San Vicente

Cristina Kirchner habló sobre D´Alessio en su libro Sinceramente: los detalles

Definió al falso abogado como un “oscuro personaje” y mencionó sus supuestos vínculos con el gobierno actual.
jueves, 02 de mayo de 2019 · 10:18

Apenas una mención al intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, cuando recuerda que fue candidato a diputado nacional en 2013, y otro recuento del tiroteo entre policías por un caso narco que se dio en Avellaneda hace un mes atrás. Esas son todas las apariciones que tiene la zona sur del conurbano en “Sinceramente”, el libro que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner publicó la semana pasada y que fue analizado por El Diario Sur.

El único personaje de la región que despunta y que se gana varias páginas del flamante suceso editorial es el falso abogado de Canning Marcelo D´Alessio, hoy preso, acusado de integrar una banda de espionaje ilegal que se dedicaba a apretar a víctimas y pedir plata para interceder ante la Justicia.

D´Alessio aparece en el capítulo en el que Cristina hace un recuento de las causas judiciales en su contra y en las que asegura ser víctima de una persecución política. Dentro del apartado “Claudio Bonadio, el sicario”, comenta el caso de espionaje ilegal que apareció por las grabaciones a D´Alessio apretando a un empresario para que no quede involucrado en la “causa de los cuadernos”.

Describe al falso abogado como un “oscuro personaje” que había sido “presentado hasta ese momento por Clarín, La Nación, Canal 13, TN y América —entre otros—como un abogado experto en seguridad y narcotráfico”.

“Dijo ser un informante de la DEA y un hombre influyente en la Embajada de los Estados Unidos. Mostró su cercanía con el presidente Macri y con la ministra de Seguridad Patricia Bullrich. Afirmó haber recibido de esa cartera ministerial la suma de 200.000 pesos mensuales para defender a Leonardo Fariña”, agregó la ex Presidenta.

También mencionó el caso del ex funcionario Pablo Darreiro, que también habría sido víctima de las extorsiones de D´Alessio. “Pablo Darreiro, un ex colaborador mío cuyo padre estaba detenido a la orden de Stornelli y Bonadio, quede detenido en la ‘causa de las fotocopias de los cuaderno’. A los pocos días se conocieron más casos del mismo tipo. Todos con la misma metodología. Todos con los mismos personajes. Todos con las mismas extorsiones. Todo se corroboraba”, puntualizó CFK.

A continuación, el pasaje completo de “Sinceramente” sobre el caso D´Alessio

Lejos estábamos de suponer el escándalo que iba a estallar más a delante y que reveló un verdadero modus operadi de no pocos sectores judiciales en la República Argentina. El 8 de febrero de 2019 en el portal El Cohete a la Luna y más tarde en Página 12, se conocieron las primeras grabaciones de audio, fotografías, filmaciones y capturas de chats que daban cuenta del modo en que el fiscal de la causa, Carlos Stornelli, presionaba a empresarios e imputados a través de un curioso tándem: por un lado, alguien llamado Marcelo D’Alessio, presentado hasta ese momento por Clarín, La Nación, Canal 13, TN y América —entre otros—como un abogado experto en seguridad y narcotráfico; y por otro, Daniel Santoro, el “periodista estrella” en materia de “investigaciones contra la corrupción” del diario Clarín. En las pruebas difundidas, D´Alessio aparecía reclamando el pago de trescientos mil dólares a un empresario a cambio de que Stornelli no pidiera su detención en la causa de las “fotocopias de los cuadernos”. D’Alessio, un oscuro personaje, comentó muy suelto de cuerpo (sin saber que estaba siendo grabado) los casos en que otros empresarios abonaron cuantiosas sumas de dinero para no quedar detenidos en esa misma causa. Demostraba que una de las patas mediáticas de esta organización era el “periodista” Daniel Santoro, quien garantizaba el escrache o no en un medio como Clarín —el diario de mayor circulación de habla hispana después de El País de España—de los extorsionados por Stornelli. Para ello, exhibía videos de Santoro entrevistando a “arrepentidos” que luego efectivamente aparecían publicados en Clarín. Dijo ser un informante de la DEA y un hombre influyente en la Embajada de los Estados Unidos. Mostró su cercanía con el presidente Macri y con la ministra de Seguridad Patricia Bullrich. Afirmó haber recibido de esa cartera ministerial la suma de 200.000 pesos mensuales para defender a Leonardo Fariña, aquel siniestro personaje mediático que después de saltar a la fama como marido de una modelo, acabó convertido casi en “padre de la Patria” por la acción de los grupos mediáticos opositores a nuestro gobierno al haber afirmado y denunciado barrabasadas contra mi persona y el gobierno que conduje. “Se robaron un PBI”, llegó a decir. Esa frase, con toda desvergüenza, terminó convertida en letras de molde y titular de la tapa de Clarín. Pero lo más brutal de todo lo que dijo D’Alessio fue que, en representación del fiscal Stornelli, reclamó dinero a cambio de garantizar la libertad de un presunto acusado que habría sido mencionado por otro “arrepentido”. Conocimos los textos que por whatsapp cruzó con el fiscal. Se escuchó su voz grabada durante más de veinte horas repitiendo la extorsión. Se lo filmó reclamando el dinero y exigiendo rapidez a quienes debían entregarlo. Se lo fotografió y filmó junto al fiscal Stornelli en el mismo instante en que negociaba el monto de la coima con quien debía abonarla. Fotos, capturas de pantalla, videos y grabaciones que daban cuenta de un mecanismo montado para aliviar el pesar de los perseguidos judicialmente a cambio de importantes sumas de dinero. Ahora está más que claro que la figura del “arrepentido” es utilizada no sólo para operaciones de estigmatización y destrucción política de era lo que veníamos denunciando, sino que además funciona como instrumento de extorsión económica para recaudar dinero coimeando. Más claro, el agua... Son ellos los verdaderos coimeadores y proyectan en la causa sus propios delitos.

Ante la evidencia, los medios oficialistas intentaron vanamente separar al fiscal Stornelli de la maniobra. Fue entonces como D’Alessio pasó de ser el “experto en temas de seguridad y narcotráfico” que deambulaba en esos medios y que colmaba con textos las páginas de los diarios y el espacio de los portales a convertirse, de la noche a la mañana, en un vulgar “vendedor de influencias”. La diputada Carrió, devenida en denunciante crónica y cómplice del ajuste más brutal que se recuerde durante las últimas décadas, se animó a afirmar que quienes hoy están presos a disposición de Stornelli organizaron desde la cárcel una “operación” contra él y lo denunció recurriendo a escuchas ilegalmente obtenidas. Ante la magnitud e importancia de las pruebas acumuladas contra Stornelli, hicieron un enorme e inútil esfuerzo por desligarlo del dinero que D’Alessio reclamaba en su nombre en una clarísima maniobra extorsiva. No sirvió de nada. Tan sólo unos días después de que estos graves hechos tomaran estado público y pese al blindaje mediático dispuesto por el gobierno, otro caso de similares características asomó a la luz. Otra vez D’Alessio vendiendo su influencia para evitar que Pablo Darreiro, un ex colaborador mío cuyo padre estaba detenido a la orden de Stornelli y Bonadio, quede detenido en la “causa de las fotocopias de los cuadernos”. A los pocos días se conocieron más casos del mismo tipo. Todos con la misma metodología. Todos con los mismos personajes. Todos con las mismas extorsiones. Todo se corroboraba. Me pregunto qué hubiera hecho Stornelli si hubiera tenido que investigarse a sí mismo por las extorsiones que le imputan y con la cantidad de pruebas acopiadas. No tengo dudas que si hubiera actuado como lo hizo en la “causa de las fotocopias de los cuadernos”, seguramente ya habría reclamado su propio procesamiento e inmediata detención.

 

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