Columnista | Viviana Canosa | Alejandro Borensztein | dióxido de cloro

¿La drag queen era Viviana?

Estamos en una pandemia que ya se llevó la vida de 720.000 personas en el mundo. Mientras llega la vacuna; un poco de cuidado, prudencia, responsabilidad y solidaridad nos vendría muy bien.

En la semana que se acordó con los acreedores y se evitó entrar en default; anunciaron la vuelta a los entrenamientos de los equipos argentinos que juegan la Copa Libertadores después de 4 meses de parate; las imágenes de la explosión en el puerto de Beirut recorrieron el mundo; los contagios y muertes por COVID-19 crecen inexorablemente; son noticia los primeros graduados universitarios en cuarentena vía zoom; un grupo de jóvenes que viola la distancia social y la obligatoriedad del uso de barbijo colmando los bares frente al cementerio de la Recoleta, acusa de “buchón” a otro jóven (periodista) que los filmó; y la grieta vuelve a instalarse fuertemente en los medios a la hora de analizar la reforma judicial..., voy a escribir de Canosa. Sí, de Viviana Canosa.

Próxima a cumplir 50 años y luego haber recorrido distintas redacciones, radios y canales del televisión desde aquel 1996 cuando empezó como movilera de TyC Sports, Canosa resolvió competir con su (¿ex?) pareja (Alejandro Borensztein) y se estaría yendo al pasto.

“Me pareció un poco fuerte y me sentí muy incómoda, cuando me desperté al otro día me temblaban las piernas. Yo vivo con mi papá y con mi hija y la verdad que no se lo quería decir, mi papá se enteró después por la tele", sostuvo Canosa para intentar explicar sus sensaciones luego de recibir un mensaje (que consideró intimidatorio) del Presidente de la Nación en su celular.

"Me pareció intimidatorio, porque mi teléfono no es público. Él me dijo: ‘Te lo digo porque te quiero mucho, se te va a volver en contra lo que estás diciendo’. Sin aclarar de qué se trataba el tema de fondo y como si fueran dos personalidades públicas que podrían estar en un pie de igualdad siguió: “...a la noche, le escribí varios mensajes al Presidente y los borré todos. Pero después le puse uno en el que le dije que cuando quiera nos tomamos un café, voy a seguir diciendo lo que pienso y lo que siento. Pero es un momento intenso. Y, a la vez, esto me dio fuerza para seguir siendo más intensa".

Esa fortaleza le permitió abrir el siguiente programa con una especie de editorial en el que sin afirmarlo dejó entrever que el presidente le había mandado WhatsApps antes, durante y después del programa hacía varias semanas, y que por ello se sentía intimidada y amenazada en su libertad profesional. Pasó de intercambiar chat con el Presidente y de proponerle un café, a sembrar (en vivo) sospechas que elige no profundizar... . En fin.

Alejandro Borensztein tiene una columna semanal en el diario Clarín, donde hace gala (más allá de la grieta) de un finísimo estilo que mezcla información, ironía y humor en partes casi iguales. Eso convierte sus textos en los más leídos de la edición del diario Clarín. Alejandro es uno de los hijos del recordado Tato Bores, al que le sobraba talento y coraje para, en la misma línea discursiva que hoy sigue su hijo, cuestionar a los militares en tiempos del mismísimo gobierno de facto.

Alejandro es heredero natural de Tato, pero el tiempo de pareja compartido con Viviana no alcanzó para “hacer ósmosis” y eso parece haberla confundido (mucho).

Emulando el semana a semana de sus artículos en Clarín y con la difusión que le permite la pantalla de canal 9, Viviana siguió embistiendo contra el entorno presidencial cuando tuiteó una foto de un granadero de la Casa Rosada con una drag queen, dando a entender que se trataba del hijo de Alberto Fernández. El revuelo tuitero y sus consecuencias en otros medios duró algunas horas hasta que se supo que se trataba de un foto que tenía más de 10 años...

Esta semana venía floja de rating y Viviana, cuestionando el DNU que impide las reuniones sociales, decidió “hacer lo que hace el Presidente”. En el aire y sin barbijos abrazó uno por uno a los columnistas de su programa. Sin embargo la movida “abrazo transgresor” no alcanzó, y entonces al día siguiente fue por más.

“Por favor, dejen de prohibir tanto porque ya no alcanzo a desobedecer todo”. Entonces tomó una botella de plástico que según dijo después contenía dióxido de cloro: “Vamos a despedirnos. Voy a tomar un poquito de mi CDS. Oxigena la sangre, viene divino”. Y antes del saludo final, aclaró: “Yo no recomiendo. Les muestro lo que hago”. Luego miró a cámara, guiñó el ojo y levantó su pulgar, dando por concluida una nueva emisión de su ciclo periodístico.

Como consecuencia de su “no consejo” la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) emitió un comunicado en el que recomienda: “Debido a la circulación de información en redes sociales y medios digitales relacionados a la utilización de dióxido de cloro para el tratamiento de COVID-19 u otras enfermedades, se recuerda que el producto mencionado no cuenta con estudios que demuestren su eficacia y no posee autorización alguna por parte de este organismo para su comercialización y uso”.

También se destacó que la “ingesta de dióxido de cloro y el clorito de sodio reaccionan rápidamente en los tejidos humanos y pueden causar irritación en el esófago y estómago, dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea e intoxicaciones severas, y otras complicaciones que pueden incluir graves trastornos hematológicos, cardiovasculares y renales”.

Todos los que hacemos de nuestro trabajo un servicio de comunicación o información destinado al público tenemos una responsabilidad ineludible. Habrá opiniones distintas, intereses distintos, posiciones éticas distintas pero estamos en una pandemia que ya se llevó la vida de 720.000 personas en el mundo.

Mientras llega la vacuna; un poco de cuidado, prudencia, responsabilidad y solidaridad nos vendría muy bien.

Buena semana.

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