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La sabana corta

Se trata de tomar dimensión, de darnos cuenta que no hay secretos ni vacuna para inmunizarnos de un virus que atenta contra la vida de los nuestros. Éste es el momento de redoblar el esfuerzo de entender que depende de cada uno de nosotros, sólo así sólo así lograremos terminar con esta pesadilla.

Alrededor de la mesa el aire se cortaba con una Gillette.

Convocada por el funcionario convivían grandes empresarios, algún comerciante pequeño y micro emprendedores. Todos esperaban ansiosos esperando su entrada al salón, munidos con una lista de reclamos para hacerle.

La reunión que había sido convocada para encontrar una respuesta a la crisis que provoca la cuarentena en el sector industrial y comercial, y estaba apunto de comenzar. El funcionario llegó y saludó uno a uno a los presentes, mirándolos a los ojos y referenciando cuál era su emprendimiento o empresa y compartiendo anécdotas y recordando conocidos comunes.

Nadie quería romper el hielo del silencio hasta que uno se ánimo. “Mira Juan, no podemos seguir así nos estamos muriendo de hambre, hace tres meses que tengo el local cerrado tuve que tirar un montón de mercadería y ya me estoy comiendo todos los ahorros”. El discurso del diseño del maxi kiosco animó al resto, que con más o menos precisiones reflejaban la misma situación. Los empresarios se quejaban de no poder pagar los sueldos. Los locales de galerías comerciales decían que no tenía sentido abrirla porque no entraba nadie. Los dueños de los locales gastronómicos, que ya están acostumbrados y tienen (de hecho) armado un circuito de delivery para entrega a domicilio fueron los más benévolo con el funcionario, sin embargo también se quejaron porque refieren a que desde que la gente está guardada en cuarentena uno de los planes familiares es cocinar y “eso implica también menos consumo para la comida pedida por teléfono”, afirmaban.

El funcionario esperó paciente y anotaba, en un pequeño cuaderno, caso a caso cada particularidad que los distintos rubros y realidades podían describir. En algunos casos la desesperación y la necesidad ganaban el clima. Sin embargo reinaba el respeto.

A su tiempo, el funcionario describió la evolución de esta situación “inédita que nos toca vivir a todos”, hizo un pormenorizado análisis de cómo se enfrentó la pandemia en al menos 10 países del mundo y describió cuál había sido el resultado en cada uno de ellos (con números y estadísticas). “Se trata de un virus desconocido por lo cual no hay una única manera de enfrentarlo hasta que se logre universalizar la vacuna. La opción que tomó nuestro país de anticipar la cuarentena nos permitió ganar mucho tiempo para equiparnos y poder ejecutar los resultados más exitosos de las experiencias internacionales. Hoy triplicamos nuestra capacidad de atención médica, e incorporamos profilaxis como y si sabemos la universalización del uso de el tapaboca y la incorporación de en un concepto desconocido para todos como el de la distancia social. En paralelo impulsamos operativos de control preventivo, de desinfección de lugares públicos, de seguimiento de familiares de enfermos e incorporamos médicos, enfermeros camilleros, anestesistas, kinesiologos, psicólogos y trabajadores sociales. Todo con un solo objetivo: atender lo mejor posible las consecuencias de la pandemia”.

Mientras el funcionario hablaba los otros escuchaban con atención. Hasta que llegó el momento de ponerle números a la realidad cercana y de describir con precisión cuales eran los alcances de esa cobertura médica triplicada que tenía para atender a los potenciales enfermos de COVID-19. Ahí murieron las palabras.

Fue entonces cuando el funcionario les pidió a cada uno que se pusieran en su lugar y que le propusieran una decisión distinta a la que se estaba tomando. “Yo tengo que cuidar de sus familias y tengo que garantizar que cuando alguno de ellos llegue al hospital municipal sea atendido, porque si no esta reunión que estamos teniendo ahora para ver cómo hacemos para salvar la economía la tendremos que hacer para llorar una pérdida de vida humana”.

De repente los que primero se quejaban se proyectaron en la misma sala habiendo perdido un familiar querido y reclamándole al funcionario que no habían alcanzado las camas, ni los respirador, ni los nuevos médicos y enfermeros contratados.

De eso se trata este momento (y este relato de ficción). De tomar dimensión, de darnos cuenta que no hay secretos ni vacuna para inmunizarnos de un virus que atenta contra la vida de los nuestros. Éste es el momento de redoblar el esfuerzo de entender que depende de cada uno de nosotros, sólo así sólo así lograremos terminar con esta pesadilla.

Buena semana

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