoico más de cinco horas por día de interrogatorio. Antes de volver a sonreír debió soportar una nueva jugada del senador Durbin que aunque ya había ganado la batalla gestual y semiótica, remató impiadoso:  "...creo que de eso trata todo esto, de tu derecho a la privacidad, los límites de tu derecho a la privacidad, y cuánto das en los Estados Unidos en nombre de conectar a personas de todo el mundo". Durbin tiene 40 años más que Zuckerberg, vendría a ser como un bisabuelo de los nativos digitales. Sin embargo demostró saber a la perfección de qué van los algoritmos, o cómo funcionan los motores de búsqueda orientados y cómo se viralizan las fake news (noticias falsas).

Después de 10 intensas horas de interpelación en las que el fundador de Facebook confirmó que él mismo se encontraba entre los 87 millones de personas cuya información personal se compartió indebidamente con una consultora política, desde Wall Street le llegaban buenas nuevas. Tras el duro impacto inicial las acciones de Facebook cerraban con un alza de más de 5 puntos. La presentación del CEO había logrado recuperar más de 3.000 millones de dólares.

Independientemente del dinero, de las manipulaciones, de los pillos que venden espejitos de colores modelo SXXI y de las mentiras de la posverdad, elijo recuperar al viejo senador de Illinois: se trata de la privacidad. ¿Cuándo decidimos perderla? ¿Cuándo rompimos el mano a mano por el contacto virtual? ¿Cuándo empezamos a saber de los otros sólo a través de lo que ellos mismos eligen mostrar?¿Por qué nos alegramos con sumar amigos virtuales sin encontrarnos en un abrazo terrenal?

La opción no es redes sí o redes no. Ni demonizar a Facebook, Twiter o Instagram. La opción es usarlas y ser usados por ellas.

Buena semana.

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