Columnista | vacunas | COVID | Vacunación

Mañana será mejor. Inexorablemente mejor

En el medio de ésta ola que nos agobia parece utópico pensar en ese futuro, pero llegará. Solo nos queda esperar que avance la campaña de vacunación y seguir cuidándonos con algo tan simple como doloroso a esta altura: barbijo y distancia, sin reunionismo social ni mega espectáculos. Por Ricardo Varela.

Las noticias de la semana en distintas latitudes del mundo parecen alentadoras.

En Gran Bretaña el miércoles último sucedió algo inédito: no hubo ningún muerto por COVID en todo el día, situación que se dio cada uno de los días (con distintos número de pérdidas) desde junio 2020.

Por su parte Italia abre formalmente la temporada de verano liberando el uso de barbijos en los espacios públicos abiertos. Situación que imitaría España desde el próximo 30 de junio. En La Florida (EEUU) también se dio por terminado el estado de alerta y las imágenes de la nueva normalidad se parece mucho a la vieja normalidad.

La respuesta es una: vacunas.

En la historia de la humanidad hubieron distintas pandemias. La más mortífera fue la viruela, que provocó 300 millones de muertos, dejó secuelas en los enfermos y fue erradicada hace tan solo 40 años. La segunda fue el sarampión, que provocó 200 millones de muertos. La tercera, la peste bubónica, estuvo activa hasta 1959 y provocó la muerte de más de 12 millones de personas. El cólera (que registró grandes pandemias en los siglos XIX y XX) también supera los tres millones de muertos. El siglo XX comenzó con la gripe llamada "española", que mató en solo 7 meses (de septiembre de 1918 a abril 1919) a 50 millones de personas. Entre 1957 y 1958, la gripe asiática (H2N2) que apareció en China causó más de 1millón de muertos. Otro millón provocó la llamada gripe de Hong Kong (H3N2), que dio la vuelta al mundo entre 1968 y 1970 y que entró en la historia como la primera pandemia de la era moderna (la que se propagó por los transportes aéreos). El siglo pasado concluyó con la que se considera la quinta pandemia mundial más importante, el SIDA, que a partir de 1981 mató a más de 32 millones de personas.

Nuestro siglo XXI tampoco estuvo exento de grandes epidemias, desde el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SRAS), hasta el actual Covid 19, pasando por la gripe aviar, la gripe A, el ébola y el dengue.

¿Qué tiene de particular este tiempo? El impresionante avance científico que permitió en sólo 10 meses generar el antídoto para prevenir las muertes. Hoy somos todos especialistas sobre el poder protectivo de las Pfizer, las Moderna, las Sputnik, las Sinopharm y todas las demás. De repente los laboratorios internacionales alcanzaron un tratamiento público pero por sobre todo privado, inédito en la historia. ¿Alguno de nosotros sabe de qué laboratorio salió la Sabin que recibieron nuestros hijos? ¿Y la BCG, tuberculosis, hepatitis B, neumococo, triple viral / doble viral, varicela, cuádruple o quíntuple pentavalente, VPH (Virus del Papiloma Humano), doble bacteriana o fiebre amarilla? Ni idea, ¿no? Todas son parte del calendario obligatorio y también previenen muertes...

Con el desarrollo de las distintas vacunas para frenar el COVID estaríamos frente al inicio del fin de la pandemia. Los científicos están de acuerdo: “somos la primera generación de humanos que ha sido capaz de inventar, en tiempo real, una respuesta. Eso nunca había ocurrido en la historia”.

Ahora queda la difícil tarea de producir cientos de millones de dosis y distribuirlas en todos los países del mundo.

¿Hay vida después de la pandemia? ¿Cómo se recompone el tejido social? ¿Cómo se reactivan las economías y los procesos productivos? ¿Cómo se miden las secuelas psíquicas que nos dejarán el encierro y la distancia?

Nicholas Christakis, investigador de la Universidad de Yale, sostiene que después de cada pandemia siempre hubo un período de liberación final. “Típicamente en períodos de pandemia la gente se vuelve más religiosa, ahorra dinero, le toma aversión al riesgo, tiene menos interacciones sociales y se queda más en casa. Dejas de ver a tus amigos. Pero en la pospandemia todo eso dará marcha atrás, como pasó en los locos años 20 del siglo pasado. La gente buscará inexorablemente más interacción social, irá a clubes nocturnos, restaurantes, manifestaciones políticas, eventos deportivos, recitales. Estoy convencido que en un par de años la religiosidad disminuirá, habrá una mayor tolerancia al riesgo y la gente gastará el dinero que no pudo gastar. Después de la pandemia puede venir una época de desenfreno sexual y derroche económico”.

En el medio de ésta ola que nos agobia parece utópico pensar en ese futuro, pero llegará. Solo nos queda esperar que avance la campaña de vacunación y seguir cuidándonos con algo tan simple como doloroso a esta altura: barbijo y distancia, sin reunionismo social ni mega espectáculos. Falta poco. Honremos a los que se quedaron en el camino cuidándonos entre todos.

Buena semana.

Dejá tu comentario