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Ricardo Varela
Editorial

LAS VIEJAS GLORIAS DEL CLUB

El regreso es siempre una tentación, pero las estadísticas dicen que son más los que fracasan que los que se consagran nuevamente.

El Presidente de la Nación es afecto a trazar analogías futbolísticas. Lo hace todo el tiempo. “Esto es como el partido del domingo. Cuando faltan 20 minutos todavía se puede dar vuelta”, arengó una mañana Mauricio Macri a su tropa en el Centro Cultural Kirchner. Fue aquel día en el que también ofreció una frase que por estos días recobra vigencia: “Marcos, Mario y Gustavo son mis ojos y mi inteligencia. Ellos son yo”.

Peña, Quintana y Lopetegui. Que también podrían ser los delanteros de un equipo de la B metro, pero no. Hasta hace apenas una semana era el triunvirato que regía los destinos de nuestro país.

Sin “Mario” ni “Gustavo”, ¿habrá perdido el presidente el 66% de su visión e inteligencia?

Aquella frase se dio en un contexto bien distinto al actual. Marcos Peña había echado a Prat Gay del gabinete porque “quiere tener vuelo político propio”. El pobre Alfonso tenía entonces un par de hitos: logró despejar las demandas de los “fondos buitres” e instrumentó la salida del corralito. Ambas medidas se festejaban tanto en la city como en la clase media dolarizada y dolarizante.

Para garantizar que nadie se volviera a “equivocar” como Alfonso, Marcos dividió el Ministerio de Economía en dos. Y para reafirmar aún más el mensaje se cargó a Carlos Melconian, que presidía el Banco de la Nación Argentina. La bajada de Peña era clara: gradualismo y revolución de la alegría (expresada en globos de colores). Todo, bajo la batuta de “el mejor equipo de los últimos 50 años” (MM dixit nuevamente en frecuencia fútbol).

Ese equipo ya había perdido un par de jugadores importantes y otros con menos brillo como Daniel Chain. Los jugadores que se van sin gloria no añoran el regreso, ni aún cuando están de vuelta de las ligas menores de Europa o México. El regreso es siempre una tentación, pero las estadísticas dicen que son más los que fracasan que los que se consagran nuevamente.

Melconian dejaba el Banco Nación en un hecho pocas veces visto, rodeado de los empleados que aplaudían y/o lloraban su partida (información chequeable). Y por lo bajo deslizaba las primeras críticas: “Se está dejando tentar por la concentración de poder y el discurso único que tanto le criticaban a Cristina” (hablaba del presidente).

Para aleccionar a “los que quieran tener vuelo propio”, Peña hizo que Prat Gay viajara a Bariloche el mediodía del 26 de diciembre de 2016 y estuviera apenas dos horas y media en la región. Llegó en un avión privado desde Buenos Aires y luego se dirigió a la residencia donde descansaba el presidente Mauricio Macri en Villa La Angostura. Besó su anillo, caminaron en el jardín para la foto y se volvió en el mismo avión. Mientras Alfonso volaba, Marcos declaraba en conferencia de prensa: “El presidente Macri ha dispuesto un cambio en el equipo de gobierno. En función de los desafíos que tenemos para el año próximo se ha definido dividir el Ministerio en dos: el Ministerio de Hacienda que estará a cargo de Nicolás Dujovne y el Ministerio de Finanzas, a cargo de Luis Caputo”. Fin del comunicado.

Recuperar esta parte de la historia (muy reciente) tiene una explicación.

Hace exactamente una semana el Presidente Macri, agobiado por la situación económica que vive el país,  intentó infructuosamente que Prat Gay y Melconian volvieran al gabinete (ahora en versión austeridad). Por distintos motivos, los dos dijeron “no”.

Hay algunas decisiones que alteran derroteros. Aquellas de 2016 de un Peña fuerte (¿y soberbio?), y con sus ojos e inteligencia divididos y potenciados con Lopetegui y Quintana, hoy son un golpe a la razón. El gabinete light de septiembre 2018 ya no tiene a ninguno de sus mosqueteros, pero tampoco a dos ex glorias del club a quienes quisieron repatriar sin éxito.

Parece que el partido se puso “chivo” y ya saben: no es lo mismo entrar cuando faltan 20 minutos y el equipo gana, gusta y golea.

Buena semana.  

 

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