LITERATURA

El fútbol es puro cuento

Entrevistamos a Víctor Belchior, vecino de El Rocío y autor de “Historias de Boca en Boca”, un libro de cuentos de ficción con ídolos de Boca como protagonista, editado por la revista Solo Boca y a beneficio de la fundación S.O.S. Infantil.
jueves, 10 de septiembre de 2015 · 13:05

"Para mi Riquelme es lo más lindo que he visto jugar en una cancha de fútbol, inclusive superior a Maradona, que era un jugador más completo, mejor en todo, pero Román lo superaba en esa cadencia, esa inteligencia para ver la jugada veinte segundos antes que cualquier otro. Entre Román y Baryshnikov hay una diferencia de profesión, pero el mismo talento.” Con ese sentido poético entiende el fútbol Víctor Belchior, autor de "El fútbol es puro cuento” y "Historias de Boca en boca”, colecciones de relatos cortos con el fútbol como denominador común. Hotelero de profesión y vecino de El Rocío, el autor nos cuenta su mirada sobre la literatura, el fútbol en general y el fútbol intercountry de Canning.

¿Cómo fue que empezaste a escribir de fútbol?

"Cuando empecé a escribir cuentos, empecé a escribir de fútbol.  En ese momento, tenían más que ver con el barrio, con el potrero, con esa cosa más de infancia. Edité el primer libro de fútbol, que se llamó "El fútbol es puro cuento”, de cual tuve la suerte de que me lo prologara Horacio Pagani. Yo a él no lo conocía, le mandé una copia del libro a su redacción en el diario Clarín, y a mitad del mundial del 2010 me llevo la gratísima sorpresa de recibir una carta que decía "Desde Pretoria, Horacio Pagani….”, con un prólogo muy lindo y muy halagador. A mi siempre me dio mucho pudor mezclar algo que me gusta tanto como es escribir, con la plata; así que aunque ese libro se vendió muy bien, todos los beneficios fueron para el club de mi barrio, el Club Social y Deportivo Ituzaingo, de Temperley.”

"Yo soy, por supuesto, hincha de Boca, y ya en ese primer libro había algunos cuentos sobre un ídolo de Boca. Así que decidí ir por esa veta, y escribir todos cuentos en los que el protagonista sea un ídolo de Boca. Eso no quita que el mensaje que yo quiero dar va más allá de Boca y más allá del fútbol. Me parece que es sobre todo un buen vehículo: leer un cuento sobre Riquelme o sobre Tévez a un chico lo atrapa, provoca que muchos chicos o personas grandes inclusive que no son lectores, se acerquen a la lectura a través de algo tan sensible como es su equipo o su ídolo”.

Todos tus cuentos en tu último libro tienen a un jugador como protagonista. ¿Cómo es escribir ficción sobre alguien de la vida real?

Pasa algo muy particular, que es que con para cada historia existe un relato paralelo, que empieza cuando el protagonista lee el cuento. Hay gente muy exitosa, que ha sido premiada de distintas maneras, pero a pocas les han escrito un cuento. Y sobre todo los ex jugadores encuentran un reconocimiento o descubren un sentimiento que quizás no sabían que existía. Tengo una historia particular con Darío Felman, que le mandé el cuento a Valencia y al otro día me llamó por teléfono muy conmovido. El cuento se llama "El Sueño de Lorenzo”; Lorenzo es un viejito que me cuenta toda historia oculta acerca de Felman. Y lo que lo movilizaba a Darío era saber si eso había sido verdad o no, si el viejo Lorenzo realmente me había dicho eso que dice el cuento sobre él. Fue surrealista a tal punto que yo a los pocos días estaba viajando a Europa y pactamos un encuentro con Felman. El me estaba esperando en el aerpouerto de Valencia, y cuando llego le digo que me deje buscar un hotel y después conversábamos. Y no me dejó, insistió en que me quedara en su casa. Entonces me pasé tres días en la casa de él; y cuando me pongo a pensar, yo era un punto más rompiéndome la garganta en la Bombonera. Ese es el poder de escribir. Esas cosas no se consiguen con plata, ni con contactos.

Si bien tus cuentos son sobre jugadores de Boca, la literatura y el fútbol son temas que cuando se cruzaron, han tenido en general muy buenos resultados y muchísima llegada. ¿Por qué pensas que a los argentinos nos llega ese tipo de relatos, más allá de la camiseta de cada uno?

Lo que pasa es que para mí, en una cancha de fútbol se juega mucho más que un partido de fútbol. En una cancha de fútbol se ven los osados, los valientes, los responsables, los trabajadores. El lugar que uno ocupa en una cancha de fútbol es el lugar que uno ocupa en la vida. Y a los argentinos, el destino ha hecho que nos toque como deporte nacional, como una fuerza que nos moviliza tanto, porque vemos en un partido de fútbol nuestra propia historia, nuestras frustraciones, nuestras ganas, nuestras alegrías y tristezas. Entonces creo que cuando escribimos sobre eso podemos tocarle el corazón, dar golpes bajos, y llevarlo a emociones que están muy a flor de piel.

Es esa cosa casi irracional que tiene uno. A mi me pasaría igual, que no podría escribir un cuento del Beto Alonso, porque ya la sola idea me repele. Pero me parece que eso puede pasar solamente con el rival directo; yo no siento rechazo por ningún otro club. Los ídolos de esos equipos también son ídolos míos. Siempre lo reconocí a Bochini como un monstruo irrepetible, y más cerca en el tiempo, he ido muchas veces a la cancha de Independiente exclusivamente a verlo jugar al Kun Agüero, que es un jugador que siempre me pareció deslumbrante. Hay para el jugador una vara que una vez que se supera, deja de pertenecer al club y nos pertenece a todos. Román me ha dado enormes alegrías más por la belleza de su juego que por el resultado. Hay jugadores que superan lo deportivo y pasan a un plano artístico; para mí entre Riquelme y Baryshnikov hay una distinta profesión pero igual talento.

Ya nos dijiste que no soles jugar al fútbol, ¿soles mirar los partidos de El Rocío? ¿Cómo ves al fútbol intercountry de Canning?

Yo no juego, pero los muchachos de El Rocío son todos vecinos míos, algunos buenos amigos, y siempre que puedo me quedo a ver los partidos. Pero a veces me pasa que no me puedo identificar mucho con el fútbol de los countries. Sucede algo particular, que a mí no me gusta mucho, y que veo que a veces algunos de los que juegan tienen una especie de autosuficiencia de creer que siempre me la tenés que dar a mí. Y se pierde a veces un poco la esencia del fútbol que es el trabajo, la humildad, el compañerismo. Lo veo a veces demasiado agresivo, demasiado individualista. Prefiero agarrar el auto e irme por La Colorada y parar a ver algún torneo de los que se hacen entre los barrios, o ir a ver a Los Andes a ver a Juan Olivares, que es amigo de mi hija. Y si está jugando la tercera de Los Andes, me quedo a verlo. Me gusta ese chico que quiere llegar a través de su esfuerzo, o que juega porque le gusta jugar, sin motivos ulteriores. A veces en los countries hay demasiada necesidad de ganar, demasiado egocentrismo.

Hace poco Riquelme dijo que le gustaría volver a jugar en Boca, pero no podría porque la diez la tiene Carlos Tévez. ¿De quién es la diez de Boca?

La diez que ahora tiene Tévez, también la tuvo Román, la tuvo Rojitas y la tuvo Maradona. Creo que tuvo épocas más relucientes que otras, pero Boca está siempre por arriba de los jugadores. Soy un enamorado de Román, lo fui a ver los últimos tiempos con la sensación de que era como una abuelita que se estaba por morir y la querías ver siempre una vez más. Y podíamos perder o ganar, pero yo iba a verlo a Riquelme, quería siempre verlo jugar una vez más. De cualquier manera, me parece fantástico que se haya retirado, que se haya ido en la gloria, y ahora la posta la agarró Carlitos, que me parece que está muy bien. Es un jugador de la misma estirpe, con el mismo ADN. Es de esos jugadores que notás que no sólo es jugador, sino también es hincha.

Comentarios

Otras Noticias