TENDENCIA QUE PREOCUPA

Siguen las renuncias de presidentes

Durante el segundo semestre del año varios presidentes dejaron su función molestos por incomprensiones y falta de acompañamiento cuando uno más lo necesita. A los casos de El Lauquen, Saint Thomas Sur y El Ombú, podría sumarse Echeverria del Lago. Los casos de El Venado y El Sosiego.
miércoles, 24 de diciembre de 2014 · 10:03
En los últimos meses, se acentuó la renuncia o no renovación de sus mandatos de vecinos que presidian los consejos de administración de sus barrios por largos periodos, acusando el cansancio que produce la gestión en épocas de crisis económica y social. 
Existen razones que pueden llegar a entorpecer el trabajo de aquel que opta por hacerse responsable e ir en busca del cambio dentro del barrio. Más allá del esfuerzo, al final termina convirtiéndose en una actividad desgastante y repleta de exigencias.  

Durante los últimos cuatro meses, varios representantes de los barrios privados dejaron su cargo tras recibir cuestionamientos de distinta índole que derivaron en acaloradas disputas. Aunque, en algunas oportunidades, el alejamiento ocurre en congruencia con la caducidad del mandato.  Tal es el caso de Alfredo Ferrini de Saint Thomas Sur en un principio presentó licencia por problemas familiares y de salud.  
Sin embargo, Iván Kiczij de El Ombú y Máximo Cáceres de El Lauquén presentaron su renuncia. En el caso de Cáceres, la dimisión se produjo dentro de un marco de acaloradas discusiones en asambleas que en algún punto rozaron el escándalo. Al cierre de esta edición, Jorge Javkin de Echeverría del Lago decidía sobre su continuidad después de cinco años de ejercer el cargo, cansado de los reclamos constantes de sus vecinos. En los countries comunitarios, durante 2013 en Venado I se produjeron acaloradas discusiones con respecto a los gastos de mantenimiento de actividades y su reflejo en la expensa, imponiéndose el presidente Chama. En el mismo sentido, Diego Leis, presidente de El Sosiego, enfrenta los mismos embates por lo cual no pudo aprobar el balance en la asamblea, postergada ahora por 90 dias. 

Ocupar el sillón presidencial en un country no es una tarea fácil. Independientemente de la dimensión que abarque la dirigencia del mismo, atraviesa diferentes factores que -de no ser eludidos- pondrán en juego la continuidad armónica de cualquier gestión. 
Influidos por la "cultura presidencial” que caracteriza al país y en consecuencia de la misma, los involucrados estarán condicionados bajo este pensamiento a la hora de actuar; Es decir, quien preside en cualquiera de los casos a un grupo mayoritario de individuos será el encargado del manejo y buen funcionamiento del mismo. Sin embargo, las falencias recaerán pura y exclusivamente de manera drástica sobre él, apuntándolo como el único responsable.  
Estas características pueden ser consideradas de manera directa en lo que respecta a las presidencias de los barrios privados donde el cargo presidencial tiene en cuenta diferentes factores que pueden ser vitales de cara a la culminación del mismo. 
No es fácil erigirse como la máxima autoridad de un barrio dónde la comunidad funciona como un mini laboratorio: puede percibirse en un universo mucho más acotado las acciones cotidianas de la política nacional como la chicana de la gente, la burla, el comentario y el hacer las cosas por conveniencia personal. 
La mejor manera de conformar una Comisión Directiva es seleccionar gente que tenga ganas de "donar” parte de su tiempo de descanso al bien comunitario,  no sólo idónea. Además, es trascendental que persiga los mismos objetivos. Las tareas ad honorem demandan tiempo y su consecuencia directa es el descuido de las actividades personales, la empresa e incluso la familia. Muchas veces, atentan contra la salud y el honor: valores que, en definitiva, son lo más importante que tiene cada individuo. 
"La mayoría renuncia por cansancio, por desgaste.  Lamentablemente nadie se hace cargo de tomar una comisión y las quejas recaen sobre el consejo. Entonces te llaman a tu casa porque no tienen luz o no tienen agua, pero nadie viene y te dice ‘te doy una mano’. Ese es el grave problema que tenemos todos, acá se corta la luz por un problema con Edesur y la gente piensa que uno no hace nada”, expresó Jorge Javkin –al cierre de esta edición, Presidente de Campos de Echeverría-. 
Conscientes del contexto que rodea la actividad, algunas personas eligen cambiar la realidad y hacerse cargo de la misma al asumir un lugar protagónico. Con esfuerzo y dedicación intentan desarrollar actividades que, si bien saben no serán rentadas, traerán consigo el reconocimiento de los vecinos o la satisfacción personal de crear modificaciones favorables en el lugar que habitan. 
En la vereda de enfrente esperan quienes eligen la crítica sin argumentos sólidos. Protestan desde su casa para resaltar las falencias sin tener en cuenta las fallas que cada uno puede cometer como vecino. "Si te quedas en tu casa a protestar no sirve de nada”, remarcó en contraposición el Vicepresidente de Venado I, Benjamín Mizrahi.

Como en toda comunidad, existen reglas de convivencia que deben respetarse para el normal funcionamiento de las relaciones interpersonales. El exceso de velocidad, la falta de limpieza o el alto volumen de la música en determinados horarios suelen ser los motivos más comunes de quejas que serán comunicados al Presidente sin importar la relación directa que él tenga con el motivo.
Lidiar diariamente con los reclamos de vecinos insatisfechos con la gestión, las quejas persistentes y la falta de interés por involucrarse son algunos de los factores que terminan por agotar la ilusión con la que un Presidente añoraba ocupar ese lugar. Existe la idea de incentivar una renovación constante en la Comisión Directiva para que sus integrantes  no ocupen cargos por más de dos años teniendo en cuenta el desgaste que genera el día a día. Las pruebas están a la vista: es complejo manejar un pequeño municipio donde existen funciones determinantes. 
A veces, los pedidos del countrista exceden el alcance de la comisión para solucionarlos: "La gente también influye, porque a veces pide más cosas de las que uno puede hacer o se confunden los roles de que quien está a cargo de un club es empleado o trabaja para los demás y lo hace por los demás, esa es la diferencia”, agregó Iván Kiczij, ex Presidente de El Ombú.
 Como también hay cuestionamientos que no deberían ser tales por la confusión que comparte el común denominador del barrio donde entienden que el Presidente trabaja para uno, cuando en realidad efectúa su labor en pos del bienestar comunitario. 
En la sociedad countrista existe una gran minoría integrada por aquellos que delegan las responsabilidades en el Presidente electo porque consideran que debe resolver a través de una gestión personalista los problemas que acontecen durante su mandato. En el mismo ámbito conviven personas que abandonan el conformismo y decidan involucrarse, transformándose en un respaldo muy importante. 
En otro orden aparecen aquellos que eluden las responsabilidades que van más allá de las individuales. Priorizan el aspecto individual para tomar parte del poder. No optan por el camino que requiere de un mayor esfuerzo, eligen el atajo: niegan y defenestran las tareas que realiza quien consideran "la oposición”. El punto clave es aprovechar la falta de persistencia que reina en quienes ensucian al ser comprometido que trabaja con un propósito común. 
Por el simple hecho de cumplir funciones que afectan de manera directa a todo un barrio, el mínimo resarcimiento que el mandatario aguarda es simbólico: respeto y compromiso por parte del resto. Algo tan simple que, de un tiempo a esta parte, parece haberse vuelto complicado porque las actitudes y formas de manejarse suelen ser el mero reflejo de la situación que atraviesa el país, donde los problemas golpean las finanzas de las familias y estas son las encargadas de trasladarlos a los directivos vecinales de las urbanizaciones.

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