Editorial

THE CRACK (Desde la Argentina, con amor. Hagan lo que puedan...)

El Brexit no es en ningún caso un voto anti liberal, ni anti mercado: es una manifestación de xenofobia. Lo cierto es que no ganó el pueblo ni la soberanía, y sí los fascistas, los filonazis y los autoritarios que promueven las fronteras como barreras. “¡Esto es Inglaterra! ¡Los extranjeros afuera!”, celebraron el viernes por la tarde en las islas británicas.
domingo, 2 de febrero de 2020 · 08:00

La nacional y popular grieta criolla (en versión for export) encarnizó el pasado viernes 31 de enero de 2020 en Gran Bretaña, al separarse formalmente de la Unión Europea luego de más de tres años de inmortalizar una palabrita aciaga: “brexit”.

Agricultores, desempleados, jubilados, almaceneros, obreros y artesanos componen un ejército que, desde hace años, llena las urnas inglesas con votos de extrema derecha (junto a otros partidos que se oponen a la europeización). Los “rebeldes” son mayores, de clase media y baja, están desconectados de la cultura global, sueñan con el retorno de un imperio perdido (el que navegaba en galeras colonizando tierras en los cinco continentes). Mientras tanto, sueñan con la restauración de la supremacía blanca luego que el mundo árabe y oriental copara las calles londinenses. ¿Todo suena demasiado peligroso no? Tan peligroso como real. 

En el otro lado de la grieta inglesa los adeptos a la Unión Europea son jóvenes urbanos, hiperconectados, trabajan en las redes, están comprometidos en la multiculturalidad de las sociedades modernas y eligen sus interlocutores más allá del pago chico, se entienden (y definen) como ciudadanos del mundo. Para los primeros, el presente y el futuro son una amenaza; para los segundos, una oportunidad.

En la poderosa Londres, el 75% del electorado votó a favor de la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, pero no pudo evitar una ruptura que atraviesa hoy a buena parte de los otros países de “Europa”. En Bruselas conviven el Parlamento Europeo, el Eurogrupo, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, sin embargo los extranjeros son poco menos que enviados del diablo. La sensación de que la europeización y la inmigración han provocado una pérdida de derechos, de bienestar y soberanía se mezcla con el sentimiento potente de que, además, la identidad se ha diluido en el proyecto europeo.

El populistas de extrema derecha construyó su narrativa a partir de esas emociones (y triunfó). El Brexit no es en ningún caso un voto anti liberal (ni anti mercado): es una manifestación de xenofobia que los mismos protagonistas se encargan de confirmar.

Cuando se conocieron los resultados del referéndum, Nigel Farage (líder del Partido Por la Independencia del Reino Unido) apeló a una mezcla de nacionalismo simplista y un discurso contra “los invasores extranjeros”, sosteniendo que había sido victoria de “la gente real, la gente normal y la gente decente”.

La historia dice que Gran Bretaña fue una isla “imperio” por sus propios méritos, y aunque muchos celebren el Brexit como una victoria del pueblo contra las élites y el ultraliberalismo, lo cierto es que no ganó el pueblo ni la soberanía, y sí los fascistas y los filonazis, los xenófobos y los autoritarios que promueven las fronteras como barreras. Ganaron el muro de Donald Trump y los disparates de la francesa Marine Le Pen.

Paradógicamente dentro de la UE, no había país más soberano que el Reino Unido, que no estaba dentro de la zona euro (mantenía la libra y el control sobre su presupuesto). Gran Bretaña se sacará de encima toda la burocracia continental pero, al mismo tiempo, perderá el acceso al mercado europeo, que constituía el principal destino de sus exportaciones.

Paradójicamente Inglaterra votó contra una Europa a la que considera demasiado liberal en materia de inmigración y restrictiva en el campo económico y social.

El concepto social de la “frontera” protege a los más pobres. Los privilegiados no necesitan del Estado para construir fronteras ni tener mejores índices de seguridad, porque viven en los buenos barrios, sus hijos van a los mejores colegios y su posición social los pone a resguardo de todos los desordenes de la globalización.

En febrero 2020 filosofía del “exit” llegó también a Francia donde ya se habla de un Frexit.

“¡Esto es Inglaterra! ¡Los extranjeros afuera!”, celebraron el viernes por la tarde en las islas británicas. No hay que engañarse con lecturas morales ni ideológicas: estamos ante el resultado de unos contra otros en una primera (peligrosa) experiencia concreta del rechazo colectivo a la inmigración. Se trata de un populismo de derecha, xenófobo, radical y violento.

El tiempo dirá si este Brexit desencadenará otras extremas derechas europeas y que estemos ante el comienzo de un nuevo auge imparable. La aventura inglesa tiene costos humanos, políticos y financieros enormes. Se metieron solitos en la bolsa de gatos de una crisis política y económica tan gratuita como inédita. “Take back control”, clamaban los fanáticos del Brexit, pero les salió todo al revés. Abrieron un dique descontrolado dandole a la democracia más vieja del mundo un arma que ahora no sabe manejar.

Buena semana.

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