Columnista |

Sobre palmadas y cachetazos

No aprendemos más los argentinos. Más que la palmada de Bergoglio, merecemos el cachetazo de Batman. Parece que el Papa de Roma además de intentar la reforma más importante de la historia de la Iglesia católica, se hace un tiempito para definir quién gana y pierde las elecciones en la Argentina, y apoya a Marcelo Tinelli en su epopeya por volver a Boedo.

Una inusual situación se vivió el martes último cuando el Papa Francisco le pegó una palmada (¿o dos?) en la mano a una feligresa que lo había tiroteado bruscamente hacia ella, mientras le intentaba dar “un mensaje”. Como cada una de las acciones del Santo Padre, el hecho tuvo gran repercusión en medios de comunicación de todo el mundo, que sin embargo eligieron tratarlo de formas muy distintas.

No era un día más, porque la situación se dio cuando el Papa saludaba a los fieles en su visita a la plaza de San Pedro tras oficiar la última misa del año.

La mujer, de rasgos asiáticos, se encontraba junto al resto de fieles tras las barreras de seguridad de la Plaza. Cuando el Papa pasó a su lado, ella se apuró para agarrarlo del brazo con sus dos manos, retenerlo y tironearlo hacia sí misma para tratar de hacerle un comentario. Si bien estaba rodeado de personal de seguridad y protagonizando una situación habitual en sus recorridas por la Plaza (saludando a la gente), el Papa no esperaba lo que vendría porque casi pierde el equilibrio (por el tirón) y, aunque trató de soltarse, terminó visiblemente irritado tras golpear con la palma de su mano derecha (de 83 años) la mano de quien lo sujetaba (para que lo soltara).

Las imágenes dieron la vuelta al mundo, y mientras estallaron en forma inmediata los internautas en Twitter, los medios de comunicación empezaron a hacer sus interesadas lecturas. Mientras El País de España titulaba en su web: “Francisco reprendió a una feligresa en la Plaza San Pedro”, el diario La Nación (de la Argentina) ponía: “El Papa le pegó a una mujer”. Mientras El Mercurio de México describía: “Incidente entre el Sumo Pontífice y creyente en San Pedro”, el portal local de Infobae titulaba: “El Papa agredió a una mujer que quería saludarlo”.

El mundo mira a Francisco de un modo y nosotros los argentinos (casualmente su país) de otro. Como consecuencia, lo de siempre. Allá donde la grieta argentina ve una posibilidad, clava el cuchillo hasta encontrar sangre.

Sean producto de trolls o de usuarios genuinos, empezaron a aparecer miles de posteos en las redes sociales que denotaban violencia hacia “Bergoglio”, sumando el hashtag #RenunciáFrancisco, que lo convirtieron en tendencia en Twitter (trending topic) a nivel nacional. Del otro lado, también por ser trolls, o de fieles creyentes o simplemente por apoyar al Papa argentino, instalaron otro hashtag #FranciscoDeTodos (que no tuvo la misma suerte que el anterior).

Como consecuencia de nuestro (ya insoportable) desencuentro social, la difusión de aquel episodio de la Plaza San Pedro quedó superada por “otra noticia”: “Miles de argentinos piden la renuncia del Papa Francisco en las redes sociales”, tituló Il Stampa romano (entre la sorpresa y el sensacionalismo).

Así de simple, parece que el Papa de Roma (argentino natural, porteño e hincha fanático de San Lorenzo de Almagro) además de intentar llevar a cabo la reforma más importante de la historia de la Iglesia católica en más de 2000 años, se hace un tiempito para definir quién gana y pierde las elecciones en la Argentina, supervisa la implementación del nuevo plan económico del gobierno, sigue la cotización de todas las variables del dólar actuales y apoya a Marcelo Tinelli en su epopeya por volver a Boedo.

No aprendemos más los argentinos. Más que la palmada de Bergoglio, merecemos el cachetazo de Batman.

Buena semana.

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